• La percepción sobre la corrupción en las esferas gubernamentales persiste o empeoró
  • El gobierno federal ha generado una creciente desconfianza respecto a su capacidad para impulsar la economía.
  • No se han visto cambios significativos en la situación social y económica de los hogares durante la primera parte del sexenio,

Ciudad de México, 23 de mayo 2016.- A pesar de que en los dos últimos años han mejorado los indicadores de inflación y crecimiento económico, las perspectivas de los consumidores mexicanos sobre la situación económica del hogar y del país se han deteriorado durante ese periodo.

Marcelo Delajara, Director del Programa de Crecimiento Económico y Mercado Laboral del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), al hacer un análisis del «Crecimiento económico y empleo en México al primer trimestre de 2016, con especial énfasis en la confianza de los consumidores», advirtió que existen condiciones económicas futuras y factores alternos a la economía que aumentan el «mal humor» de los consumidores.

Explicó que existen una serie de indicadores económicos que aparentan un avance en el país: crecimiento del PIB al primer trimestre de 0.82% respecto al periodo inmediato anterior; una tasa de expansión de 2.80% al compararse con los primeros tres meses del año pasado.

Resaltan también los datos del consumo privado, la inversión privada y las exportaciones que durante el cuarto trimestre de 2015 crecieron 3.5%, 3.6% y 5.1%, respectivamente (por encima del PIB de ese trimestre que fue de 2.5%).

En el mercado laboral las tendencias observadas hacia el final del trimestre pasado muestran que la desocupación sigue a la baja (se ubicó en 4.30%), y la tasa de empleo  formal (asegurados en el IMSS) si bien presentó una ligera reducción se mantuvo por encima el crecimiento del PIB (0.5 puntos porcentuales por arriba), y la tasa de informalidad continua en el mismo nivel de hace un año, alrededor de 57.8%.

consumidores

Sin embargo, agrega Delajara, algunos analistas han señalado que es paradójico que el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) se ha mantenido estancado desde el primer trimestre de 2015. Y en algunos casos han concluido que ello revela cierto “mal humor” de los mexicanos, que no está justificado por los datos de consumo,  del PIB y de la inflación, mismos que se ha mantenido por debajo del 3%.

El investigador del CEEY destacó que la percepción que tienen los consumidores sobre su poder de compra si aumentó, de manera congruente con los indicadores recientes, pero que una serie de elementos han influido para que la confianza de los consumidores en relación al futuro económico de México no repunte, y esto es lo que mantiene estancado al ICC:

  • Entre 2012 y 2014, de acuerdo a datos la ENIGH, el ingreso de los hogares sólo se recuperó ligeramente del nivel donde lo dejó la crisis económica de los años previos, y esa leve mejoría fue mayor entre los hogares con ingresos más elevados que entre los de ingresos medios y bajos.
  • Si bien el empleo formal creció más rápido que la economía, la mayor parte del nuevo empleo formal es en niveles salariales bajos. Ello es una señal de que los empleos que se crean son precarios.
  • La tasa de desocupación ha mostrado una rigidez a la baja similar a la observada en el último tramo del sexenio anterior. En tanto, la informalidad, si bien se ha reducido, en apenas 2 puntos porcentuales, continúa siendo elevada.

La pobreza sigue  aumentando en la primera parte del sexenio, como se registró en el sexenio pasado. Además, diversas autoridades han mostrado desdén por las cifras oficiales de pobreza o han intentado maquillarlas o proponer otras que no aplican para el caso de México.

  • La reforma fiscal de finales de 2013 tuvo como objetivo principal aumentar la recaudación de impuestos, y no fue lo suficientemente integral para alterar la distribución del ingreso –la distribución después del pago de impuestos y la recepción de las transferencias.
  • Entre los hogares de ingresos medios y altos, la carga impositiva aumentó sin que ello fuera acompañado por una mejoría en los servicios públicos que reciben. No ha mejorado el acceso efectivo y la calidad de la educación y, especialmente, de los servicios relacionados con la salud, la seguridad pública, y el transporte, entre otros. Tampoco hay una mayor protección social.
  • La percepción sobre la corrupción en las esferas gubernamentales persiste o empeoró, la iniciativa ciudadana de Ley3de3 es un ejemplo de ello, y no hay señales claras desde las esferas del poder político de que se pretende aprovechar dicha iniciativa para eliminar la corrupción. Este es un fenómeno que afecta gravemente la productividad y por lo tanto la retribución al trabajo y al capital.
  • El gobierno federal ha generado una creciente desconfianza respecto a su capacidad para impulsar la economía con el consumo y la inversión pública. Durante el primer año del sexenio se produjo un retraso en el ejercicio del gasto que afectó la actividad económica en diversos sectores y regiones y, en particular, empeoró la situación financiera de las empresas proveedoras en los tres órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal).
  • Durante el segundo año y el tercer año del actual gobierno, se caracterizaron por la caída en los ingresos petroleros y los recortes recurrentes del gasto público. Las expectativas de crecimiento económico fueron ajustándose paulatinamente a la baja.

En conclusión, en un contexto en el que no se han visto cambios significativos en la situación social y económica de los hogares durante la primera parte del sexenio, y en el que el gobierno parece haber perdido la capacidad para impulsar la economía y reducir la corrupción, no es extraño que las perspectivas de los consumidores mexicanos sobre la situación económica del hogar y del país sean crecientemente negativas. El “mal humor” de los consumidores está justificado.