Provocan incendios forestales generadores de violencia (I)
Ciudad de México, 30 de diciembre.- El año que se va no ha sido positivo para el ambiente en Latinoamérica. El 2025 estuvo marcado por graves retrocesos en políticas gubernamentales vinculadas a la protección del ambiente, y por la expansión de economías ilegales en territorios sensibles como áreas protegidas y pueblos indígenas.
De acuerdo al informe anual 2025 de la organización de periodistas sin fines no lucrativos Mongabay.org, documenta que en países como México y Colombia, han ocasionado incendios con afectaciones a la biodiversidad. El texto firmado por Miriam Ramírez, es el siguiente:
La Sierra Madre Occidental de México vivió en 2025 la peor temporada de incendios en 10 años. Las 281,000 hectáreas que se perdieron equivalen a casi dos veces la superficie de la Ciudad de México. ¿Quién estuvo detrás de esta catástrofe? Esta investigación revela una causa inesperada: la guerra interna del Cártel de Sinaloa.
México: la batalla interna del cártel de Sinaloa provocó la peor temporada de incendios en la última década.
Más de 281,000 hectáreas de la Sierra Madre Occidental ardieron en el primer semestre de 2025, debido a la quema atizada por la siembra de minas terrestres antipersonales y el uso de explosivos activados con drones.
Esta es una cifra comparable a cerca de dos veces el tamaño de la Ciudad de México, y superior a las 124,000 hectáreas quemadas en el mismo periodo de 2024.
Cifras de la plataforma internacional de monitoreo satelital Global Forest Watch, verifican este comportamiento anormal de incendios.
Cómo es vivir en esta zona de guerra, contada por sus víctimas en esta investigación a Mongabay Latam.
CINCO DATOS CLAVE
Los bosques que unen los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua, se transformaron en zona de guerra invadidos por minas terrestres ocultas en las montañas, y explosivos artesanales lanzados desde drones y avionetas.
La disputa interna del Cártel de Sinaloa, no solo alteró la vida de las comunidades y desplazó a miles de familias, también provocó la peor temporada de incendios en los últimos 10 años.
En 2024, se perdieron durante todo ese año, por incendio 130,000 hectáreas.
El daño también rebasa las 170,000 hectáreas afectadas en todo 2023, un año considerado crítico por la sequía histórica que azotó a México.
Esto fue verificado con las alertas de incendios detectadas por el sensor VIIRS, procesadas por la NASA y disponibles en Global Forest Watch (GFW), plataforma internacional de monitoreo satelital que permite analizar en tiempo casi real la aparición de puntos de calor y otros indicadores asociados al fuego.
La magnitud del desastre de esta región contrasta con el resto del país, donde los números de dos años atrás aún no han sido superados.
La pelea entre grupos del Cártel de Sinaloa estalló en septiembre de 2024, con la ruptura de las facciones ligadas a los hijos de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, e Ismael Zambada García, alias El Mayo. La confrontación inició después de supuesta traición que habría facilitado la entrega de El Mayo a Estados Unidos.
Desde entonces, la violencia ha dejado más de 2,000 asesinatos -según la Coordinación General del Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP)-, casi 3,000 personas desaparecidas, desplazamientos forzados, pérdidas económicas por el cierre de negocios, y caída de empleo en varias regiones del estado.
Habitantes de Sinaloa, Durango y Chihuahua, aseguran que varios de los incendios del último año comenzaron después de los enfrentamientos armados y ataques con drones en lo profundo de los bosques. “Veíamos pasar el dron, luego se escuchaba la bomba, una explosión y al ratito levantaba el humito y se prendía el bosque”, relata un poblador entrevistado en la zona serrana del sur de Sinaloa, en los límites con Durango.
Sandra Guido, directora de Conselva, Costas y Comunidades, organización ambiental que trabaja en temas de conservación y desarrollo sustentable que tiene su base en Mazatlán, Sinaloa, explica que el tamaño de la devastación actual es resultado de varias circunstancias que se conjugaron con el contexto de violencia, como sequías prolongadas que dejaron el bosque seco y vulnerable, recortes presupuestales a la Comisión Nacional Forestal (Conafor), y a gobiernos locales, además de la reducción de programas de prevención y reforestación.
En este contexto, “la vegetación es más susceptible que cualquier asunto [objeto], llámese un vidrio, te genera incendios con un alcance mucho mayor porque toda la vegetación está degradada”, explica la ambientalista.
Cuando la guerra estalló, el bosque estaba seco y listo para arder. Pobladores y ambientalistas atribuyen el incremento en la extensión de los incendios a la falta de condiciones de seguridad para las brigadas forestales y los equipos de Protección Civil, que en repetidas ocasiones se negaron a ingresar a la zona por el riesgo de enfrentamientos armados. Su ausencia contribuyó a que el fuego se propagara.
Una habitante de la sierra de Concordia, al sur de Sinaloa, y brigadista contra incendios, recuerda que en mayo de 2025, ella y su equipo se internaron en el bosque para abrir una brecha “cortafuego”, y frenar el avance de las llamas, pero la explosión de una mina terrestre lanzó por los aires a uno de sus compañeros. La brigada tuvo que suspender su labor y retirarse por seguridad, mientras el incendio continuó propagándose durante más de 15 días.
“Cuando la mina estalló ya ni terminamos la brecha, dejamos todo y nos salimos del bosque. Si nosotros hubiéramos cerrado la brecha, ese fuego no se hubiera extendido”, cuenta la mujer que solicitó resguardar su nombre por seguridad.
La quema a la que se refiere fue la segunda más extensa de toda la década en esta región de la Sierra Madre Occidental. Entre finales de mayo y principios de junio de 2025, un solo incendio en la zona de Loberas, Concordia, arrasó con más de 9,782 hectáreas de bosque, extensión equivalente a 12 veces el Bosque de Chapultepec de la Ciudad de México o 29 veces el Central Park de Nueva York.
La devastación forestal en la Sierra Madre Occidental, alcanzó más de 281,000 hectáreas afectadas en el último año. (Redacción MEXICAMPO). (Continúa II parte).
