Tapachula, Chiapas y el fenómeno migratorio (I)
*Por Ramón Sarmiento Santos
Visité por primera ocasión al Soconusco en junio del lejano año de 1986. Quedé sorprendido por la exuberancia y riqueza de la vegetación, la diversificación de productiva del campo y la montaña, esa sofocante humedad en el ambiente, la grandeza de la Sierra Madre coronada por el volcán Tacaná. Una tierra radicalmente diferente a la región central del estado Chiapas, del cual soy originario.
Al centro de aquel viaje encontré, para mí la lejana, legendaria y misteriosa ciudad de Tapachula de Córdova y Ordóñez, “La Perla de Chiapas”, tierra de los ”Huacales”. La sentí cercana, familiar, que de alguna manera la conocía, a través de las pláticas con el abuelo Teba sobre la erupción del Tacaná, los LPs de la Marimba Corona de Tapachula y Amparo Montes, las revistas y libros que había en casa, y además de las conversaciones con amistades y compañeros de escuela sobre los extranjeros que habitaban y caminaban las tierras del trópico húmedo mexicano.
Recuerdo a Tapachula con una arquitectura vernácula propia de esta región, casas de muros altos, amplios corredores, mucha madera, grandes puertas y ventanas, techos de tejas de barro o láminas de zinc.
Fue impresionante caminar por avenidas y calles, ver edificios y residencias con estilo Art Nouveau y Art Decó de la década de los 20s al 40s del siglo XX, que fue la vanguardia arquitectónica de aquellos años en México.
El centro con el parque Miguel Hidalgo con las refresquerías, la iglesia de San Agustín, la antigua presidencia municipal (hoy el Museo de Tapachula), con su estilo Art Deco Neoclásico, y muy cerca, un bullicioso y ajetreado mercado General Sebastián Escobar, y calles aledañas llenas de comercio y las aceras atestadas de comercio informal, ventas de hortalizas legumbres, frutas y ropa colocadas en grandes cestos y el olor a café, recién tostado penetrando el ambiente febril.
En éste somero y de sutil contexto describo era el incipiente, pero si masivo fenómeno de la migración internacional de la ciudad fronteriza, más importante del sur de México. Tan importante subrayar que Tapachula por su posición geográfica, es localidad santuario para las migraciones, entre ellas la china, japonesa y alemana, de finales del siglo XIX y principios del XX.
Relevante señalar, a diferencia de la migración de tránsito masiva que se observa hoy hacia el norte del país y los Estados Unidos, en los 80 la migración en Tapachula era de carácter estacionario o de refugio.
Mujeres y hombres que buscaron integrarse a la vida local mientras pasaba la violencia en sus países de origen, lo que generó un tejido social donde la mano de obra migrante se volvió indispensable, para la economía municipal y regional.
Las principales actividades económicas de los migrantes hombres en los años 80’s, se daban en actividades agrícolas temporales en fincas cafetaleras y bananeras. Un número importante de ellos realizaban trabajos informales, vendedores ambulantes (algodón, globos, paletas, helados), boleros (limpiabotas), o chicleros (canguros). Otros más a servicios urbanos, jardineros, plomeros y albañiles. En el entonces Puerto Madero, los migrantes eran ocupados para actividades de pesca de cabotaje y de altura.
Por su parte, las mujeres migrantes desempeñaron papel económico indispensable, en gran medida las actividades se centraron en el sector informal y en labores de servicios.
Las mujeres migrantes (principalmente guatemaltecas). trabajaban junto a sus familias en las fincas, en la recolección del café, en la selección del grano o la alimentación de las cuadrillas de trabajadores (cocineras en las fincas).
El trabajo doméstico, fue una de las ocupaciones más comunes y constantes. Debido a la cercanía fronteriza, muchas mujeres cruzaban para emplearse en hogares de Tapachula como «empleadas de planta» o «de entrada por salida». El comercio informal fue y es la principal fuente de empleo para muchas mujeres migrantes.
Así también, existió un grupo mujeres migrantes originarias de poblados cercanos al Tacaná, del lado guatemalteco, que comerciaban en la informalidad productos de procedencia centroamericana, principalmente textiles y abarrotes en general, por cierto, los tapachultecos llamaban ”Las canasteras”.
Debido al boom económico del Soconusco y la alta población flotante de trabajadores masculinos en la ciudad y el municipio, se desarrolló la demanda de servicios de diversión para adultos, muchas mujeres trabajaban como meseras o en la limpieza de hoteles y casas de huéspedes que atendían a otros migrantes y comerciantes.
Desafortunadamente, muchas de ellas por vulnerabilidad estructural e individual, o víctimas de redes traficantes de humanos caían en la prostitución en bares, cantinas o en la zona de tolerancia “Las Huacas”, por cierto, lugar de muy negra memoria para la ciudad.
La década de los 80’s, fue un cambio de paradigma de la migración en Tapachula, al dejar de ser un flujo regional de carácter laboral, sistemático y agrícola. Experimentando un cambio migratorio radical, al pasar a un flujo profundo, hemorrágico, continuo y doloroso. Provocado principalmente por los conflictos armados en Centroamérica (particularmente en Guatemala, El Salvador y Nicaragua).
A diferencia de las migraciones económicas tradicionales, el flujo migratorio de esta época estuvo remarcado por la figura de los refugiados, el cual abordaremos en futuro encuentro. (Continúa).
*Pedagogo, egresado de la UNACH, y exservidor público en los tres órdenes de gobierno.

