SIN TANTO ROLLO

Eduardo González Silva

Más allá de las amenazas patológicas del presidente Donald Trump hacia México, con el vacío de poder que hay en todo el aparato del Estado para hacer frente a los ataques lanzados por tan ilustre personaje, será la sociedad civil la que, como nunca antes en la historia de nuestra nación, defina tarde o temprano las acciones a adoptar en todo lo que implica poner un alto a las dificultades que vendrán en la relación con nuestro vecino país del Norte.

Condenado hoy por el mundo actual, el pensamiento científico desarrollado por Marx, ubica con precisión a México como el más claro ejemplo de lo que es la repetición de la historia. Como un país débil, dividido, al borde del sometimiento absoluto del poder capitalista, con apoyo del clero el otro mayor enemigo histórico de nuestra República. Sociedad que tendrá que tomar decisiones, en medio irónicamente de un ambiente aderezado con la barbarie que hoy vive cada rincón del país por la violencia e inseguridad pública, producto del narcotráfico, la corrupción e impunidad.

Ello, tal como ocurrió a mediados de los siglos XIX y principios del XX, cuando se registraron las intervenciones militares estadounidenses, en una de ellas, se perdió más de la mitad de nuestro territorio o la de 1916, que dio el triunfo a Carranza contra los guerrilleros Villa y Zapata.

Los responsables de todo el desaguisado que padecemos, tienen nombre y apellido: los oligarcas que se han dado gusto al concentrar y explotar la inagotable riqueza que tiene el país, con todo y una Constitución (que no es más que letra muerta), y pese a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (una vulgar simulación), los indígenas, la  mayoría de la población rural, y los habitantes de los alrededores de las grandes ciudades, viven en condiciones de total esclavitud.

En este espacio advertimos ante la inminente llegada de Trump a la Casa Blanca, que con ello terminaría la zona de confort para la clase política y empresarial, que en el transcurso de dos siglos, llevaron a su antojo su enriquecimiento personal a costa de entregar el país a los intereses del gran capital.

El gobierno le llamo “desincorporación” a la venta de innumerables empresas propiedad del estado, y casi por decreto mantuvo la contención salarial (bajo el argumento de atentar con la estabilidad de la economía).

Gran número de políticos del PRI y PAN, principalmente, se convirtieron de la noche a la mañana en prósperos hombres de negocios, comenzaron desde hace 30 años con el saqueo indiscriminado de la nación. Mientras que millones de mexicanos tuvieron que huir hacia Estados Unidos en busca de su sobrevivencia, algunos alcanzaron su objetivo otros murieron en su intento por cruzar la frontera, otros más se convirtieron lamentablemente en indocumentados a los que igual que Obama, Trump quiere deportar.

La salida de casi 15 millones de mexicanos, sirvió de válvula de escape al viejo régimen, que junto con los dueños del gran capital no generaron los empleos suficientes que la población económicamente activa demanda. Esos capitalistas no se apropiaron de negocios que generaran valor agregado, su principal rubro el sector servicios (medios de comunicación, telecomunicaciones, casas de juegos, líneas aéreas, tiendas departamentales, espectáculos, etcétera), así se la llevaron de a pechito.

En los sexenios panistas el barril de petróleo alcanzó los precios más altos de su historia, los dólares en dos sexenios llegaron por carretadas, junto con las remesas también las más altas, con lo que la dictadura perfecta mantuvo la cotización peso-dólar en un promedio de 12 pesos. ¿Dónde quedó todo ese dinero? El actual -otra vez titular de Hacienda, y el gobernador del Banco de México-, deben responder a ello.

Ya con “EPN” en la presidencia se concluyó con la venta de PEMEX y la Comisión Federal de Electricidad, los dos únicos rubros en los que el estado mexicano mantenía su rectoría.

Hoy el costo de los energéticos amenaza con aumentar cada vez que “el dólar tienda a subir”, jamás se ha visto en este país que baje el dólar. Y sólo el tiempo dirá cuando la población, sea la que tome las grandes decisiones ante las medidas que aplique Trump contra México, decisiones que políticos y empresarios, no han hecho ni harán, salvo las que sean para su beneficio e intereses particulares.

Del campo a la mesa…  

El discurso oficialista hace alarde que el próximo Super Domingo, se reportará como cada año, el desmesurado  consumo de aguacates mexicanos por los estadunidenses. El beneficio económico, para los brokers, que llevan el producto principalmente del estado de Michoacán, para cruzar la frontera, años y años, en que no se pudo superar la barrera del embargo al aguacate mexicano.

Que bien que se exporte esta fruta, aunque acá por su costo la población en general no puede ya comprar. Además de que para los cortadores de aguacate, su condición de vida no ha cambiado en nada, pues siguen igual de miserables como siempre…