El girasol fuente estratégica de alimento para las abejas
Por Francisco Alarcón
Texcoco, Edomex., 25 de mayo.- El girasol se puede convertir en fuente estratégica de alimento para abejas y otros polinizadores, dentro de los sistemas agrícolas ante la degradación ambiental y el uso intensivo de plaguicidas.
Especialistas promueven prácticas agroecológicas para recuperar biodiversidad y fortalecer la adaptación del campo frente a condiciones climáticas cada vez más extremas.
De acuerdo con especialistas del Centro de Internacional de Mejoramiento del Maíz y Trigo (CIMMYT), especies como girasol, lupinus, alverjón, cilantro, hinojo, anís, y calabaza, se pueden incorporar como barreras vivas debido a que proporcionan néctar y polen para abejas, abejorros y otros insectos.
“Algunas plantas, además de atraer polinizadores, ayudan a regular plagas o aportan nutrientes al suelo, como ocurre con ciertas leguminosas”.
Ello, toda vez que se han reducido las poblaciones de abejas y otros polinizadores en zonas agrícolas de México, poniendo en riesgo procesos clave para la producción de alimentos.
La disminución de las poblaciones de abejas y otros polinizadores se ha convertido en una de las señales más visibles de la presión ambiental que actualmente enfrentan los sistemas agrícolas.
En distintas regiones de México, productores y especialistas han identificado menor presencia de estos insectos dentro de las parcelas, fenómeno asociado al aumento de temperaturas, la pérdida de vegetación, y el uso intensivo de agroquímicos.
Los polinizadores cumplen función fundamental para la agricultura. Parte importante de los cultivos destinados al consumo humano depende de la actividad de insectos como las abejas, responsables de procesos que influyen directamente en la formación de frutos y semillas.
Sin embargo, las condiciones que permiten su supervivencia se han deteriorado progresivamente debido a las alteraciones climáticas y a la simplificación de los paisajes agrícolas.
Especialistas advierten que las sequías prolongadas, las olas de calor y la reducción de cobertura vegetal, limitan la disponibilidad de flores y refugios para los polinizadores.
A esto se suma la expansión de monocultivos y el uso constante de agroquímicos, factores que afectan la movilidad, orientación y capacidad reproductiva de las abejas, debilitando las colonias y reduciendo su capacidad de supervivencia.
Las barreras vivas y la diversificación de cultivos, contribuyen a generar refugios y alimento para polinizadores como las abejas.
Estas prácticas agroecológicas también ayudan a conservar humedad, reducir erosión y disminuir la dependencia de agroquímicos dentro de las parcelas.
Frente a este escenario, distintas estrategias agroecológicas buscan recuperar biodiversidad dentro de las parcelas, y reducir la dependencia de insumos químicos.
Entre las principales recomendaciones destaca el establecimiento de barreras vivas, práctica que consiste en integrar especies vegetales alrededor o dentro de los cultivos para atraer insectos benéficos, conservar humedad y disminuir erosión.
Estas barreras, también pueden funcionar como rompevientos naturales y ayudar a reducir el crecimiento de malezas.
Otra recomendación técnica es establecer barreras de acuerdo con el ciclo agrícola y el tipo de especie utilizada.
Plantas propagadas por esquejes, como el botón de oro (Tithonia diversifolia), se pueden sembrar al inicio de las lluvias, mientras que especies como girasol o lupinus, de deben establecer antes o junto con el cultivo principal para que su floración coincida con los periodos de mayor actividad de insectos benéficos.
La diversificación y rotación de cultivos, se han convertido también en herramientas clave para mejorar la salud del suelo, reducir la dependencia de agroquímicos y favorecer la presencia de polinizadores e insectos benéficos.
Además de fortalecer la productividad, estas prácticas ayudan a que los sistemas agrícolas resistan mejor los efectos del cambio climático.
La desaparición progresiva de abejas y otros polinizadores comienza a evidenciar los límites ambientales de los modelos agrícolas intensivos, y la necesidad de integrar prácticas de conservación dentro de las estrategias de producción. (Redacción MEXICAMPO).
