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¡Dale, dale, dale, no pierdas el tino…!

Rosa María Chavarría

En México, ¿quién no ha cantado este tradicional estribillo? Durante todo el año, pero en especial en las fiestas navideñas una de las costumbres más esperadas y festejadas es el rompimiento de la piñata. No importa el tamaño o la forma, si es una o varias, se trata de una de las tradiciones mejor acogidas durante las posadas.

Elementos que datan desde los orígenes de la piñata son la olla de barro y el relleno de dulces y frutas de temporada. Pegarle a la piñata es una diversión para todos los mexicanos, sobre todo los niños, y cuando los dulces caen, todos corren en su búsqueda.

La piñata es uno de los elementos más típicos de las celebraciones en el país. Este colorido objeto, símbolo reconocido internacionalmente de la cultura mexicana, se elabora con una olla de barro o cartón moldeado, cubierta generalmente de papel de China de colores.

En diciembre y en el marco de las posadas, es cuando se aprecia mejor esta histórica tradición, aunque también se rompen piñatas en las fiestas de cumpleaños, tanto de niños como de adultos.

Pero ¿qué significa partir la piñata? La original tenía la forma de estrella con siete picos, los cuales representaban los siete pecados capitales y los brillantes colores simbolizaban la tentación. Esto es, la piñata se transformaba en una representación de la fe ciega y de la virtud o la voluntad para vencer el pecado.

Los adornos de oropel, es decir, las láminas de latón que imitan el oro, significaban las vanidades y engaños del mundo; la fe está representada por la venda con que se cubren los ojos de los que van a romperla; el palo que se utiliza para tal fin, es la fuerza de la virtud que destruye la falsedad y engaños, mientras que el contenido de dulces y frutas representan la verdad y los dones que la naturaleza concede como premio a la fe y la perseverancia.

Para romperla, la piñata se cuelga de un lazo o cuerda que la mantiene en lo alto;  el reto consiste en quebrarla con un palo mientras se tienen los ojos vendados.

Durante las posadas suele cantarse: “¡No quiero oro, ni quiero plata, yo lo que quiero es romper la piñata!” para iniciar esta actividad. Mientras una persona la rompe, los demás participantes le cantan: “¡Dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino; ya le diste una ya le diste dos, ya le diste tres y tu tiempo se acabó!” También: “¡Dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino; dale, dale, dale, dale y no le dio, quítenle la venda, porque sigo yo!”

Historia

Veamos un poco su historia. Marco Polo narra que las piñatas son originarias de China, donde se utilizaban para las celebraciones del año nuevo al romper una figura de  buey relleno de semillas. El viajero llevó la tradición a Italia, donde se adaptó a las festividades de la cuaresma.

De ahí pasaron a España, desde donde se difundió la práctica en México, convirtiéndose en una costumbre muy popular que hasta la fecha se practica. Sin embargo, también existe evidencia de que los aztecas realizaban un festejo similar para celebrar al dios Huitzilopochtli. Otra versión señala que los antiguos mayas solían practicar un juego en  el cual, con los ojos vendados, intentaban romper una olla de barro llena de chocolate que permanecía suspendida de una cuerda.

Ante la resistencia indígena a cambiar su cosmovisión y para adquirir la nueva fe, a principios del siglo XVI los misioneros españoles que viajaron a América utilizaron a la piñata como herramienta de evangelización en el Nuevo Mundo, con el fin de imponer el cristianismo como única religión.

Los frailes transformaron la ceremonia tradicional de la olla de barro en sesiones de instrucción religiosa, al cubrirla con papel de color y darle un aspecto impresionante y llamativo.

Luego, se incorporó como parte de las posadas, extendiéndose esta costumbre con mucha rapidez dentro de la sociedad mexicana.

Acolman, las posadas y las piñatas como artesanías

Aunque actualmente es posible conseguir piñatas de barro y otros materiales como cartón o globo, las más recientes se originaron cuando se crearon las posadas en Acolman de Nezahualcóyotl, Estado de México, cerca de la zona arqueológica de Teotihuacán.

En 1586 los frailes agustinos de esa localidad recibieron la autorización del Papa Sixto V para celebrar lo que se llamó “misas de aguinaldo”, que después se convirtieron en las posadas, las cuales se realizaron los días previos a la Navidad, y fue cuando introdujeron la piñata.

Se dice que en este pueblo mexiquense nació la Posada como tradición. Cada año, del 16 al 24 de diciembre, Acolman es sede de la popular Feria de la Posada y la Piñata, en donde se busca promover el gusto por esta artesanía, a través de la realización de un gran concurso artesanal que premia a la piñata más original de la temporada.

Elaboración de una piñata

Se requiere una olla de barro, cuatro cartulinas, papel china del color deseado y papel dorado o plateado, pegamento, diurex y periódico.

Se cuela la olla de barro en un lazo con fácil movilidad; se pega a su alrededor papel periódico para que la olla tenga mayor fuerza y resistencia. Alrededor de la boca de la olla se coloca un pliego de papel china doblado en tres y se pega, con lo que se disimula el orificio. Previamente recortados a la mitad, se elaboran siete cucuruchos o picos de media cartulina cada uno que se pegan con el diurex.

Luego, los cucuruchos se colocan alrededor de la olla de barro en forma simétrica. En el centro de los cucuruchos se colocan pedazos del papel dorado o plateado –al gusto-, en las puntas papel china en tiras o como barbas. Posteriormente, se cubre el resto de la olla y los cucuruchos o picos con el papel china, el cual antes se debe enchinar.

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