Ciudad de México, 12 de junio de 2020.-El Presidente de la Unidad de la Fuerza Indígena y Campesina, Isidro Pedraza Chávez, advirtió que la crisis económica y social agudizada por la pandemia provocará un aumento del 0.4 por ciento en la mano infantil, de  en las zonas rurales de México. slo que implicaría un retroceso, de dos años, en los esfuerzos por reducir la mano de obra de niños y niñas en campos agrícolas.

Precisó que esta situación implicará un retroceso en los esfuerzos por reducir la presencia de los menores en las labores agrícolas, ganaderas, forestales, de caza y pesca, donde se concentra más el trabajo infantil. Añadió que de acuerdo con el INEGI existen 3.2 millones de niños de entre los cinco y 17 años de edad que viven en el campo, de ellos un 30 por ciento, es decir 960 mil niños se dedican a trabajar con sus padres en el agro.

Muchos de ellos migrantes, trabajan en los campos agrícolas de Baja California, donde la jornada de trabajo se les paga a 236 pesos por más de 10 horas. En el caso de los adultos el turno no es mayor a las ocho horas.

En este contexto, Pedraza Chávez propuso al gobierno federal adoptar acciones puntuales y focalizadas a favor de los grupos poblacionales más vulnerables, para evitar que se registre un incremento en la tasa de trabajo infantil en los campos agrícolas.

En el marco del Día Mundial Contra el Trabajo Infantil que se conmemora cada 12 de junio, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) lanzó un llamado para concientizar sobre la gravedad del problema y erradicarlo.

El dirigente de la UFIC, precisó que se ha podido observar también que el trabajo infantil agrícola se concentra fundamentalmente en cultivos que requieren muchos jornales (como hortalizas, cítricos, caña, café, flor de corte, berries, uva y tubérculos) se trata de pequeñas unidades de producción más empresas agroexportadoras.

En los municipios que antes de la crisis presentaban un mayor riesgo de trabajo infantil el panorama empeorará debido a los mayores niveles de pobreza, una mayor proporción de población con ingresos insuficientes para cubrir las necesidades mínimas, menores niveles de escolaridad así como trabajos más precarios e informales.

En este tipo de contextos, existe una mayor probabilidad de que niños, niñas y adolescentes se incorporen al trabajo en modalidades de trabajo peligroso que no solo son perjudiciales para su desarrollo físico y psicológico, sino que se crean condiciones que les privan de su niñez, su potencial y su dignidad además constituyen una forma inaceptable de mitigar la falta de ingresos de los hogares.

Para Isidro Pedraza Chávez, en México se prevé que en 2020 el PIB tenga un decrecimiento de 7% (Banco de México) y una pérdida de empleos formales de por lo menos 1.5 millones crisis que ya se refleja con un menor dinamismo del empleo registrado por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Con este panorama, de cara a los efectos del COVID-19, los indicadores de trabajo infantil y de trabajo adolescente es peligroso y podrían incrementarse significativamente si no se implementan medidas y estrategias para reducir el impacto.

Por todo ello, aseguró el dirigente de la UFIC, se hace imperativo que el Gobierno Federal junto con las organizaciones de empleadores, trabajadores y la sociedad civil generen estrategias y programas con un enfoque de salud en todas las políticas para evitar el retroceso de los avances conseguidos en esta materia durante los últimos años.