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Esplendor y grandeza de México atrapada por la corrupción: AMLO

Eduardo González Silva

Sin ambages, ante los ojos del pueblo de México y del mundo, al asumir el cargo número Septuagesimo noveno (79) presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, desmenuzo cada una de las causas por las que el país está sumido en la peor crisis social y económica de su historia.

En su discurso de toma de posesión luego de un tercer intento, empoderado de la máxima tribuna de la nación soltó, “no tengo derecho a fallarle al pueblo de México”, luego de reiterar su ofrecimiento de acabar con la vergonzosa corrupción que envuelve al país.

Beatriz Gutiérrez Müller, su actual esposa, sentada al lado Ivanka Trump, enviada como representante familiar del mandatario estadunidense Donald Trump, escucharon las palabras de agradecimiento del nuevo mandatario hacia Peña Nieto, por no haber intervenido para influir en el resultado de las elecciones como lo hicieron otros presidentes.

Aunque instantes después sobrevino el descargo de pruebas de López Obrador, por la palidez a los últimos 36 años que ha vivido México, “por la más inmunda corrupción pública y privada”.

Un discurso, que se endureció en cada una de las palabras que expresó el nuevo mandatario, de la llamada reforma educativa, determinante remarcó en derogarla. Y de ahí a las mentiras, que una y otra vez le recetaron a la población, así de otra reforma, la energética que venía a salvarnos, estableció que llegó el “aumento desmedido de las gasolinas diésel y gas”.

No se olvidó López Obrador de los asalariados, remarcó ante los integrantes de la oligarquía ahí presentes, que la percepción de la clase obrera es de las más bajas del mundo.

En su intervención intercaló la causa primigenia de la crisis de México, “ocupamos el lugar 135 en corrupción de 176 países evaluados. Pasamos a ese sitio luego de estar en el lugar 59, en el 2000; al 70, en el 2006; escalar al 106, en el 2012 y llegar en el 2017 a la vergonzosa posición en la que nos encontramos”.

No daba tiempo a la interrupción de su mensaje con largos aplausos, la aprobación a lo que decía se cortaba con un pronunciamiento a otro de su discurso.

Saludó a cada uno de los mandatarios y jefes de estado asistentes al evento, llegó la monarquía un Rey y un Principe. Pero cuando citó el nombre del dictador venezolano Nicolás Maduro, se encendió la bancada de los legisladores panistas, que extendieron una manta de rechazo por la presencia del extranjero.

Al dolor que acompaña a miles de mexicanos víctimas de la inseguridad y la violencia, en el conteo de los legisladores de Morena por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, López Obrador, dio a conocer la creación de la comisión de la verdad, para castigar los abusos de autoridad para atender el caso de los jóvenes desaparecidos.

En cuanto a las acciones de privatización de las empresas públicas, el presidente de la República dijo que “ha sido sinónimo de corrupción, casi siempre ha existido ese mal en nuestro país, pero lo sucedido no tiene precedentes”.

Y en otro punto de la corrupción, manifestó, “queremos regenerar la vida pública de México, además, siendo honestos, como lo somos, si abrimos expedientes, dejaríamos de buscar chivos expiatorios y tendríamos que iniciar con los de mero arriba. No habría juzgados ni cárceles suficientes”.

Con un tono claro de voz, del que ya muchos mexicanos están acostumbrados, concluyó: si me piden que exprese en una frase el plan del nuevo gobierno, respondo, acabar con la corrupción y la impunidad.

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