Esqueleto del pez globo en el corazón de Tenochtitlán: Oceana

Ciudad de México, 28 de octubre.- En entrega especial de contenido la organización ambientalista Oceana, nos recuerda que si bien las ofrendas mexicanas se llenan de flores, olores y platillos. “Lo que casi nadie cuenta es que el mar lleva siglos en ellas”.

“Mucho antes de la llegada de los españoles, los pueblos mesoamericanos ya subían el océano hasta el altiplano para honrar a sus muertos: estrellas de mar en el corazón de Tenochtitlan”.

Oceana refiere que cuando los arqueólogos excavaron el Templo Mayor encontraron ofrendas con mucho más que piedra y obsidiana.

“Más de 164 estrellas de mar de la especie Nidorellia armata, las llamadas estrellas de chocolate, en una sola ofrenda depositada alrededor del año 1500.

Junto a ellas, corales, caracoles, peces globo y el esqueleto de un jaguar hembra que sostenía una  lanza.

Más de 11,000 conchas de moluscos en unos 170 depósitos rituales excavados entre 1978 y 2012. Esas conchas se convertían en objetos sagrados, como los pectorales anáhuatl de Tezcatlipoca o las orejeras epcololli de Ehécatl-Quetzalcóatl.

UN VIAJE DE 300 KILÓMETROS

Nada de eso llegó solo. Los mexicas trajeron esos organismos desde las costas del Golfo de México y del Pacífico, más de 300 kilómetros a pie hasta el centro del altiplano.

¿Por qué tanto esfuerzo? Porque el mar no era decoración. Para los pueblos mesoamericanos el origen del mundo estaba en las aguas primordiales, el lugar donde nació la vida y a donde volvían las almas. Cada concha funcionaba como una reliquia que conectaba a los vivos con sus ancestros.

Fuente: Instituto Nacional de Antropología e Historia, “La ofrenda al centro del Cuauhxicalco, una muestra del poderío mexica y de la pérdida de biodiversidad”, Boletín 304, 24 de junio de 2025. (Redacción MEXICAMPO).

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