Originaria de la India, desde antes del año 2000 (a.C.), la berenjena es una hortaliza que tiene múltiples beneficios para la salud: es antioxidante, porque mejora la actividad celular; diurética, porque estimula la actividad renal, y depurativa, porque su ligero sabor amargo estimula el buen funcionamiento del hígado y facilita el trabajo de la vesícula biliar, favoreciendo la digestión de las grasas. Sin embargo, es poco conocida y consumida en nuestro país, aunque su comercialización data de la década de los treinta del siglo XX.

   Su piel es lisa, brillante y de diversos colores: blanca, negra, amarilla o roja, aunque la más común es la violeta o púrpura. Por dentro tiene semillas y una pulpa blanca o verde, según sea la variedad. Es rica en vitamina A, B1, B2, C y E, además de contener potasio, calcio, magnesio, hierro y fósforo, así como ácido fólico, fibra y carbohidratos (en muy pequeña escala). Se debe comer cocida, porque tiene un alcaloide tóxico que, en ocasiones puede provocar trastornos intestinales y dolores de cabeza intensos, mismo que se destruye a través de la cocción.

   Con un bajo consumo per-cápita en México, la mayor parte de la producción que se genera en Sinaloa y Nayarit se exporta a Estados Unidos, siendo los consumidores fundamentales Francia, Alemania, Canadá y el Reino Unido. A nivel mundial, los principales productores son China, India, Turquía, Japón y Egipto; y los exportadores: México, los Países Bajos, España, Jordania y  Estados Unidos.

   Contiene una gran cantidad de agua, por lo que tiene pocas calorías y resulta un excelente diurético; también posee ácido clorogénico, el cual protege contra algunas infecciones. En su piel existen flavonoides que ayudan a disminuir el colesterol en la sangre. Además, la berenjena previene ciertos tipos de cáncer, la ateroesclerosis y enfermedades cardíacas.