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Autosuficiencia maicera en México sin transgénicos ni monopolios

II PARTE

*Víctor Suárez Carrera

La pregunta que surge es: ¿el derecho a la salud y a un medio ambiente sano pueden estar por debajo de los intereses mercantiles de los monopolios transgénicos?

  1. Caída de la rentabilidad agrícola.- Es conocida la crisis de la rentabilidad por la que atraviesa la agricultura de granos básicos en México, incluyendo al sector más avanzado: la agricultura maicera de Sinaloa. En este último caso, la caída de los precios internacionales del maíz, y los elevados costos de las semillas, fertilizantes químicos, herbicidas y energéticos así como de la renta de la tierra, contribuyen a la caída tendencial de la rentabilidad. Por ello no requieren semillas más caras en manos de monopolios como las transgénicas (ver gráfica 4) que además suponen la aplicación del “paquete” tradicional: más fertilizantes químicos, más herbicidas, más energéticos, más subsidios públicos, más agua. Sinaloa no requiere maíz transgénico; además de contribuir aún más a la caída de la rentabilidad, esa semilla propiciaría la comoditización de su cosecha de maíz blanco (maíz blanco no transgénico igual a maíz amarillo transgénico) y le cerraría las perspectivas de exportación a China y a otros mercados para consumo humano. Lo que requiere Sinaloa y toda la agricultura en México es otro modelo tecnológico que incremente rendimientos y disminuya costos a la vez que preserve los recursos naturales y el medio ambiente.
  2. Profundización de la dependencia alimentaria.- El país no puede ni debe seguir la política de dependencia alimentaria impulsada por los gobiernos mexicanos y el Trabado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Representa un grave riesgo para la soberanía nacional, la seguridad alimentaria y nutricional de la población, la creación de empleos rurales y para la lucha contra la violencia. En las tres décadas recientes se ha profundizado la dependencia de alimentos, insumos, maquinaria y equipo y tecnología. Se ha abandonado el campo desde 1982 a la fecha, en particular el fomento productivo para el mercado interno y la investigación pública en materia agroalimentaria. El Programa Sectorial de la SAGARPA 2013-2018 establece metas obligatorias para la disminución de la dependencia alimentaria y el equilibrio de la balanza comercial agroalimentaria. Autorizar la siembra comercial de maíz transgénico representaría profundizar irreversiblemente nuestra dependencia no sólo del exterior sino de monopolios en el insumo más fundamental de la agricultura: las semillas. Quien controla las semillas, controla todo el sistema agroalimentario de un país. Lo que requerimos, en cambio, es una política de Estado para la autonomía alimentaria, por medio del fomento productivo integral, que incluya la protección -in/ex situ-, el mejoramiento genético mendeliano de las semillas nativas e híbridos y el rescate y relanzamiento de la investigación pública.
  3. Mayor subordinación a monopolios.- La industria semillera mundial está altamente concentrada. De acuerdo con Silvia Ribeiro, diez empresas controlan el 75.3% del mercado internacional; tan sólo tres, Monsanto, DuPont y Syngenta, controlan el 53%. En México, estas tres y DowAgroSciences dominan el mercado. Este hecho implica la imposición de precios de monopolio a los productores mexicanos, su encadenamiento a una agricultura de insumos (agrotóxicos, fertilizantes químicos, combustibles fósiles, agua, subsidios públicos, etcétera) y la profundización de la dependencia alimentaria del país. Si este hecho es grave e inaceptable, lo es aún más el caso de la concentración de las patentes, producción y venta de semillas transgénicas. De acuerdo con el multicitado estudio sobre los cultivos transgénicos en Estados Unidos (Fernández-Cornejo, J.; op cit), Monsanto concentra el 63.8% de las autorizaciones de semillas transgénicas (ver gráfica 5). Recientemente, la agencia Reuters informó que Monsanto está en negociaciones para adquirir a su rival suiza Syngenta por un monto de alrededor de 45 mil millones de dólares (Reuters; 10/06/15). De concretarse este hecho, Monsanto alcanzaría el 70% de las patentes mundiales de transgénicos y conformaría el mega monopolio mundial de semillas (convencionales y transgénicas) y agrotóxicos.

¿A quién se le podría ocurrir poner en manos de Monsanto la agricultura y la seguridad alimentaria y nutricional de México?

Modelo alternativo para la autosuficiencia maicera

Como se constata en los apartados anteriores, a todas luces es absolutamente desaconsejable, contraproducente y política, ética y legalmente improcedente que México se doblegue frente a los mitos e intereses de los monopolios transgénicos. Lo es más cuando nuestro país dispone de alternativos viables y no riesgosas para alcanzar la autosuficiencia alimentaria –y maicera- sin transgénicos ni monopolios. A continuación se proponen los siguientes componentes de dichas alternativas.

  1. Política de Estado de largo plazo.- La autosuficiencia maicera no depende de una semilla milagrosa, sino de la existencia de una política integral de Estado de largo plazo para dicho fin, que potencialice la capacidad productiva de todas las unidades de producción (UP) maicera, principalmente de pequeño y mediano tamaño, así como la extraordinaria capacidad latente de las instituciones científicas mexicanas. Hasta ahora, se tiene una política gubernamental que promueve la dependencia tecnológica y alimentaria, y que concentra el esfuerzo productivo en no más del 10% de las UP, principalmente en Sinaloa, Chihuahua, Tamaulipas. Se requiere ahora dejar de considerar “pobres” al 85% de las UP y cambiar hacia una inversión productiva de largo plazo en el resto de las UP y entidades federativas, alineando las acciones y los instrumentos del Estado para que los sectores productivos se orienten y potencialicen hacia la autosuficiencia maicera. Lo anterior implica un reordenamiento de la administración pública y de su intervención, misma que hoy es fragmentada, dispersa, contradictoria, cortoplacista, clientelar y burocrática. Se requiere un plan de gran visión (25 años), un plan sexenal y programas trianuales y anuales. Es indispensable la coordinación institucional, el alineamiento de incentivos y promover un sistema y una cultura de corresponsabilidad gobierno-productores. Los componentes centrales de la política de Estado serían: I) Inversión pública estratégica productiva; II) Organización local de productores; III) programa integral de incentivos productivos; IV) Crédito a tasas no mayores a 5% anual y acceso simplificado; V) Sistema de precios remunerativos al productor y de certidumbre en la comercialización; VI) Sistema integral de administración de riesgos, y VII) Inversión pública para la investigación, transferencia de tecnología y asistencia técnica de campo. Al respecto, existe una propuesta muy fundamentada denominada Iniciativa Valor al Campesino: vida, nutrición y riqueza para México (www.valoralcampesino.org; #ValorAlCampesino).
  2. Factibilidad de alcanzar el potencial productivo maicero.- Antonio Turrent y Tim Wise, entre otros autores, han demostrado que México tiene todas las condiciones para alcanzar la autosuficiencia maicera. Dispone de un enorme potencial por alcanzar, iniciando con el insustituible y único acervo de semillas nativas y variedades mejoradas no transgénicas. Estas semillas tienen un potencial productivo intrínseco diverso, que va desde 10 hasta 35 toneladas por hectárea. Este potencial de semillas es, por supuesto, susceptible de mejorarse continuamente y de favorecer su adaptación y resiliencia frente a la diversidad de condiciones agroecológicas y de las crecientes anomalías climáticas. Lo anterior, en comparación con el rendimiento promedio actual de 3 ton/ha. Por otra parte, de acuerdo con la obra antes citada, nuestro país cuenta con 8 millones de hectáreas de cultivo de maíz, con 1.5 millones de riego, 1.5 millones de buen temporal, 3.5 millones de temporal de mediana calidad, y 1.5 millones de hectáreas de calidad marginal. El 85% de las UP tiene 5 hectáreas o menos, lo que ha llevado erróneamente a considerar en los 30 años recientes que carecen de potencial productivo y, por tanto, no se les ha apoyado más que con subsidios asistencialistas. De acuerdo con el más reciente censo agropecuario (INEGI; 2007), no más del 10% de las UP tienen crédito, seguro, asistencia técnica y organización. Por tanto, con una nueva política de Estado para el fomento integral e incluyente de la producción sustentable del maíz, más de 6 millones de hectáreas y 2 millones de productores y sus familias se incorporarían al desarrollo productivo activo, que implica impulsar otro modelo tecnológico (ver punto siguiente), y un aumento en la producción nacional en el mediano plazo (4-6 años), al pasar de 24 a 48 millones de toneladas anuales. Si a este hecho agregamos la puesta en marcha de un programa de inversiones públicas para la rehabilitación y tecnificación de 2 millones de hectáreas de riego existentes así como para la construcción de nueva infraestructura en el sur-sureste del país (Plan Agrohidraúlico del Sureste), se podría incorporar un millón de hectáreas al riego con dos ciclos anuales y alcanzar una producción de 25 millones de toneladas adicionales. Es decir, en el largo plazo (10-15 años), nuestro país podría estar produciendo entre 40 y 50 millones de toneladas y alcanzar su potencial productivo en forma sostenible, sin transgénicos ni monopolios.
  3. Modelo alternativo de productividad sustentable.- Alcanzar el potenciar productivo del maíz –y del sector en su conjunto- exige transitar del obsoleto modelo de agricultura de insumos a un modelo de agricultura campesina de conocimientos integrados (ACCI). Este modelo ha sido desarrollado y puesto en práctica por la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC) y numerosas organizaciones de productores de granos básicos, caña de azúcar, café, hortalizas y frutales en diversos estados de la república. El modelo ACCI y su método de manejo integral de cultivos inducidos (MICI) sustituye a los insumos por los conocimientos integrales (sabiduría campesina más conocimientos científicos y tecnológicos de punta) como el factor determinante de la productividad sustentable y resiliente de los cultivos. El modelo ACCI-MICI permite incrementar significativamente en el corto plazo los rendimientos, disminuir los costos de producción, aumentar la rentabilidad y la resiliencia de los cultivos, conservar la biodiversidad y mejorar el patrimonio suelo. Los componentes claves de este modelo alternativo, entre otros, son: I) productores como sujetos productivos; II) organización de productores como sujeto colectivo en toda la cadena de valor; III) cultivo y equilibrio del ecosistema suelo; IV) integración de conocimientos en el proceso productivo; V) formación continua de campesino a campesino, de campesino a científico y de científico a campesino; VII) producción local de semillas y bioinsumos –humus, lixiviados, microorganismos, extractos vegetales, harinas de roca, etcétera; v) análisis continuo de suelo-agua-tejidos –físico-químico-microbiológico-; VII) estaciones meteorológicas locales, y VIII) inducción de resistencia y desarrollo vegetal, entre otros.

Los resultados del modelo ACCI-MICI han sido constatados recientemente por el ex titular de la SAGARPA, Lic. Enrique Martínez y Martínez, así como por diversos funcionarios de la Secretaría a su cargo, incluidos algunos investigadores y directivos del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP). También los directivos de la Financiera Nacional para el Desarrollo Agropecuario, Forestal y Pesquero y de Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), Juan Carlos Cortés y Rafael Gamboa respectivamente, han hecho lo propio. Cada vez más productores se incorporan al modelo ACCI-MICI. Es preciso elevarlo a política pública. Mas información al respecto puede ser consultada en: “Nueva revolución tecnológica con campesinos y sin transgénicos” (La Jornada del Campo No. 65; 16/02/13).

En suma, como se ha demostrado, podemos alcanzar la autosuficiencia maicera en México sin transgénicos ni monopolios. Los productores organizados de la ANEC y las organizaciones de la sociedad civil han hecho su parte. Es preciso ahora que el Estado mexicano haga la suya y asuma su responsabilidad histórica.

* Director Ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo, A.C., integrante de la Campaña Sin maíz no hay país y de la colectividad que interpuso un recurso de acción colectiva contra la siembra comercial de maíz transgénico.

Fernández-Cornejo, J.; Wechsler, S.; Livingston, M.; y Mitchell, L.: Genetically Engineered Crops in the United States; ERS/USDA; 2014).

  Heinemann, J.A. et al; International Journal of Agricultural Sustainability (2013): Sustainability and innovation in staple crop production in the US Midwest, International J. of Agric. Sustainability, DOI:10.1080/14735903.2013.806408.

  Turrent, Antonio; “¿Autosuficiencia con maíz transgénico?”; La Jornada; 12/05/15.

  INTL FCStone, con datos de USDA (2015).

  SIAP-Sagarpa (2015).

Schubert, David; carta al Lic. Enrique Peña Nieto, Presidente de la República, al Lic. Enrique Martínez y Martínez, ex titular de la Sagarpa, y al Ing. Juan José Guerra Abud, ex titular de la Semarnat.; Mineo. www.semillasdevida.org y http://ecoosfera.com/2015/02/david-schubet-eminencia-contra-los-transgenicos-dirige-carta-a-epn-contra-el-maiz-geneticamente-modificado/en:

  Ribeiro, Silvia; “Asalto corporativo a las semillas”; 24/05/2014; ETC Group.

Turrent Fernández, A., Wise A., T. y Garvey, E.; Achieving Mexico´s Maize Potential; Global Development and Environment Institute; Working Paper no. 12-03; INIFAP/Tufts University; octubre de 2012. Versión en español: Factibilidad de alcanzar el potencial productivo de maíz en México; Woodrow Wilson International Center for Scholars; Reporte 24; octubre de 2012.

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