Jessica Quintana, asistente de Investigación en CIMMYT, sostiene un empaque de semillas de trigo para ser procesadas en el VideoMeter.

Foto: Arturo Almenar/CIMMYT

Texcoco, Edomex., 27 de abril.- La ciencia, la tecnología y el trabajo en campo convierten la conservación genética en herramienta estratégica para fortalecer comunidades, sostener sistemas agroalimentarios y enfrentar los desafíos que amenazan la seguridad alimentaria global.

Cuando hablamos de un banco de germoplasma, vamos más allá de un espacio donde se resguardan semillas ante una eventual crisis global.

En estos bancos también se respaldan, evalúan y regeneran materiales genéticos (como semillas, tallos o raíces), nativos de un país o región determinada, con el fin de asegurar su uso a mediano y largo plazo.

En México, esta labor no solo ocurre dentro de una bóveda, sino también en el campo, a través de procesos que agregan valor a lo largo de las cadenas de regeneración y conservación. Desde 1966, el Centro Internacional del Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMYT), lidera estos esfuerzos.

(En la grafica, Jessica Quintana, asistente de Investigación en CIMMYT, sostiene un empaque de semillas de trigo para ser procesadas en el VideoMeter).  (Redacción MEXICAMPO).

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