EDUARDO GONZÁLEZ SILVA

La política de control migratorio implementada por el gobierno federal por el éxodo de migrantes centroamericanos en los últimos meses rumbo a Estados Unidos, logró detener una parte el contrabando de café por Chiapas, procedente principalmente de Guatemala y Honduras.

Práctica nociva que afecta a los pequeños cafeticutores de la entidad, ya que el aromático ingresa al país desde hace años, se hace sin ningún de control de calidad, evade el fisco, además de estar contaminado y sobre todo a muy bajo precio, lo que distorsiona las condiciones del mercado local y nacional.

Marcelo Herrera Herbert, representante de la Alianza Nacional de Organizaciones Agropecuarias y Cafetaleras, y Braulio Álvarez López, de la Coalición Nacional de Organizaciones de Pequeños Productores de Café, alertan que cada año entran en promedio por el sur de México, alrededor de un millón de sacos de café. 

Ese fenómeno, aunado a la falta de programas gubernamentales de apoyo a los cafeticultores, contribuyó a la drástica caída de México como productor mundial de café al pasar del quinto al onceavo lugar.

Refieren, sin embargo, que los productos enfrentan también la baja en la cotización del aromático en los mercados internacionales, a menos de 100 dólares el quintal, cantidad que no alcanza a cubrir el costo de producción. Precio que por lo menos debería oscilar los 120 dólares el quintal.

Además, persiste la carencia de vías de comunicación (caminos y carreteras) para sacar el producto, y en el caso del estado de Chiapas, el gobernador Rutilio Escandón Cadenas, no ha diseñado programas y tampoco ha destinado recursos para apoyar a los pequeños productores.

Mencionan la baja en el consumo de café y que tanto autoridades federales como estatales deben establecer acciones que incentiven en la población a consumir café, sobre todo del que nuestro país produce. 

Por lo que se refiere al estado de Chiapas, el 62 por ciento de los productores son de origen indígena, están entre los más pobres del país, los que siempre han recibido menos de 20 centavos (o el 1 por ciento), de lo que cuesta una taza de café, y actualmente en Nueva York el precio en el mercado accionario es de 25 por ciento de lo que se pagaba en 1983.

Ante ese panorama, refieren que es necesario modificar la actual norma mexicana (NOM) del café soluble, la cual permite que hasta 70 por ciento sea café, mientras que el resto son saborizantes artificiales, conservadores, maíz, garbanzo y tortilla quemada, entre otros adicionantes.

Piden, que el gobierno federal de seguimiento, al desarrollo del sector cafetalero, para dar estabilidad y apoyo en el crecimiento de los estados productores, con programas para fortalecer la producción primaria (planta y paquete tecnológico), capacitación en actividades superiores como comercialización, venta de café tostado y en taza, para dar valor agregado y poder superar la crisis. 

En suma, necesitan un fondo de ingresos que les permita obtener por lo menos 120 dólares el quintal, y conjuntar en una sola instancia los procesos de investigación y desarrollo para la planeación y puesta en marcha de acciones que coloque a México como gran productor de café.

Ambos dirigentes coincidieron que tampoco es con discursos como el de la legisladora de la Ciudad de México, Cirse Camacho Bastidas, que recientemente trajo a un grupo de productores para que ofertarán sus productos, sin embargo, fueron ubicados en un rincón del edificio administrativo del congreso local, los que no lograron mínimamente ventas, para así recuperar sus gastos por haber acudido a la CDMX.