• Con estas acciones se consolida la población de esas aves en la región, señaló Patricia Escalante, del Instituto de Biología de la UNAM

Tras abrir las ventanas del aviario, las enormes guacamayas rojas salieron poco a poco, tímidas; exploraron el entorno y se guiaron por las aves liberadas anteriormente, que permanecen en la Reserva de la Biósfera Los Tuxtlas, en Veracruz, porque es su hogar.

Se trata del sexto grupo de Ara macao cyanoptera, que el pasado 18 de agosto fue liberado desde el centro operativo del proyecto de reintroducción, ubicado en la Reserva Ecológica Nanciyaga.

El equipo, que labora bajo la dirección del Instituto de Biología de la UNAM, y que es coordinado por Patricia Escalante, soltó 13 guacamayas, y otras 13 fueron trasladadas a la Reserva Ejidal Benito Juárez para hacer una liberación suave y reforzar ese sitio, que se abrió el año pasado.

Así, biólogos y veterinarios egresados de esta casa de estudios (facultades de Ciencias y de Medicina Veterinaria y Zootecnia), y de otros centros educativos, contribuyen a consolidar la población de esas aves en la región, resaltó Escalante.

En mayo pasado, recordó, llegó al aviario de la Universidad Nacional (en Nanciyaga) un nuevo grupo de guacamayas, procedente del aviario de Xcaret, junto con un equipo de profesionales encargados de cuidarlas, y una pasante de veterinaria, que acudió a prepararlas por cuatro meses.

Para la gente de Catemaco ya es común la presencia de estas aves en sus actividades diarias, y además cada vez vienen más turistas para conocerlas, comentó la investigadora. Los lancheros se acercan por el lago para que los visitantes las observen cuando se reúnen en las copas de los árboles, volando de aquí para allá hasta que cae el sol. “Estas acciones no son dañinas y contribuyen a que haya más conciencia para cuidarlas y disfrutarlas”.

Beneficio compartido

En la Reserva de la Biósfera Los Tuxtlas ya se habían llevado a cabo proyectos de conservación de animales como los cocodrilos de pantano o los monos aulladores, pero el de las guacamayas rojas es importante porque desde hace más de 40 años habían desaparecido de la región, y se logró traerlas de vuelta, resaltó Escalante.

Cuando se cumplan cuatro años de haber iniciado esta tarea se habrán liberado aproximadamente 130 aves, “así que se puede decir que es la cuarta parte de una meta ambiciosa de conseguir una población de 500 para que tengan mejores posibilidades de mantenerse a largo plazo. Además, este plan pretende demostrar que todos pueden poner algo de su parte para revertir la situación de deterioro de los ecosistemas y recuperar, en particular, a esta especie hermosa e inteligente”.

Al compartir esta experiencia se contribuye a valorarlas y los lugareños se benefician de su presencia, pues la derrama económica del ecoturismo alcanza a muchos gremios. Con este ejemplo se espera inspirar a la gente para que consideren cuidar y recuperar la selva.

Para ello, es preciso mejorar su hábitat y el de muchos animales que sufren por falta de áreas adecuadas, expuso la experta. “Si a través de las guacamayas se recupera poco a poco su entorno, otras especies que aún no han desaparecido de Los Tuxtlas, pero que están amenazadas localmente, pueden recuperarse, pues necesitan al menos 50 por ciento de cobertura vegetal para subsistir”, concluyó.

El proyecto de reintroducción ha sido posible gracias a la participación de Xcaret, que desde hace más de 20 años mantiene una colonia reproductiva y ha donado grupos de guacamayas rojas criadas en sus instalaciones, y de la Reserva Ecológica Nanciyaga, que facilita sus instalaciones para el centro operativo regional del proyecto y colabora en la estrategia social.

También se cuenta con el apoyo del Grupo Anolis de Ecoturismo Campesino y de la Reserva de la Biósfera Los Tuxtlas de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). En el desarrollo del proyecto contribuye el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, Defenders of Wildlife, Bosque Antiguo AC y la misma CONANP.