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El petróleo genera riqueza donde se consume

Sin tanto rollo

Eduardo González Silva

La apuesta está abierta, el rescate de Petróleos Mexicanos es el centro de debate encabezado por los beneficiarios y panegíricos del sistema, con el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, para que México no dependa del extranjero en materia energética y reducir la sangría económica, para el país, con la importación de hidrocarburos.

Llama la atención como los oligarcas y condotieros de las universidades, centros de investigación y medios de comunicación, reaccionaron con todo, ante el proyecto de construir la refinería de Dos Bocas en Tabasco (quizás incluso hasta por ser la entidad natal del actual mandatario, siempre olvidada en permanente abandono pese a su gran riqueza natural).

Celebraron y festejaron, en abril pasado que las calificadoras estadunidenses bajaron las proyecciones y estimado de crecimiento de la ahora empresa productiva del estado, al poner en duda su situación financiera y capacidad de pago.

Son los mismos que hace 35 años desdeñaron la postura del luchador social y dirigente del desaparecido Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), Heberto Castillo Martínez, quien cuestionó la política petrolera de los priistas José López Portillo, Miguel de la Madrid (MMH) y Carlos Salinas, de abrir las llaves del petróleo, convertir a México en exportador neto de crudo, y hacer así del país una economía petrolizada.

En los últimos 40 años, el 60 por ciento de la economía del país dependió de los ingresos petroleros, ninguna administración sexenal se preocupó por modificar esa política. La advertencia de Heberto Castillo, en ese entonces, fue que el petróleo genera riqueza donde se consume no donde se produce.

Por cierto, él mismo dio seguimiento a la venta de petróleo mexicano en el mercado libre de Rotterdam, cuya cantidad en forma de gasoducto le daba nueve veces vuelta al planeta tierra. La denuncia de Castillo Martínez, fue perfectamente documentada en el semanario Proceso, nunca fue reconocida la acusación contra MMH.

Existía la autorización por el Congreso de la Unión, de vender petróleo a naciones, pero no en el mercado libre, acción sin duda dictada desde Estados Unidos, durante la crisis en Irán, para golpear los precios de las naciones integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), las operaciones se hicieron a través de una empresa de Austria, país que casualmente no tiene una gota de petróleo en su subsuelo.

Al despilfarro de una de las riquezas naturales más valiosas, sobrevino el encarecimiento del crudo justo a lo largo de los dos sexenios panistas (Fox y la llegada de los pitufos, arribistas que de petróleo no sabían nada, tampoco era necesario que supieran, tenían la bendición y recomendación de los funcionarios federales y luego de Calderón), como nunca en la historia el petróleo llegó a más de 100 dólares por barril (159 litros), como en esa ocasión.

A esa ola petrolera, súbitamente los costos del crudo se vinieron abajo, con Enrique Peña, el priismo vio la última oportunidad para convertir a Pemex en chatarra. Ya antes Calderón, simuló que construiría otra nueva refinería en Tula, Hidalgo.

Se dejó de dar mantenimiento a las plantas de la paraestatal, mientras que fue vendido a precio de regalo el complejo petroquímico de Pajaritos de Minatitlán, Veracruz. Ya antes en tiempos de De la Madrid, el Congreso aprobó que la petroquímica secundaria ya no fuera considerada como estratégica, así 21 derivados del petróleo fueron arrancados de las manos de los mexicanos lo que permitió la operación de grandes complejos principalmente en Altamira, Tamaulipas, como la empresa alemana Bosch.

Solo quedó en propiedad de la nación la petroquímica básica, que significó la exploración, explotación, producción y refinación de aceite crudo pesado y ligero (maya e istmo), el extra ligero (olmeca), jamás una sola gota ha sido refinada en el país.

Nada detenía el desmantelamiento de Pemex, Hillary Clinton, hace 10 años brazo fuerte de aquel presidente estadunidense Barack Obama, en el congreso y ante la prensa de su país, reconoció que había dictado el proyecto para la privatización de la petrolera mexicana.

La estrategia, en complicidad con los funcionarios priistas de Peña Nieto, con mentiras a la población argumentaron el beneficio que tendría regresar al capital extranjero a Pemex, a cambio vendrían miles de millones de dólares para producir gasolinas, nuevas y mejores estaciones de servicio, y también se crearían miles de empleos como nunca antes.

Todo fue un engaño, se agotaron los yacimientos más productivos ubicados en las costas de Campeche, se redujo la producción de petróleo crudo, y en consecuencia de los refinados gasolinas y diésel.

Nada es suficiente para la ambición política y desde las oficinas de la Secretaría de Energía y Pemex, se creó y consintió el fenómeno del huachicol, para darle la puntilla a la empresa más grande e importante del país.

Hoy que López Obrador, intenta rescatar del abandono y del saqueo, extrañamente calificadoras estadunidenses y la oligarquía nacional, ponen en duda la estrategia de AMLO, con lo que se recuerda la máxima del desaparecido ingeniero Heberto Castillo.

 

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