Ciudad de México, 9 de mayo.- El 30 por ciento de los fertilizantes que México utiliza, provienen de Rusia, insumo que incluso antes de la invasión a Ucrania subió de precio, ante ello, los biofertilizantes se convierten en opción para la agricultura, al reducir el costo de producción y aumento la utilidad.

Los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), dependiente del Banco de México, validó recientemente en la zona del Bajío el uso de biofertilizantes, lo que disminuye hasta en 50 por ciento el uso de fertilizantes convencionales.

Estos insumos hoy en día, son los más caros para la producción agrícola, los biofertilizantes permiten reducir costos de producción entre 15 y 20 por ciento en trigo y maíz, respectivamente, sin afectar en forma significativa los rendimientos.

Evaluaciones realizadas en el Centro de Desarrollo Tecnológico Villadiego, en Guanajuato, durante el ciclo agrícola otoño-invierno 2020/21 -antes de que se dispararan los precios de los fertilizantes-, estableció una parcela de validación de biofertilizantes.

Consorcio de microorganismos fijadores de nitrógeno, solubilizadores de fósforo y estimuladores de crecimiento de Biofábrica Siglo XXI, en el cultivo de trigo; para el ciclo primavera-verano 2021/21, estableció una parcela de maíz. En ambos casos se cultivaron testigos con la dosis de fertilización recomendada para el cultivo y la región, así como tratamientos con biofertilizantes y se redujo la fertilización hasta en 50 por ciento la dosis recomendada.

En el caso del maíz para el ciclo agrícola 2021/21, periodo en que los fertilizantes ya habían registrado incrementos considerables en su precio, con el 100 por ciento de la fertilización convencional la inversión fue del orden de 20,000 pesos por hectárea, representando 48 por ciento del costo total de producción; pero con la disminución a la mitad del fertilizante, esta participación bajó al 33 por ciento.

Para Biofábrica Siglo XXI, otra ventaja adicional es que con el uso de los fertilizantes naturales, el nivel de eficiencia se duplica, lo cual es relevante porque demuestra que este insumo es el más caro en la producción agrícola y tienen bajo nivel de eficiencia, porque la planta sólo aprovecha alrededor del 30 por ciento, el resto es desperdicio altamente contaminante.

“El uso de los biofertilizantes ayuda al proceso de regeneración física, química y microbiológica de los suelos, incrementando sus niveles de productividad. No hay que olvidar que un suelo con buena estructura microbiológica incrementa su capacidad de secuestrar el CO2 de la atmósfera, que lo convierte en insumo productivo”, apuntó Marcel Morales Ibarra, director de Biofábrica.

“En el campo lo que se requiere es ir a fondo en el proceso de transformación del actual modelo de producción agrícola, que se reproduce desde mediados del siglo pasado, y que ya tiene varias décadas con fuertes síntomas de agotamiento, y refleja en un sistema de producción que de manera exponencial resulta costoso, ineficiente y contaminante”.

Por su parte, senadores de la República exhortaron a la Secretaría de Agricultura a que amplié la cobertura del Programa de Fertilizantes para el Bienestar a otras entidades del país, que en la actualidad llega a nuevos estados del país.

Los legisladores recordaron que ya se había presentado un alza de precios a consecuencia de la pandemia, por disrupción de las cadenas de suministro y el incremento de los precios de los combustibles necesarios para trasladarlos desde el extranjero.

En un documento, aprobado el pasado 26 de abril, refirieron que la tonelada de urea actualmente se vende en 23,000 pesos, pero el año pasado se podía adquirir por 8,000 pesos; en el caso del fosfato monoamónico, costaba 11,000 pesos en 2021, y ahora no se consigue por menos de 24,000.

Los tiempos que enfrentamos por los efectos de la pandemia de Covid-19 y la guerra Rusia-Ucrania, demandan cambios estructurales reales y de raíz, donde se ponga en el centro la producción de alimentos, mayor eficiencia en el uso de insumos, la productividad y la sustentabilidad. Se dice que la palabra “crisis” significa oportunidad. No debemos dejarla pasar, concluye Marcel Morales, experto en temas agrícolas.

Hay que mencionar que los alimentos que tendrán cero aranceles para su  importación, representan casi la totalidad de los 24 productos de la canasta básica: aceite de maíz, arroz palay, atún, carne de cerdo, carne de pollo, carne de res, cebolla, chile jalapeño, frijol, huevo, jabón de tocador, jitomate, leche, limón, manzana, naranja, pan de caja, papa, pasta para sopa, sardina, zanahoria.

En cuanto a los insumos sin arancel son: harina de maíz, harina de trigo, maíz blanco, sorgo, trigo.

Finalmente, para los senadores las actividades derivadas del campo, ya sean ganaderas o agrícolas, deben ser consideradas como parte de la seguridad alimentaria mexicana, porque de éstas depende la nutrición y por tanto el bienestar de nuestro pueblo, concluyeron. (Redacción MEXICAMPO).