Ciudad de México a 22 de  enero de 2016 .- “Anoche bajé una fruta, la más preciosa, la más jugosa que pude oler; quisiera morderte un poco, pero me asusta tu sabrosura y mi mal comer. Que te voy a morder, que te voy a morder, que te voy a morder si me gustas tanto, no sé qué hacer, si te quiero comer, si te quiero comer, si te quiero comer, yo estoy mal comido y tú estás tan…”.

Así refiere uno de los fragmentos del segmento cantado de “El Malcomido”, la pieza compuesta por Eduardo Ángel Aguilar Vásquez, de la Facultad de Música (FaM) e integrante del Sistema de Becas para Estudiantes Indígenas (SBEI) del Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural y la Interculturalidad (PUIC) de esta casa de estudios, con la que obtuvo uno de los tres premios del primer Concurso de Composición Arturo Márquez para Orquesta de Cámara.

“Es una pieza divertida, la hice a partir de un verso que se me ocurrió; tiene una parte donde pongo a los músicos de la orquesta a cantar, fue raro para ellos porque no están acostumbrados. A mí no me importaba que estuvieran afinados, lo que buscaba era que se identificaran con el verso y tener un poco de diversión. La pieza dura 12 minutos, lleva solos de clarinete, trombón y cuerdas, también tiene partes lentas, un poco nostálgicas”, relató Eduardo.

“Fue una sorpresa ser ganador del concurso –convocado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM)– porque no había escrito una obra orquestal. La hice relativamente rápido, en unas dos semanas, y fue exclusiva para el concurso, directo a la partitura; probé algo en el piano, bosquejos, canté algunas cosas, acudí con instrumentistas y la cosí paso a paso”, compartió.

Oaxaca en Coyoacán

A 500 kilómetros de la ciudad de México se hallan los orígenes y la esencia de Eduardo, en Ocotlán de Morelos, Oaxaca. “Su pueblo”, como lo refiere, entra en comunión y sincretismo con Coyoacán, sede de la FaM, y el entorno se vuelve familiar entre pregones, mercados y el bullicio tradicional.

“Son muy parecidos, así que de repente no se nota tanto la diferencia, por eso a lo mejor mi música se volvió un poco más ruidosa, pero me gusta. Toda la vida estuve en mi pueblo, vine a la ciudad hace casi cinco años, al ingresar a la escuela; la música que escuchaba allá es distinta a lo que tuve entrando a la facultad.

“No conocía nada de la clásica, sólo referencias de la radio; estoy más habituado a los instrumentos de aliento, las bandas, que son aparatos de metal, trombón, trompetas, tuba, clarinetes, saxofones, no tanto las cuerdas. Llegué a la UNAM sin saber piano ni solfeo; mi familia sabe y toca música, pero carece de una instrucción formal”, apuntó.

Siempre hubo algo soliloquial que delató el oficio de compositor en Eduardo. Quizá una duplicidad en su identidad, un “ángel”. Aunque es ejecutante de piano y guitarra, la composición es su proyección.

No preciso en qué momento, pero sí recuerdo que de pequeño escuchaba música en mi cabeza que podía generar y manipular. Quizá eran melodías que traía en la memoria, de las bandas de mi pueblo, y culturalmente me identificaba con ellas; pero también pudieron ser simples ruidos, un espectro sonoro escondido por ahí. En la escuela supe que debía direccionar los “ruidos”, y que hay métodos para sacar esa música y escribirla, explicó.

Certamen

Integrado por los compositores Arturo Márquez, Javier Álvarez, Gerardo Tamez y Leonardo Coral, el jurado premió las piezas “El Malcomido”, de Eduardo Ángel Aguilar Vásquez; “Son de Mar”, de Edgar Adán Ramírez Mota; y el concierto para arpa “Ángel Mestizo”, de Juan Pablo Contreras Palomar.

Con este concurso, en cuya primera edición participaron 41 piezas, se busca reconocer la trayectoria artística del sonorense Arturo Márquez, “uno de los compositores mexicanos con mayor solidez y proyección nacional e internacional, cuya obra valora y enaltece las formas y estilos musicales tradicionales y populares”.

Además, apoyar a jóvenes compositores (menores de 40 años) de música mexicana de concierto e incentivar la conjunción que históricamente ha existido entre las músicas de concierto, la popular y la tradicional

Las composiciones ganadoras fueron estrenadas en una ceremonia de premiación por la Orquesta del Festival Artístico de Otoño. (Crónica de Oaxaca)