Por: Yolanda Hérnández Escorcia

El prestigio de un periodista viene indisolublemente ligado a la credibilidad de lo que redacta o escribe en sus textos. Una muy buena pluma puede ser letal cuando viene acompañada de todas las pruebas, logradas tras una larga y minuciosa investigación de las fuentes, que le permiten desenmascar asuntos de interés público, que fueron presentados cargados de malas intenciones y nula objetividad, sobre un contexto social en el que se inscribieron los hechos. Lamentablemente cada vez este tipo de plumas, se ha ido reduciendo y el número de estos periodistas que hicieron época en el diarismo nacional, ya no alcanzaron a vivir la efervescencia de la gran red de la Internet.

Hoy en día pululan y brotan al por mayor en las redes sociales, medios impresos, Radio y TV textos cuyo propósito buscan confundir, enrarecer el ambiente público con rumores y comentarios insidiosos, que no críticos, acompañados de imprecisiones reforzadas con imágenes alteradas, viñetas, memes; y otros recursos visuales que hoy existen, hasta para aventar para arriba, y que agregan siempre una buena dosis de morbo, burla y espectacularidad.

En tiempos de Coronavirus, columnistas, articulistas, analistas políticos y económicos, bufones, reporteros, locutores, lectores de noticias, caricaturistas, fotógrafos, editores, y muchos sujetos más, una gran mayoría empíricos, que sin haber cursado la carrera de periodismo ni conocer las más elementales reglas del rigor periodístico y ética profesional han sacado partido y creado audiencias a costa del ataques, desde diversos frentes para desacreditar la información que procede de las fuentes oficiales.

Sujetos que se fueron adecuando a las necesidades y exigencias que les demandan sus medios y que incluso muchos “dizque profesionales”, no han cejado en su empeño por manipular, alterar, difamar y confundir a la población sembrando la duda, el encono e incluso la  confrontación con información sin una fuente real y confiable. En tiempos de Coronavirus, la pandemia ha sido utilizada para criticar y demostrar la poca efectividad y el fracaso institucional que ha habido en su combate, remarcando que ello inevitablemente conducirá al país al caos y la miseria, como si en tiempos pasados los mexicanos hubiésemos vivido el resplandor y la bonanza como resultado de las decisiones y acciones que tomaron los gobiernos priistas y panistas.

No es la crítica como tal lo que se cuestiona, porque si fuera así, esta sería bienvenida, siempre hace falta abrir los espacios a la discusión objetiva, razonada y equilibrada de la sociedad, gracias a un buen análisis. Aquí lo que se discute es la forma tan insistente que existe, en un muy identificado grupo de comunicadores por desvirtuar todos los contenidos informativos que genera el gobierno federal y crear un rechazó o malestar generalizado entre la audiencia, lector o seguidor, que no siempre están bien informado, para abonar en enrarecer el clima político, social y económico, actos deleznablea que poco abona en crear una conciencia política crítica, tan necesaria en estos tiempos. En pocas palabras lo que buscan es “pescar incautos o resentidos” gente molesta que perdió su empleo, su medio de subsistencia, su apoyo institucional, y que con la llegada de la pandemia, por las mismas condiciones en que se presento los obligó a aislarse para detener los contagios, agregando otros elementos más al estrés y la angustia a su vivían.

Analistas y columnistas de todos los medios mimetizados con alguna figura pública, partido político u organización social, se han dado a la tarea de confundir a la gente, para que les ayude a reproducir y diseminar los rumor y noticias inciertas inventadas al calor del enojo, acompañadas de memes y replicadas por cientos de boots, pagados por algún político o empresario, para lograr el objetivo deseado.

Estos periodistas que se han prestado a hacer el trabajo sucio, han ocupado cargos importantes dentro de los medios para los que colaboran y sexenios atrás y que se vieron beneficiados con salarios y cobros de publicidad millonarios por difundir sin reparo los logros del Ejecutivo en turno y que han sido determinantes en influir en la línea editorial a favor o en contra de sus adversarios.

Hoy muchos de ellos perdieron sus privilegios y las jugosas entradas de dinero que recibían por vender su pluma y su voz y hablar bien de quienes los beneficiaban, existen evidencias de ello. Así se acostumbraron a recibir prebendas durante varios sexenios y gracias a ellas vivieron como reyes con tan sólo “negociar” unas líneas editoriales, columna política o artículo de opinión, su pluma tenían un valor que no era precisamente el de la verdad, sino el del dinero.

Otros reporteros que lograron beneficiarse a través de las áreas de prensa gubernamentales, fungiendo como coordinadores de Comunicación Social, con el gobierno de la 4ta transformación se quedaron sin chamba al desaparecer estas oficinas gubernamentales, lo que provoco un serio problema, ya existente, de desempleo en  quienes por años,  brincaron de una a otra área de prensa gubernamental o del sector privado para ofrecer sus servicios. Los reporteros que formaron parte de lo que se conoce como la tropa, subsistieron con salarios raquíticos y muy poco reconocimiento a sus años de esfuerzo y trabajo de campo o banqueta realizado día a día, a muchos no les quedaban de otra más que obedecer las órdenes del jefe, para preservar su fuente de empleo sino querían que les recordaran la máxima de; “el que paga manda”.

Cuántos reporteros se convirtieron en el enlace entre los políticos y columnistas,  llevaban y traían la información de interés para comentar o publicar, a cambio de unos pesos, mientras que los columnistas se llevaban toda la tajada. Esos medios, todos sabemos cuáles son, desde hace tiempo perdieron credibilidad y el prestigio que habían logrado en algún tiempo, gracias a otras buenas y honestas plumas que les colaboraban y que lamentablemente con el paso del tiempo se fue extinguiendo o tomando “su sana distancia”, por la falta de confianza de los lectores. Existen contadas excepciones de periodistas y reporteros, porque si los hay, que a costa de mantener un espacio en estos medios y tener una entrada para sobrevivir se han mantenido a distancia prudente, para que nos los echen en el mismo saco, esto sin querer ha beneficiado a algunos de estos espacios para que sigan abiertos.

La pandemía ha sido, es y será el pretexto perfecto de estos comunicadores desacrediten y destruyan cualquier esfuerzo, por significativo que sea, del trabajo que han venido haciendo a lo largo de estos meses investigadores, matemáticos, estadistas, científicos, médicos, enfermeras, trabajadoras sociales, personal administrativo y cientos de miles de personas en el control y combate de esta terrible enfermedad, que ha cobrado la vida de más de 27 mil personas a la fecha,  que proviene de un virus del cual poco a poco se ha ido conociendo, y que mientras eso ha sucedido ha ocasionado muertes en todo el mundo.

Cuestiona la veracidad de los datos, hacer creer que son cifras alteradas, datos falsos alejados de la realidad, que existe una malintencionada actitud por desinformar, requiere de pruebas, de datos fehacientes que contradigan la información que noche a noche se ha venido dando a conocer por las autoridades de salud. No demostrar con hechos y datos lo que se cuestiona es una falta de responsabilidad de los críticos sistemáticos.

La decisión gubernamental de reportar diariamente a través del vocero y subsecretario de Salud, Hugo López Gattel acerca de la evolución de la pandemía, podría ser un acierto en una política de comunicación gubernamental que intenta dar a conocer las cifras y resolver las dudas de los reporteros. Aunque también y ya se ha visto así para muchos es la oportunidad o el espacio para atacar y calificar de charlatan a un destacado especialista y epidemiologo de reconocimiento internacional.

Cada quien es libre de creer o no que el país vive un proceso de cambio económico, política y social, pero intentar desacreditar cada acción, programa o acto de gobierno, o ponerse a exigir cambios contundentes en un lapso de tiempo tan corto, sobre los resultados efectivos en el manejo de una pandemia sanitaria, del tamaño del Coronavirus, es una aberración cuándo se sabe que lo que había que hacer, era corregir todo el andamiaje de un tren viejo, oxidado e inútil en que estaba convertido el sistema de salud, y que estaba a punto de descarrilarse. No es tarea fácil rescatarlo del abandono de sexenios y sexenios, y el hacerlo es una tarea titánica que en tiempos de pandemia se antoja aún más complicada, porque lo que se busca es salvar vidas con lo que se tiene.

Muchos mexicanos se han convertido en auténticos verdugos y críticos de los actos de gobierno, de un presidente que nos guste a no fue elegido en las urnas por más de 30 millones de electores, que demandaban un cambio de las estructuras existentes y que podrá evaluarse su trabajo y los resultados que entregue, cuando concluya su sexenio. Por ahora habrá que esperar a ver hasta donde hacen mella los ataques orquestados desde los partidos políticos, iniciativa privada, organizaciones sociales, molestos porque les retiraron los apoyos que recibían como resultado de los recortes a los gastos de publicidad y otras áreas no prioritarias para la nueva administración federal que promueve una política de austeridad.