Insuficientemente atendidas las mujeres rurales

Texcoco, Edomex., 26 de enero.- Las mujeres rurales cumplen funciones esenciales en los sistemas agroalimentarios -producen alimentos, gestionan recursos naturales, sostienen la seguridad alimentaria, transmiten conocimiento y fortalecen la cohesión social-,  en contextos cada vez más marcados por la crisis climática, la presión sobre los recursos y la inseguridad alimentaria.

Ante este panorama 2026, está declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Mujer Agricultora, para que la comunidad global ponga foco de atención en una realidad largamente documentada, pero aún insuficientemente atendida.

De acuerdo con las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO,) se incluyen las funciones que desarrollan como la adaptación al cambio climático, la conservación de la biodiversidad, la nutrición de los hogares, y la resiliencia económica de las comunidades rurales.

Sin embargo, persisten brechas profundas en el acceso a tierra, financiamiento, tecnología, información y espacios de toma de decisiones, que limita no solo el bienestar de las mujeres, sino la sostenibilidad misma de los sistemas agroalimentarios

En ese contexto, Centro Internacional para el Mejoramiento del Maíz y Trigo (CIMMYT), inicia el año reafirmando una convicción construida a lo largo de décadas de colaboración con México: fortalecer los sistemas agroalimentarios lo que exige reconocer a las mujeres agricultoras como actoras estratégicas, comprender la complejidad del su rol como agricultoras, y articular soluciones basadas en la ciencia que fortalezcan su capacidad para enfrentar los retos del sector.

DECIDIR EN UN CAMPO BAJO PRESIÓN

La agricultura contemporánea se desarrolla bajo presiones simultáneas: cambio climático, degradación del suelo, volatilidad de los mercados y acceso desigual a recursos productivos. En ese escenario, las mujeres rurales toman decisiones clave todos los días, muchas veces sin reconocimiento formal, pero con impactos directos en la estabilidad productiva y social de sus comunidades.

En Oaxaca, estos cambios comienzan en plataformas de investigación instaladas en la entidad, donde las agricultoras conocen, prueban y adaptan innovaciones agrícolas antes de incorporarlas a sus parcelas.

A través de proyectos impulsados por CIMMYT en coordinación con el gobierno de la entidad, estas prácticas -desarrolladas desde la red de investigación agronómica del CIMMYT-, se integran mediante procesos de capacitación continua y acompañamiento técnico en campo.

Ejemplo de ello, es María Teresa Santos, agricultora oaxaqueña y técnica, que forma parte de este proceso. El acceso a la ciencia aplicada y a espacios de experimentación le ha permitido ajustar sus prácticas productivas, reducir riesgos y tomar decisiones más informadas ante la variabilidad climática, fortaleciendo no solo su productividad, sino también su liderazgo y su capacidad de incidencia dentro de la comunidad.

Teresa, técnica responsable de la plataforma de investigación en Miahuatlán, Oaxaca, acompaña a mujeres agricultoras en procesos de experimentación y adopción de innovaciones agrícolas, donde la ciencia del CIMMYT dialoga con el conocimiento local.

DONDE LA CIENCIA SE TRADUCE EN RESILIENCIA

Un enfoque complementario se observa en Quintana Roo, donde CIMMYT, en coordinación con el gobierno del estado, ha trabajado para fortalecer las capacidades de las mujeres agricultoras mediante innovación, acompañamiento técnico e inclusión financiera rural.

En estos territorios, el acceso a servicios financieros, combinado con capacitación y asistencia técnica, ha permitido que las mujeres gestionen mejor el riesgo, planifiquen inversiones y participen activamente en la toma de decisiones productivas.

Este enfoque integral reconoce que la adopción de innovaciones no depende solo del conocimiento técnico, sino de condiciones económicas y sociales que permitan sostenerlas en el tiempo.

Al igual que en Oaxaca, el impacto va más allá de la parcela individual y se refleja en mayor estabilidad familiar, organización comunitaria y resiliencia de los sistemas agroalimentarios locales.

Mujeres rurales del sur de Quintana Roo ponen en práctica un enfoque de seguridad alimentaria y nutrición centrado en las personas, impulsado por el CIMMYT.

EL ESLABÓN QUE DE LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

Más allá de la producción, existe un punto crítico del sistema agroalimentario donde se decide cuánto alimento se pierde y cuánto llega efectivamente a la mesa: la poscosecha.

En muchas comunidades rurales, las mujeres son las principales responsables de este eslabón esencial, cuyo impacto trasciende la parcela y el hogar.

Por ello, CIMMYT, en colaboración con gobiernos locales y aliados estratégicos, ha integrado la poscosecha, como componente central de sus intervenciones, reconociendo que fortalecer el rol de las mujeres en este y otros procesos agronómicos es clave para la seguridad alimentaria, tanto de las comunidades rurales como de las poblaciones que dependen de la producción del campo a escala global.

Estas experiencias forman parte de la trayectoria de CIMMYT, y reflejan una convicción clara: los sistemas agroalimentarios solo se transforman cuando quienes los trabajan, especialmente las mujeres y las comunidades rurales, participan en las decisiones clave, sobre cómo se producen los alimentos y cómo se gestionan recursos esenciales como el suelo, el agua y la biodiversidad.

En esa historia de colaboración con comunidades rurales y agrícolas, actores del sector agroalimentario y aliados del sector público y privado, CIMMYT articula ciencia agrícola e innovación con el saber de las comunidades, integrando ambos a través del trabajo territorial de largo plazo.

Este enfoque permite que las soluciones no solo sean técnicamente sólidas, sino socialmente pertinentes, y ha acompañado procesos de transformación orientados a la equidad, la inclusión y el fortalecimiento de la resiliencia de los sistemas agroalimentarios desde lo local hacia lo estructural.

Mujeres rurales conocen soluciones poscosecha, durante capacitación impulsada por el CIMMYT en Campeche, fortaleciendo la seguridad alimentaria y el manejo del maíz en sus comunidades.

UN AÑO QUE MARCA DIRECCIÓN

En este 2026, Año Internacional de la Mujer Agricultora, CIMMYT reafirma su papel como aliado científico y técnico de las comunidades agrícolas y de las instituciones públicas que trabajan por sistemas agroalimentarios más resilientes, sostenibles e inclusivos.

No desde el discurso, sino desde la práctica: poniendo la ciencia al servicio de quienes sostienen el campo, fortaleciendo capacidades y articulando alianzas que permiten enfrentar los desafíos del sector con soluciones duraderas.

Porque invertir en las mujeres agricultoras no es solo acto de justicia social, sino condición estructural para la seguridad alimentaria global.

El futuro de los sistemas agroalimentarios no se define únicamente en laboratorios o marcos normativos, sino en las decisiones cotidianas de las mujeres que producen, innovan y sostienen la alimentación de sus comunidades y de millones de personas en todo el mundo.

 

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