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Adiós a más de 100 años de la dictadura perfecta

Sin tanto rollo

Eduardo González Silva

A la lamentable crisis de violencia e inseguridad pública que vive el país, nunca antes vista, producto de 30 años de falta de crecimiento económico, al fracaso de una política de desarrollo que privilegió a unos cuántos para derivar en la oligarquía nacional sobreviene, era de esperar, el final a un régimen de democracia simulada.

Hace 30 años durante un evento que organizó Octavio Paz, con un papel protagónico que causó su enojo,  Mario Vargas Llosa calificó al viejo sistema político mexicano como: La dictadura perfecta.

Un Estado fracasado es lo que hemos vividos los mexicanos con el autoritarismo por delante, elecciones a lo largo de más de un siglo (municipales, estatales o federales) siempre impugnadas, un marco jurídico a modo para el infalible triunfo del partido en el poder en alianza con sus partidos satélites.

Un viejo régimen durante el cual se acuñaron frases célebres que tenían el carácter de justificar la forma de gobernar, pero más que nada revelaron la incapacidad y el grado de cinismo de los actores políticos en turno.

Se dio pie a frases como sacadas del evangelio: «La forma es fondo», «Todavía creen en el Sábado de Gloria», «Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error», «Un político pobre es un pobre político», «Ni los veo ni los escucho»,»El error de diciembre»,»No tengo cash», «Y yo por qué», «Ningún chile les embona», etcétera.

Un sistema que mantuvo la represión por delante a la oposición y que llevó a la cárcel al doctor Salvador Nava en San Luis Potosí, a asesinar a Rubén Jaramillo en Guerrero, el camión torton contra Maquío en Sinaloa, el intento de asesinato de Don Amado Avendaño en Chiapas, la represión a ferrocarrileros, médicos y electricistas.

Que orilló a la disidencia a mexicanos como Genaro Vázquez y Lucio Cabañas. Con crímenes de lesa humanidad: 2 de Octubre, Aguas Blancas, Acteal, Ayotzinapa, Tlatlaya, los más sonados.

A las acciones propias del autoritarismo, se unió el saqueo indiscriminado de la riqueza nacional, políticos y arribistas, que hoy amasan incuantificables fortunas.

Al final de cada sexenio sobrevenía la devaluación del peso, la aplicación de políticas contrarias a los intereses de la población, la contención salarial –similar a la de Sudáfrica, las dos más bajas en el mundo-, legalizar el cobro de intereses sobre intereses (anatocismo), convertir en deuda pública del fraude bancario, entre otras medidas económicas-financieras.

Pese a los últimos 30 años de crisis, no fuerron suficientes para acabar con la toda la riqueza nacional, más allá de la privatización bancaria, las empresas del estado Telmex, Sidermex, Concarril, Imevisión, entre otras, y recientemente la entrega de la CFE y Pemex, al capital privado nacional y extranjero, no bastaron para terminar con la mayor riqueza de México: su pueblo.

Si, bienvenido sea el fin a los más 100 años de la dictadura perfecta.

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