Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU),  el tema central del Día Internacional de la Mujer de 2017, este 8 de marzo Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030,  ha exhortado a dar el paso por la igualdad de género que  garantice que el mundo laboral beneficie a todas las mujeres.

La ONU resalta que el mundo laboral está cambiando de un modo que tendrá consecuencias significativas para las mujeres. Por un lado, los avances tecnológicos y la globalización brindan oportunidades sin precedentes a quienes tienen la posibilidad de acceder a ellos. Y están en aumento la informalidad laboral, la desigualdad de los ingresos y las crisis humanitarias.

En este contexto, describe que el 50 por ciento de las mujeres en edad de trabajar, están representadas en la población activa mundial, frente a un 76 por ciento en el caso de los hombres.

Es más, una abrumadora mayoría de las mujeres trabaja en la economía informal, subvencionando el trabajo de cuidados y doméstico, y se concentran en empleos peor remunerados y con menos calificaciones, con poca o ninguna protección social. Lograr la igualdad de género en el trabajo es indispensable para el desarrollo sostenible

Las mujeres tienen en su mayoría trabajos menos lucrativos y que no permiten disfrutar de prestaciones. Ganan menos que los hombres, aun cuando soportan el enorme peso -fundamental en términos económicos-, que representan el trabajo de cuidado no remunerado y el trabajo doméstico.

En ese sentido, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, señaló que el 8 de marzo, se honra la lucha en pro de los derechos humanos de millones de mujeres que han exigido el respeto de sus derechos y los de los demás.

“En demasiados países asistimos ahora a un contraataque contra los derechos de la mujer, una reacción que nos perjudica a todos. Debemos permanecer en alerta, el avance de los últimos decenios es frágil y en modo alguno debería darse por sentado”, indicó.

ZeidRa’ad Al Hussein, manifestó que en Burundi, existe una ley sobre la violencia contra las mujeres que, en muchos aspectos, es progresiva, en el sentido de que penaliza la violación en el matrimonio y prohíbe las prácticas nocivas.

Pero, al mismo tiempo, culpabiliza a la mujer que padece la violencia de género por su “atuendo indecente” o su “conducta inmoral”. Una ley sobre el matrimonio precoz que se aprobó la semana pasada en Bangladesh, es al parecer, más laxa que la normativa a la que sustituye, ya que contiene una cláusula que permite que las muchachas menores de 18 años contraigan matrimonio en “circunstancias especiales”, que no aparecen definidas en el texto de la propia ley.

En la Federación de Rusia, los activistas no lograron detener la despenalización de determinadas modalidades de violencia doméstica.

Los esfuerzos de dirigentes políticos y de la sociedad civil encaminados a permitir el acceso a los derechos sexuales y reproductivos bajo determinadas circunstancias en El Salvador, la República Dominicana, Honduras y Nicaragua, se enfrentan a una enérgica resistencia y han generado contrapropuestas legislativas y políticas.

También se destacó en Argentina, Uruguay, Chile, México y Perú, el movimiento “Ni Una Menos”,en el combate al feminicidio y la violencia contra la mujer.

En la India, hemos visto cómo las mujeres protestan contra la violencia sexual, y se producen movimientos para reclamar su derecho al espacio público. En Polonia, miles de mujeres y hombres fueron a la huelga y se manifestaron contra un proyecto de ley que proponía penalizar el ejercicio de algunos derechos sexuales y reproductivos.

Naciones Unidas resalta que lograr el empoderamiento económico de las mujeres requiere de un cambio transformador, para compartir la prosperidad de forma equitativa, sin dejar a nadie atrás. La comunidad internacional ha asumido este compromiso en la Agenda 2030, para el Desarrollo Sostenible.

Todas las mujeres deberían poder disfrutar de su derecho a un empleo decente, concluye.