Donde fluye el agua, crece la igualdad de género
Ciudad de México, 22 de marzo.- En lugares donde las personas carecen de acceso al agua potable y al saneamiento cerca de sus hogares, las desigualdades se acentúan, y son las mujeres y las niñas quienes sufren las peores consecuencias.
Son ellas las que se encargan de recolectar el agua. Son ellas las que gestionan el agua. Son ellas las que cuidan a quienes enferman debido al consumo de agua insalubre. Son ellas las que sacrifican su tiempo, salud, seguridad y oportunidades.
Sin embargo, con demasiada frecuencia, las mujeres y las niñas quedan excluidas de la toma de decisiones, el liderazgo, la financiación y la representación en los sistemas de gobernanza del agua. Ello queda establecido en la conmemoración del Día Mundial del Agua.
Esto convierte la crisis del agua en una crisis con rostro de mujer. Para afrontar estos desafíos, se debe adoptar un enfoque transformador, basado en los derechos, en el que se escuchen las voces de las mujeres y reconozca su capacidad de acción.
Es fundamental que las mujeres estén representadas de manera equitativa en todos los niveles de liderazgo relacionados con el agua, y que participen en el diseño de cada tubería y en la formulación de cada política.
Asimismo, las mujeres deben impulsar el cambio en las cuestiones hídricas, en calidad de ingenieras, agricultoras, científicas, trabajadoras del saneamiento y líderes comunitarias.
En un contexto marcado por los riesgos crecientes a que nos enfrentamos -desde un clima cambiante y los desastres relacionados con el agua hasta la falta de financiación, sin olvidar ciertas normas sociales y las deficiencias en materia de gobernanza-, es crucial que todo el mundo pueda desempeñar plenamente su papel en la gestión del agua como bien común para fortalecer nuestra resiliencia de cara al futuro.
Esto implica, entre otras cosas, involucrar a los hombres y los niños como aliados en la promoción del agua potable, el saneamiento y la higiene para todos, así como en la lucha contra las normas y los comportamientos que impiden a las mujeres y las niñas alcanzar su pleno potencial.
Solo entonces, los servicios de agua potable podrán satisfacer las necesidades de todas las personas, lo que permitirá a las mujeres y niñas llevar vidas más saludables y plenas, y hará del agua una fuerza impulsora del desarrollo sostenible y la igualdad de género que nos beneficie a todos.
En el Día Mundial del Agua 2026, indagamos en la relación vital entre la mujer, el agua y la igualdad de género.
El acceso a agua potable y servicios de saneamiento seguros y asequibles, así como a el suministro hídrico adecuado para otros usos, es esencial para satisfacer las necesidades más básicas y las principales aspiraciones de todas las personas.
Cuando se carece de acceso al agua y a servicios de saneamiento e higiene (WASH, por sus siglas en inglés), a menudo la responsabilidad de llevar agua a los hogares recae desproporcionadamente en las mujeres y niñas.
Las mujeres suelen estar infrarrepresentadas en la gobernanza y gestión del suministro de agua, por ejemplo en los ámbitos de la financiación y el desarrollo de la infraestructura hídrica. Esto puede entorpecer su acceso a los recursos hídricos y al reparto equitativo de los beneficios, poner en peligro su salud, sus medios de vida y su seguridad alimentaria.
En el informe, titulado “Agua para todas las personas: igualdad de derechos y oportunidades”, proporciona un resumen completo y basado en la evidencia de las relaciones entre el agua y la igualdad de género y del progreso hacia el logro de ésta.
Describe cómo se traducen los marcos normativos y políticos en análisis de problemas, principios de diseño de programas e implementación de acciones estratégicas en el ámbito del agua.
La igualdad de género, concebida como el disfrute igual de derechos, responsabilidades y oportunidades de las personas independientemente de su sexo y/o género, constituye el camino esencial para garantizar que el acceso al agua y su uso sean justos y equitativos.
Agua potable, saneamiento e higiene en los asentamientos humanos en 2024, 2.1 millones de personas carecían todavía de acceso al agua gestionada de forma segura, 3.4 millones no tenían acceso a servicios de saneamiento gestionados de forma segura y 1.7 millones no tenía servicios básicos de higiene en sus hogares.
Las mujeres y niñas suelen encargarse de recoger agua, lo que las expone a esfuerzos físicos y riesgos de seguridad, sobre todo en las zonas remotas e inseguras. Cargar con el agua puede causar estrés físico y lesiones y puede exponer a las mujeres y niñas a situaciones de violencia de género.
La falta de privacidad y de seguridad que conlleva la ausencia de instalaciones de saneamiento también afecta de forma desproporcionada a las mujeres y a las niñas. Si el agua es insalubre o no es fiable, el trabajo diario no remunerado consistente en gestionar, racionar y asignar prioridades en el uso de los recursos hídricos, así como el trabajo de cuidados, puede originar enfermedades en el núcleo familiar.
Los derechos humanos al agua y al saneamiento otorgan a todo el mundo el derecho a acceder a agua potable segura y limpia y a saneamiento adecuado sin discriminación.
Para que estos derechos se cumplan, es necesario eliminar todos los obstáculos que impiden el acceso al agua potable y al saneamiento seguros, especialmente en el caso de las poblaciones más marginadas.
Esto implica eliminar las barreras a la participación igualitaria de hombres y mujeres en la gobernanza del agua. Sin embargo, las desigualdades de género en el acceso, la participación y el liderazgo de las mujeres siguen siendo muy marcadas, especialmente en los países de rentas bajas y medias.
Las desigualdades de género en los servicios WASH, son parte de un patrón que perpetúa más desigualdades y prácticas sociales discriminatorias. La igualdad de género constituye un camino esencial para garantizar que el acceso al agua. (Redacción MEXICAMPO).
