La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), ha programado llegar a producir en el estado de Sinaloa 21 mil toneladas de semilla de maíz hídrica, durante el ciclo otoño/invierno, a fin de abastecer de semilla a 1,600 hectáreas lo que reducirá en 50 por ciento el costo del grano para siembra.

El costo estimado por hectárea es de 23,040 pesos por hectárea y con una utilidad por hectárea de 26,760 pesos, que se comparan con los 30,000 pesos del costo y 19,800 de utilidad, correspondientes a un manejo tradicional con uso de agroquímicos.

El proyecto contempla aplicar el plan Agricultura Campesina de Conocimientos Integrados (ACCI) y Manejo Integral de Cultivos Inducidos (MICI), informó el subsecretario de Autosuficiencia Alimentaria, Víctor Suárez Carrera.

Dicho objetivo forma parte del programa Producción para el BienestaR, que prevé -con su Estrategia de Acompañamiento Técnico (EAT)- producir maíz blanco con la participación de 481 productores de los municipios de Mocorito, Angostura y Salvador Alvarado.

Se prevén, prácticas sustentables, sin agroquímicos, y rendimientos de 12 toneladas por hectárea (similares a los del sistema tradicional), con efectos positivos en costos, rentabilidad, sustentabilidad y cosechas sanas.

​“Un nuevo paradigma de agricultura sustentable está en evolución en México y el mundo, es un deber garantizar derechos de vida y alimentación sana a productores y consumidores de hoy y generaciones futuras”, expuso.

“La agricultura sustentable, con reducción gradual o eliminación total de agroquímicos, y las políticas que la fomentan están en marcha en México y el mundo y nadie las va a parar, pues son necesarias para garantizar los derechos a la alimentación y un medio ambiente sano de los agricultores y consumidores de hoy y de las próximas generaciones”.

El funcionario participó en el foro Agrotecnologías para el cultivo del maíz, quien detalló el trabajo desarrollado para impulsar la transición agroecológica en campos de Sinaloa.

“Es un trabajo de la Sader en articulación con empresas, organizaciones y líderes de productores, científicos, el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias, Forestales y Pesqueras (INIFAP) y el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica)”.

Resaltó que ese esquema se produjo soya -después de 25 años de prohibición motivada por un señalamiento de que los cultivos de la oleaginosa atraían a la plaga de la mosca blanca y afectaban campos vecinos de hortalizas.

“Con prácticas agroecológicas: uso de microorganismos, de lombricomposta y control biológico de plagas, entre otros, se logró producir soya este 2020, en plan piloto sin incidencia de la plaga y además mayores rendimientos, menos costos, y sobre todo, con cosechas saludables de soya que se cataloga como orgánica”.

En el foro, organizado por la diputada federal por Sinaloa, Yadira Santiago Marcos, Víctor Suárez destacó que ante una condición grave de deterioro y contaminación de suelos y cuerpos de agua, México debe transitar hacia la agricultura sustentable con una reducción gradual de los agroquímicos.

El sistema ACCI-MICI aprovecha la sabiduría que los agricultores han acumulado por generaciones y propicia el intercambio de conocimientos de campesino a campesino, de científico a campesino y de campesino a científico y tiene en el núcleo de su interés a los productores, a sus familias y a las organizaciones locales y regionales de éstos.

Dijo que en el trabajo que la Sader desarrolla por medio de la EAT en 23 regiones del país, y con el sistema ACCI-MICI, “un elemento fundamental es dejar atrás el paradigma de que el suelo es un ente muerto, inerte, que requiere recibir desde afuera todos los nutrientes y fertilizantes químicos,”.

El suelo, afirmó, es un ente vivo y las plantas cuentan con elementos de información que hay que entender porque tienen un mecanismo de resistencia vegetal frente a agobios bióticos y abióticos.

Necesitamos un sistema de acción complejo, como lo es ACCI-MICI, con importante uso de lixiviados de lombricomposta, con consorcios de microorganismos, con aparatos de medición constante -a lo largo del desarrollo de los cultivos- de la salud del suelo y las plantas, lo que está permitiendo obtener resultados positivos.

Los efectos son menores costos y emisión de gases de efecto invernadero, mayor rentabilidad, regeneración de los suelos y producción de alimentos más saludables.

En este marco hay otros resultados: se revaloriza el trabajo campesino, se propicia la elaboración de insumos con recursos propios de las localidades, se impulsa la producción doméstica de semillas nativas e híbridas, se reactiva la economía agrícola y rural, se reconstruye la cohesión social a escala familiar y comunitaria, y se minimiza la dependencia de compras de empresas trasnacionales proveedoras de semillas, fertilizantes, plaguicidas y demás insumos.

Con estas acciones buscamos tener productores fuertes, libres y autónomos, expresó.

Los sistemas de producción sustentable implican inversiones, como biofábricas de microorganismos, laboratorios de control biológico para producir insectos benéficos y centrales de maquinaria de labranza mínima, y todo esto puede lograrse desde la organización propia de los involucrados, como ocurre en la región del Évora, en el norte de Sinaloa, indicó.

El funcionario precisó que en Sinaloa la dependencia trabaja conjuntamente en procesos sustentables con la Junta Local de Sanidad Vegetal del Valle del Évora, con el Club de Mínima Labranza y con la empresa de agricultores Impulso Rural, S.A. de CV. (Redacción MEXICAMPO).