Originaria de México y conocida por su peculiar olor, así como por su intenso color amarillo, el cempasúchil es uno de los adornos primordiales en tumbas y ofrendas de Día de Muertos; simboliza la fugacidad de la vida y el camino que guía a las ánimas a volver con sus seres queridos y paladear, por una noche, los alimentos y bebidas que en vida disfrutaban.

El cempasúchil, o “flor de 20 pétalos”, puede medir hasta un metro de altura y se encuentra de manera silvestre en los estados de México, Chiapas, Morelos, Puebla, San Luis Potosí, Sinaloa, Tlaxcala, Oaxaca y Veracruz; habita en clima cálido, semicálido, seco y templado, pero también crece en huertos y en terrenos de cultivo. Existen entre 30 y 50 variedades genéticas y tiene numerosos usos en la agricultura, la ganadería y la salud.

Según estudiosos, esta flor, además de ser antioxidante porque retrasa el proceso de envejecimiento por contener carotenoides, también es anticancerígena. Asimismo alivia la tos, la fiebre, la gripe, la bronquitis, la indigestión, el vómito y el dolor de estómago; ayuda a expulsar parásitos intestinales; cura el mal de empacho; evita la diarrea, los cólicos, las afecciones hepáticas y de bilis, el dolor de muelas y sirve para eliminar gases. También combate plagas, debido a que posee moléculas que frenan el desarrollo de nematodos, o gusanos redondos en cultivos de jitomate, fresa, piña, papa, gladiola y otros cultivos de hortalizas y flores de ornato.

El cempasúchil –que en Estados Unidos es conocido como Mary Gold– sólo florece después de la época de lluvias y también ha sido aprovechada para fabricar insecticidas. De hecho, en algunos sitios elaboran con sus pétalos sopas y sus carotenoides se aprovechan para pigmentar con su tono amarillo la piel de los pollos y la yema de los huevos.