Tapachula, Chiapas y el fenómeno migratorio (II)
*Por Ramón Sarmiento Santos
Foto: Diario EL ORBE / M. Blanco
*Por Ramón Sarmiento Santos
Corría la década de los 70´s e iniciaba a conocer el mundo, el más lejano a la unidad familiar y comunitaria. Asomándome básicamente de dos maneras a los hechos y realidades del planeta: la radio y textos en general que llegaban a mis manos.
Mi padre era gran radioescucha, recuerdo que por el día sintonizaba las estaciones radiofónicas de la capital chiapaneca, la UE, VV Y LA TG, y por las noches frecuencias de la Ciudad de México: la W, XEX y la XEQ, entre otras.
Por muchos años, la familia fue propietaria de una tienda de abarrotes, y en ese tiempo para envolver los productos los establecimientos comerciales recurrieron al papel periódico para envolver ciertos productos, y para el caso del negocio familiar no fue la excepción. Pacas con El Universal, Excélsior, El Sol de México, La Prensa, y Ovaciones, los cuales leía ávidamente, pero con un detalle con tres meses posteriores de haber sucedido los acontecimientos.
En este contexto supe del escándalo del Watergate, que provocó la renuncia histórica del presidente estadounidense Richard Nixon en 1974. Del movimiento de la Liga Comunista 23 de Septiembre, la organización guerrillera urbana más importante de México, durante la década de 1970. Fundada el 15 de marzo de 1973 en Guadalajara, Jalisco. De la genocida Guerra de Vietnam (1975), concluida con la caída de Saigón, marcando la retirada de Estados Unidos de la región asiática y la reunificación de Vietnam bajo un régimen comunista. De la Revolución Islámica en Irán (1979), cuando el Shah de Irán fue derrocado, estableciéndose una república teocrática chiita.
Una de las noticas que más me impactaron en mi niñez fue el asesinato del futbolista de las Chivas, Octavio «El Centavo» Muciño, herido a tiros el 31 de mayo de 1974, falleciendo días después, el 3 de junio del mismo año. Este hecho, determinó mi filia al equipo más mexicano, el “Guadalajara”.
En la década de los ochentas, ya joven, descubrí los movimientos armados en Centroamérica, a través de la televisión, con la radio y diarios me di cuenta de notas como: el asesinato del Arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero el 24 de marzo de 1980. Del movimiento de los contras, que desató la guerra fratricida en Nicaragua. La genocida guerra del general Efrain Rios Montt, denominada “Tierra arrasada”, en donde se estima hubo 10 mil muertos entre la población de los pueblos originarios.
Más tarde, durante mi participación en los comités estudiantiles de la Normal del Estado, accedí a literatura crítica y de izquierda. Libros como “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde”, del escritor y revolucionario nicaragüense Omar Cabezas, “Revolución en el Salvador” de Charles Clemens, “Guatemala: eterna primavera, eterna tiranía” de Jean Marie-Simon, me ayudaron para profundizar en la violencia en Centroamérica
En Chiapas en la década de los 80´s, fue frecuente conocer a individuos y familias originarias del istmo americano, el Dr. Lacroix de Nicaragua, los Girón de El Salvador, la familia Cuc del Quiche en Guatemala, la joven hondureña Luz. ellos fueron fuente de información para empatizar con el dolor, angustia y pesar de pérdidas de las tierras, hogares, los medios de producción individuales, familiares y comunitarias, pero sobre todo de seres humanos, que en muchas ocasiones estuvieron ligados con algunos de los bandos en combate.
Estos conflictos, fueron enmarcados y agravados por las desigualdades sociales en los países del istmo y el laboratorio de violencia que establecieron soviéticos y yanquis, en el marco de la Guerra Fría, y el control de ésta región del mundo.
Los movimientos armados centroamericanos, en la década de los 70’s y la primera mitad de los 80’s del siglo XX, dejaron como saldo entre 300 mil y 350 mil muertos y desaparecidos. Se calcula que en éste mismo lapso 3.0 millones migraron, fueron desplazados de sus lugares de origen, y 2.0 millones cruzaron alguna frontera nacional.
En está época, icaragüenses emigran principalmente a Costa Rica y Honduras que fueron los principales países receptores. Estableciéndose en campos de refugiados o buscando integrarse a las economías locales. Gran cantidad de nicaragüenses (principalmente de clases medias y altas, o personas con mayores recursos), lograron viajar a hacia los Estados Unidos, concentrándose principalmente en la ciudad de Miami, Florida. Por su parte México, funcionó como zona de tránsito y como lugar de asentamiento temporal para miles de personas que buscaban escapar del fuego cruzado y el impacto de la guerra regional.
En estos años El Salvador, sufre un éxodo masivo. Los principales flujos migratorios se dirigieron al norte del continente, especialmente a los Estados Unidos y de manera particular a estados como California, Texas y Nueva York, pero también generó importantes comunidades de refugiados en países vecinos como México y Costa Rica.
A pesar de las evidencias de terrorismo de Estado y violaciones a los Derechos Humanos, los gobiernos estadounidense negaron el status de refugiados políticos a los salvadoreños, dejándolos en situación de extrema vulnerabilidad migratoria. Los salvadoreños utilizaron sus experiencias organizativas locales para establecer redes de apoyo en el exilio, y continuar colaborando con el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).
Las Maras tienen su cuna en Los Ángeles, California, en los años 80’s. Mismo que surge como mecanismo de autodefensa de jóvenes migrantes salvadoreños frente al abuso de otras pandillas locales: de allí que «Mara» significa pandilla; «Salva» por El Salvador; y «trucha» es un término callejero para decir «inteligente» o «alerta».
Desafortunadamente éste movimiento organizativo involucionó, y pasó a conformarse en los grupos delincuenciales más nefastos y sangrientos de Centroamérica.
En el mismo periodo histórico, Guatemala sufre hemorragia migratoria principalmente hacia el sur de México, modificando de manera relevante la demografía en el estado de Chiapas, y un poco menos en Campeche y Quintana Roo.
Chiapas se convirtió en el punto de salida del éxodo Chapín. Hubo más de 46 mil guatemaltecos con reconocimiento de refugiados, pero se cree que las cifras de migrantes llegaron a 150 mil personas, sumando a los que no entraron de manera legal. Viviendo en campamentos en las regiones de la Selva, los Lagos de Montebello y el Soconusco. En esa época, consumí por primera vez el Spam, a”limento que formaba parte de los apoyos de la ACNUR.
Dicha carne enlatada de cerdo, fue comercializada por los refugiados, a la que le llamaban “Cochito”, por cierto de buen sabor la vianda.
Guatemaltecos con mayores recursos económicos optaron por dirigirse hacia los Estados Unidos y Canadá, sentando las bases de las primeras grandes redes de la diáspora guatemalteca en el exterior.
La llegada masiva de refugiados en los primeros años de la década obligó al gobierno mexicano a transformar su política migratoria y de asilo.
En este contexto, se creó en 1980 la Comisión de Ayuda a Refugiados (COMAR), que atendió manera conjunta con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) a los desplazados.
REUBICACIÓN ESTRATÉGICA
Para garantizar la seguridad de los refugiados y pacificar la franja fronteriza, En el año de 1984 inicia el gobierno de México, el traslado de parte de la población refugiada a nuevos asentamientos planificados en Campeche y Quintana Roo, donde finalmente muchos se integraron a la vida productiva local.
CONSECUENCIAS A LARGO PLAZO
El proceso de paz en los años 90’s, facilitó el retorno organizado de una parte de los refugiados, pero el tejido social de la frontera ya se había transformado de forma permanente. Miles de familias guatemaltecas optaron por la naturalización mexicana, consolidando vínculos familiares, culturales y económicos permanentes en estados como Chiapas, Campeche y Quintana Roo.
El Soconusco no fue la excepción, individuos y familias que decidieron radicar y obtener la ciudadanía mexicana, ejercen los derechos que les brinda la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos. Y que sufren la inseguridad y violencia, el alto costo de vida y la inflación, y las deficiencias en el sistema de salud de nuestro país.
*Pedagogo, egresado de la UNACH, y exservidor público en los tres órdenes de gobierno.
