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Lograr autosuficiencia en trigo, requiere regeneración de suelos

México importa 75 por ciento del trigo harinero del consumo nacional y la intención del gobierno federal es reducir esta dependencia del exterior; sin embargo, enfrenta el reto de que en zonas aptas para su cultivo los suelos están erosionados y han perdido su fertilidad por el uso indiscriminado de agroquímicos, prácticas agropecuarias inadecuadas, además que la escasez de agua es una limitante.

En los últimos cinco años la producción promedio de trigo fue de 3.7 millones de toneladas y en 2017 la importación de grano panificable alcanzó su máximo histórico con 4.9 millones de toneladas –de acuerdo con el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera–, lo cual representó pagar mil millones de dólares a productores de otros países.

Sonora es el principal productor de trigo en el país al aportar 52 por ciento de la producción nacional y es uno de los estados donde el cultivo de trigo pudiera incentivarse, pero al mismo tiempo es uno de los más afectados por la desertificación –que afecta a entre 80 y 97 por ciento del territorio mexicano– y ocupa el segundo lugar nacional en cuanto a superficie de suelos con erosión severa y muy severa.

En este contexto, la iniciativa de productores sonorenses y Biofábrica Siglo XXI para cultivar trigo en más de 2 mil hectáreas en dicha entidad de manera sostenible, con el uso de biofertilizantes, es un aliciente para no sólo buscar el incremento de rendimientos, sino de propiciar  la recuperación de suelos y mejorar la eficiencia en el uso de agua.

Un grave problema en Sonora es el manejo del agua –97 por ciento de toda este recursos se destina al sector agrícola–, ya que la sobreexplotación de los acuíferos, los deficientes sistemas de drenaje, la mala nivelación de los terrenos, en abuso en el uso de fertilizantes químicos y los altos índices de ineficiencia en el riego están provocando problemas de salinidad en el suelo, así como la contaminación de los cuerpos acuáticos y la drástica disminución de las reservas estatales de agua, agravando los problemas sociales, políticos y económicos de los usuarios, afirma el director de Biofábrica Siglo XXI, Marcel Morales.

En la actualidad, el costo para establecer una parcela de trigo oscila de entre 18 y 20 mil pesos, donde la fertilización química absorbe el 40-45% por ciento del costo total. Con el uso de los biofertilizantes se pretende reducir la aplicación del fertilizante químico entre un 30 a 50%, con un incremento en los rendimientos del orden del 20%.

Hay que recordar -señalar– que en la entidad la producción promedio es de seis toneladas de trigo por hectárea y hasta el año pasado la tonelada de trigo se pagaba en 3 mil 500 y de acuerdo con lo anunciado por la Secretaría de Agricultura a partir del ciclo de cosechas otoño-invierno 2018-2019 el pago será de 5 mil 790 pesos por tonelada.

“El uso de esta tecnología con su impacto en la productividad aunado a los estímulos económicos a la producción que otorgará el gobierno federal a básicos podría incentivar el cultivo del trigo para reducir importaciones, pero esto debe hacerse acompañado de insumos que permitan regresar la fertilidad a los suelos y, por tanto, dar viabilidad en el mediano y largo plazo a la siembra de este grano”, afirmó Marcel Morales.
El especialista en temas rurales remarcó que la disminución de fertilizantes químicos implica una reducción en costos de producción y en los niveles de contaminación que están deteriorando la fertilidad de los suelos en México.
Para validar el uso de esta esta tecnología, Biofábrica Siglo XXI estableció un programa de biofertilizantes, junto con Servicios Mexicanos de Hidrología y el patronato para la investigación y la experimentación agrícola del estado de Sonora AC (PIEAES), durante el ciclo agrícola 2018/-2019 en los distrito de riego 018, en 041, 038 y 084, ubicados en el Valle del Yaqui, Río Mayo y Guaymas, Sonora, donde se ha podido constatar muy buen desarrollo radicular en plantas tratadas con biofertilizantes, que la longitud de raíces y volumen de las mismas resulta mayor, lo que les permite más capacidad de absorción de agua y mejor absorción de nutrientes. Este programa incluye el establecimiento de parcelas demostrativas, capacitación y asesoría técnica a los productores, además de una evaluación de los resultados, tanto de producción, productividad, el mejoramiento de suelos y el uso eficiente del agua.

Los biofertilizantes son productos basados en microorganismos benéficos para los cultivos, los cuales tienen la capacidad para recuperar los suelos agrícolas, de mejorar el rendimiento, de aumentar la eficiencia de los fertilizantes químicos (y por lo tanto disminuir su uso y el costo económico y ambiental asociado), de mejorar la eficiencia en el uso del agua así como de inducir una mayor resistencia de los cultivos frente a plagas y enfermedades.

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