Sin tanto rollo

Eduardo González Silva

Los 526 años que han pasado desde la llegada del conquistador a América, no han sido suficientes para avergonzar a los mexicanos de las condiciones de explotación, miseria, marginación e injusticia social, en que permanece la población originaria del país.

Representados por 68 etnias, alrededor de 11 millones de mexicanos descendientes directos de los verdaderos dueños de esta nación, aun no tienen reconocimiento como sujetos de derecho, por lo que al estado mexicano en complicidad con los mestizos, ha permitido desplazar a estos grupos de su lugar de origen y dejarlos en el olvido.

La omisión para que estos mexicanos tengan acceso a la alimentación, educación, salud y vivienda digna, no se tipifica como delito, por lo que sus condiciones de marginación y pobreza permanecen con toda la montaña de discursos demagógicos que se llegó a lanzar sexenio tras sexenio .

Hace 25 años, irrumpió en la escena nacional y sorprendió al mundo el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el recordado EZLN originario de lo zona Selva del estado de Chiapas, menos uno que apareció encapuchado, los demás con botas de hule, paliacate al cuello, y vestidos casi todos con traje militar, armados con rifles de palo unos y otros con machete al cinto.

Comandados por un personaje sacado del misterio, el subcomandante Marcos, al que nadie atinaba a dar crédito a su destreza de haber organizado una guerrilla, quizá la última del siglo pasado en América Latina y aún con la presencia militar estadunidense, a unos cuantos kilómetros, en Centroamérica, posiblemente el reducto militar más insultante para todo el mundo después de Vietnam.

Consumada la muerte de los insurrectos neozapatistas, cuyo número jamás se supo, en el mercado de San Cristóbal de las Casas a donde jamás llegó la CNDH,  se apaciguó el levantamiento armado, con vuelos militares nocturnos desde la base de Terán en Tuxtla Gutiérrez, durante más de cuatro años, los grupos originarios se replegaron hasta quedar arrinconados, allá en Las Margaritas, municipio que es la puerta de entrada a la hoy diezmada selva chiapaneca.  

Desde el momento mismo de la aparición del EZLN, y con su declaración en San Cristóbal, surgió un personaje que con cada comunicado que hizo llegar con sorprendente sigilo, al más puro estilo de las guerrillas urbanas como la ETA o la 23 de Septiembre, se posicionó de las primeras planas de la prensa mexicana, que con su prosa utilizada embeleso a la opinión pública del país.

Tal fue el caso, que el mítico encapuchado visible líder del levantamiento, inició una marcha desde el sureste mexicano a la capital del país, de la que surgieron otras más, misma que llegó a la Cámara de Diputados, donde comandantes (hombres y mujeres), surgidos de las bases neozapatistas ya en tribuna, hablaron de su movimiento.

El surgimiento del EZLN, llamó la atención de personajes como el escritor y premio Nobel José Saramago, del cineasta estadunidense Oliver Stone, de líderes sociales como Heberto Castillo, y Luis H. Álvarez, estos últimos que se enfrentaron y fueron víctimas de la represión del viejo régimen, que fueron a la sierra para conocer al personaje que organizó a un grupo de miserables, que con el evangelio de San Marcos en la mano como texto, se atrevió a retar al estado mexicano.

Con un discurso que más que declarar la guerra, revelaron los comandantes en el Congreso, el lado oculto por el viejo régimen, del grado de miseria de los indígenas mexicanos, y así, aunque parezca exagerado muchos connacionales se enteraron de la presencia en nuestro propio territorio, de su existencia.   

De todo ello, quedó como trasfondo el papel que jugó en la creación del EZLN, el Tatic Samuel Ruiz García, secundado ya en la negociación con los incumplidos Acuerdos de San Andrés Larrainzar, monseñor José Raúl Vera López.

A 25 años los que fuimos testigos de esa mágica historia, la injusticia social para los pueblos originarios del país, es una asignatura pendiente para la clase política. Y el personaje que dio la cara al levantamiento, poco a poco el sistema lo arrinconó con todos y sus comunicados, hasta llevarlo al desgaste y al olvido.

Organizó, la ya poco recordada e inentendible convención que llamó Aguascalientes II, como la que creo el general guerrillero Francisco Villa, y que al igual que la primera quedó en buenos deseos.

Pero llegó que un día, meses después luego de una entrevista con Loret de Mola en Televisa, con su imagen ya a la baja, decidió desaparecer, convocó a la prensa, dijo con sus propias palabras que había sido una botarga, y cual vil impostor desapareció, hoy quiere dejar huella bajo la figura del subcomandante Galeano, y amenaza con oponer al proyecto del Tren Maya, en el tramo que cruzara una parte de lo que queda de la selva chiapaneca.