Biofertilizantes alternativa a la dependencia de agroquímicos rusos
Ciudad de México, 28 de marzo.- A lo largo de dos décadas de uso ineficiente e indiscriminado de fertilizantes, y ante el contexto mundial que amenaza el abasto alimentario de México, en el futuro inmediato, el gobierno debe tener al menos como alternativa para la producción agrícola, traducida en política pública el uso de biofertilizantes para mitigar el anunciado desplome de la producción de alimentos.
Las autoridades de Estados Unidos convocaron a sectores a buscar alternativas innovadoras a los fertilizantes, en México hay inacción, por lo que los poderes Ejecutivo y Legislativo deben actuar de inmediato y en forma anticipada, para evitar una crisis alimentaria en el país.
Pese a que México es pionero a nivel mundial en la investigación y desarrollo de los biofertilizantes, hoy en día no existe una política pública que impulse de manera contundente esta alternativa, que hoy más que nunca requiere el país, expone el analista Marcel Morales Ibarra.
Hablar de los fertilizantes, significa hablar de altos costos. Esto se ha agudizado que en las últimas semanas a consecuencia del conflicto bélico Rusia-Ucrania, donde está la zona más importante de abasto de fertilizantes del mundo.
Acota que el encarecimiento de los fertilizantes es un proceso continuo que ya acumula más de dos décadas. Tan sólo del 2000 al 2018, el precio de los fertilizantes se multiplicó por cuatro; por ejemplo, el caso de la urea pasó de 2,000 pesos por tonelada a más de 8,000.
“El encarecimiento, los fertilizantes es hoy el concepto más caro en la estructura de costos de la producción agrícola. En maíz, por ejemplo, este insumo pasó de representar de 10-12 por ciento a 40-42 por ciento de los costos de producción. Esta participación se disparó en los últimos meses, ya que el precio de los fertilizantes se incrementó del 100 al 200 por ciento”.
Morales Ibarra, director de Biofábrica Siglo XXI, añade que el problema que representan los fertilizantes convencionales, no sólo es su alto precio, sino que hablamos del insumo más ineficiente, el menos aprovechado y el que más se desperdicia.
“Su eficiencia, es decir, su aprovechamiento por la planta, apenas es del 20-30 por ciento, como promedio nacional; es decir, entre 70 y 80 por ciento del insumo más caro se desperdicia, encareciendo desmesuradamente los productos agrícolas. Cuando inició el uso de fertilizantes, a finales de los años 60 principio de los 70, su nivel de eficiencia era del 80-90 por ciento”.
“Lo paradójico –enfatiza-, es que esta alta ineficiencia es producto de la degradación y esterilidad de los suelos que el mismo fertilizante ha generado en las últimas décadas”.
A los problemas de los fertilizantes habrá que añadir que se trata del insumo más contaminante del suelo, agua y atmósfera, lo cual genera larga cadena de daños ambientales. En el proceso de producción, distribución, hasta su aplicación, por cada kilo de nitrógeno que aplicamos al suelo, se emiten 12 kilos de CO2 a la atmósfera, detalla.
“Los más absurdo de todo es que con esta cauda de efectos negativos que durante décadas generan los fertilizantes, no se hayan tomado acciones al respecto, aun cuando hay evidentes alternativas, viables y deseables, como es el caso de los biofertilizantes, que incluso, sin eliminar el uso de los agroquímicos incrementan la eficiencia de éstos en 100 o 200 por ciento, permitiendo su disminución hasta en 50 por ciento, sin demérito de la producción; por el contrario con incrementos en rendimientos”.
Subraya el experto que los biofertilizantes, no contaminan, ayudan al control de enfermedades y plagas y son regeneradores del suelo, al mejorar sus características físicas, químicas y biológicas, que se traducen en productividad.
Recuerda que en 1980 la UNAM fundó “el Centro de Investigación de Fijación de Nitrógeno”, base de la biofertilización. Entre 1999 y 2000, entonces Sagarpa realizó un convenio con esta institución para difundir en el país el uso de los biofertilizantes, llegando a propagar su uso en más de 2,000.000 de hectáreas en diversos cultivos.
El Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias y la UNA, realizaron evaluaciones, las cuales fueron muy estimulantes. Con el cambio de gobierno en el año 2000, llega una nueva administración en la Sagarpa y el programa de biofertilización fue de los primeros en desaparecer.
“Ante el contexto actual, es momento que el gobierno federal mire estas alternativas ya probadas, que pueden contribuir a evitar una crisis alimentaria”, expresa Marcel Morales. (Redacción MEXICAMPO).
