Por Ana Luisa Guerrero.

De adolescente, Francisco Alfonso Larqué Saavedra descubrió que es a través del conocimiento como se puede generar bienestar social.

En su natal Texcoco, en el Estado de México, constató cómo los científicos de la Escuela Nacional de Agricultura y del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt) contribuían a optimizar la producción agrícola, una labor que atrajo su atención; pero el detonante para que dedicara su vida a la ciencia se dio en 1970, cuando se otorgó el Premio Nobel al doctor Norman Borlaug, director del programa de trigo del Cimmyt.

Desde ese momento orientó su esfuerzo para que el trabajo que realizara tuviera un impacto positivo en la población. Hoy, a cuatro décadas de distancia, mantiene intacta esa vocación.

Investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), sigue activo en el Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY), donde enfoca sus energías para contribuir a la autosuficiencia alimentaria incorporando el sector forestal a la Cruzada Nacional Contra el Hambre y contra el cambio climático en México a partir del árbol ramón.ALFONSO LARQUE

Su producción científica ha sido reconocida tanto a nivel nacional como internacional porque ha contribuido a elevar la producción agrícola y ha hecho énfasis en aprovechar la biodiversidad que se resguarda ahora en el Banco de Germoplasma del trópico mexicano del CICY para impulsar la economía del conocimiento.

Estudió biología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), realizó una maestría en ciencias en botánica en el Colegio de Postgraduados, en Chapingo, y el doctorado en la Universidad de Londres, en Inglaterra, con especialidad en fisiología vegetal, enfocando su trabajo en el control hormonal en plantas.

El doctor Larqué Saavedra comparte con la Agencia Informativa Conacyt parte de su trabajo y los proyectos que ha encabezado, desde el estudio para la producción continua del maíz y los hongos comestibles, el control hormonal del agua en plantas y el efecto del ácido salicílico en su crecimiento, con los cuales ha obtenido tres patentes.

Aspirina en plantas

Miembro titular de la Academia Mexicana de Ciencias y del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República, el doctor Alfonso Larqué es un investigador nato. Su trabajo en ciencia básica sobre el efecto del ácido salicílico en la productividad de plantas cultivadas, como ornamentales, frutales y de tipo alimenticio, es un referente internacional.

Desde 1975 es pionero en esta línea de investigación a la que se refiere como “aspirina en plantas”, a través de la cual ha logrado el incremento en la eficiencia en el uso del agua, mayor crecimiento de las raíces, incremento de biomasa de las plantas y el aumento del rendimiento de diferentes especies de interés antropocéntrico. Por ejemplo, ha constatado el incremento de más de 20 por ciento en la producción de chile habanero, pepino, jitomate y papaya; y en las plantas ornamentales, como la violenta africana, un ascenso en 74 por ciento en el número de flores por planta.

Sus resultados le permitieron patentar “El uso de salicilatos en el incremento de la bioproductividad en plantas” y “El uso de dimetilsulfóxido para incrementar la bioproductividad en plantas”; actualmente empresas comerciales transnacionales integran el ácido salicílico dentro de sus formulaciones, por lo que se le otorgó en 2010 el Premio de la Academia de Ciencias para el Mundo en Desarrollo (TWAS, por sus siglas en inglés) en el campo de Agricultura.

“El principio activo de la aspirina lo producen las plantas, en 1975 me hice la pregunta de que si tenía efectos impresionantes en los seres humanos, qué haría el ácido salicílico en las plantas. Mis investigaciones comenzaron en ciencia básica, publicamos artículos en revistas de alto impacto, hicimos experimentos en laboratorio, en invernadero y en el campo, hasta que transitaron al productor y ahora están en los productos comerciales”, dice en entrevista.

A la fecha, el doctor Larqué Saavedra sigue trabajando el tema debido a que es un proyecto de largo aliento al que debe darse seguimiento.

Revalorar el henequén

Los centros públicos de investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) —como lo es el CICY— tienen el objetivo de atender los problemas de la región en que se ubican.

En Yucatán, el henequén (Agave fourcroydes) históricamente ha sido una planta de alto valor que permitió establecer una de las primeras agroindustrias en el país, por el uso que se le ha dado a la fibra transformándola en productos textiles de uso doméstico, comercial, agrícola e industrial.

Con el propósito de dar valor agregado a esta planta emblemática en el escudo de la entidad, el doctor Alfonso Larqué lideró varias líneas de investigación, una de ellas centrada en producir una bebida alcohólica a partir de este agave.Licor de henequen

Por el alto contenido de azúcares del henequén se generó un desarrollo tecnológico para la elaboración de una bebida semejante al tequila, de hecho señala que «fue una cuestión muy afortunada porque, en efecto, las concentraciones de azúcares que medimos en la piña del henequén nos permitieron producir, patentar y licenciar este desarrollo».

El 25 de febrero de 2004 se otorgó una patente del proceso para la fabricación de bebida alcohólica a partir del henequén, ofreciendo una alternativa más de explotación para la agroindustria. En el año 2003 la patente fue licenciada a la empresa Licores de Henequén e incluyó el licenciamiento exclusivo de dos marcas: Henequén y Sisal. Esta transferencia tecnológica sentó precedente de los desarrollos realizados en el CICY hacia el sector privado.

Desafortunadamente el producto no ha sido explotado conforme a todas sus capacidades ante la escasez de la materia prima, pues en la entidad disminuyó drásticamente el cultivo del henequén.

“Este es uno de esos proyectos que se deben amalgamar con el sector gubernamental para que se estimule la plantación de nuevos ingenios, cosa que desafortunadamente no sucedió”, comparte.

No obstante, hace énfasis en que la investigación que realizaron sirvió para impulsar la industria tequilera en Jalisco, pues se comprobó que el destilado de henequén puede ser utilizado para la fabricación del tequila. Ejemplo de ello es que mucha de la producción de la planta fue llevada a la región occidente del país para fabricar la tradicional bebida mexicana.

“Uno de los más grandes estímulos fue que en la época en que se dio a conocer que el destilado de henequén era válido, en el año 2000 vino a Yucatán una inmensa cantidad de tráileres de productores de tequila por las piñas de henequén. Con ello se reconoció el proceso que desarrollamos”, recuerda.

Quien fuera director del CICY en el periodo 1998-2008 detalla que este trabajo es un claro ejemplo de la creación de una empresa de base tecnológica impulsada por un centro de investigación que concluye en un producto comerciable.

A la par, desarrollaron la producción de miel y bioetanol, dando mayor valor agregado a la planta. En ambos casos no hubo el éxito esperado ante la falta de materia prima y la ausencia de políticas públicas que incentiven la plantación del henequén; además, en el caso del bioetanol no existe una industria interesada en producirlo.

“Los tres proyectos vinculados con los azúcares del henequén nos permitieron estar seguros que, efectivamente, es necesaria la ciencia que se desarrolla en los centros de investigación para contribuir al desarrollo económico y social de las regiones”, abunda.

Más investigación Premioslarque_1604

Galardonado en el año 2000 con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Tecnología y Diseño, el renombrado investigador deja ver la pasión por su trabajo, convencido que no frenará su labor hasta el final de sus días.

“Estoy en mis 68 años y espero seguir trabajando por lo pronto para ver materializado el proyecto de incorporar el sector forestal (árbol ramón) para que a través de él atendamos la demanda de alimento para el sector pecuario en México”, dice.

Y es que, señala, es a través de la ciencia como se puede contribuir al desarrollo del país.

“Ha habido reconocimiento al trabajo que hemos hecho, eso me estimula porque de alguna forma hemos podido convencer de que sí se pueden hacer aportaciones que contribuyan al bienestar social, vía la ciencia y la tecnología. Eso es para mí totalmente claro, lo he visto y lo he podido cotejar. Sigo haciendo ciencia porque me encanta”, añade.

Desde 1972, el doctor Larqué Saavedra ha impartido clases. A la fecha suma más de cien tesis de licenciatura, maestría y posgrado dirigidas; en estos momentos asesora a una veintena de estudiantes.

Ha escrito más de cien artículos científicos y de divulgación, 23 capítulos para libros colectivos, y ha editado y compilado 19 libros.(Agencia Informativa Conacyt).