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Un toque de canela y uno de amor, hacen que mi pozol sea el mejor de Chiapa de Corzo: Florinda García Méndez

Por:  Yolanda Hernández Escorcia

Ataviada con una colorida blusa de flores bordadas,  su delantal  rosa mexicano y unos hermosos  aretes y collares de filigrana, doña Florinda García Méndez invita a los turistas y clientes locales a acercase a su puesto, para  probar el exquisito pozol de maíz con cacao que  prepara desde muy temprana hora todos los días y que vende para deleite de todos, a las afueras del Ex Convento de Santo Domingo en Chiapa de Corzo.

Nadie puede resistirse a tomar esta exquisita bebida prehispánica que nuestros antepasados  bebían para mitigar la sed o como alimento energetizante que les ayudaba a resistir largas jornadas de trabajo en el campo.

Con una sonrisa abierta y franca, que iluminan su rostro y trasmite alegría y confianza, doña Florinda nos da a elegir entre el pozol de cacao con azúcar y canela o pozol blanco con su sal, chilito y trocitos de mango verde.

Previamente en dos grandes ollas, con la fuerza de sus manos que revelan habilidad y destreza para el trabajo, diluye en agua la masa martajada con cacao, canela y azúcar que debe quedar lista para servirse con trozos de hielo en un tol o jícara típica. En la otra repite el mismo ritual para preparar el pozol blanco que también tiene sus seguidores.

Por separado en dos grandes tinas de aluminio, bolas de maíz martajado en porciones de un cuarto también son arado para su clientela habitual, los chiapacorseños a quienes les vende las bolas de masa martajada, por tantos de acuerdo a los gustos y necesidades de cada uno.

Oriunda de esta ciudad y mejor conocida como doña Flori, nos comenta: “Empecé a los 7 años de edad a ayudar a mi mamá a lavar y cocer el maíz, tostar el cacao. Nos levantábamos muy temprano para ayudarla y poder ir a la escuela, hoy me sigo despertando en temporada normal  a las cuatro de la mañana y cuando hay vacaciones un poquito más temprano a las tres ya estamos de pie, porque se trabaja un poquito más”.

Parece una actividad sencilla pero tiene su chiste dice: “A las seis se lleva el nixtamal cocido para el molino,  antes tiene uno que cocerlo y tener el tanteo de cal que se le va a poner  para que no salga verde sino blanco y esponjado. Después  doramos el  cacao, esto se hace con pura braza, como si fuera horneado. No se dora con el cascarón porque se quema y sale como una brasa, se coloca dentro de en un recipiente y ahí se va dorando, dando vueltas la semilla de grano directo”.

A sus 63 años se siente orgullosa de ser la mejor y aclarar: “Hay muchas compañeras que preparan el cacao en grano, del árbol al comal y al paladar. Lo cosen dos veces una con cal y otra con agua limpia para que salga despojadito, yo pienso que así pierde el sabor, por eso lo sigo haciendo como me enseño mi mama,  aunque me lleve más tiempo, le pongo un toque de canela y uno de amor para que salga rico”

También beber el pozol blanco tiene su gracia y nos explica: “…se toma con chilito y  sal curtida o sus chilitos, se bate todo con las manos no con licuadora, para que se disfruten los trozos de maíz. A mí me gusta disfrutar de los dos porque ambos los preparo con mucho amor”.

“Son tres generaciones las que hemos trabajado en esta actividad; mis padres, yo y mi esposo y ahora mi único hijo Rigoberto con su esposa, que en temporada alta vienen y me ayudan a  preparar hasta 15 kilos diarios de maíz”, nos refiere satisfecha y sonriendo para la foto.

 

2015-03-22 12.33.58

 

 

 

 

2 comments

  1. Juan Miguel Deras

    Buena crónica, agrego que justo hablando de rituales, parte del protocolo ea el meneíto de la jícara, con lo cual podés conocer al chiapaneco del fuereño, que no?

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