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Nací entre las cabras y no concibo mi vida sin su compañía

A sus 53 años Petra Díaz  VIno concibe su vida sin la compañía de las cabras, nació y creció entre ellas, conoce sus hábitos en campo abierto, sus características reproductivas, los sonidos que emiten cuando quieren comer, o están enfermas, incluso las ubica por sus nombres y les silba, de un modo en particular,  si se pierden por la ladera de la montaña.

Nació aquí en Tenepanoya, hace ya más de cinco décadas y hoy junto con su esposo y otros productores lograron consolidar uno de sus sueños, establecer una fábrica artesanal de quesos de cabra para comercializarlos en el mercado más cercano que les queda que es el de Jalapa.
Tenepanoya, lugar entre tecales, es una muy pequeña comunidad de casa que dispersas se pierden entre la tupida vegetación. Ahí creció Petra cuidando cotidianamente las cabras de su padre.
“Con frio, calor o lluvia siempre me salía a la montaña a pasear a mis cabras, mientras ellas pastan yo me ponía a bordar mis servilletas. Pero si había lluvia tenía que andar buscándolas si se dispersan entre las laderas, pero eso si tenía que regresar a casa con todas”
Hoy el camino para Tenepanoya se encuentra surcando la montaña, por un camino de curvas, aromatizado por el olor fresco de árboles humedecidos y el sonido de la caída de agua de cascadas y arroyuelos. Este pequeño poblado está enclavado en la zona montañosa de la sierra veracruzana.
Petra ahora será junto con Isabel Córdova Flores y María Soto Rivera, entre otras mujeres se dedicaran en esta pequeña quesería artesanal a fabricar un producto que cada vez tiene más demanda en el mercado gourmet. Para ello utilizaran los 650 litros diarios de leche de cabra que recolectan en esta zona del municipio de Tatatila, Veracruz.
Ellas en su mayoría amas de casa, esposas e hijas, acostumbradas al trabajo rudo del campo, a pastorean desde niñas a estos dóciles animales, hoy serán las responsables de sacar adelante este noble proyecto productivo de la SPR de RL Caprinocultores Unidos de Rincón del Río Frio, que sin duda detonará el desarrollo de sus familias y de la caprinocultura en Tenepanoya, poblado de apenas 397 habitantes.

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