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Decálogo de Nuestra Tortilla

Ante la adversidad de las políticas neoliberales, el maíz en milpa es la base de la resistencia de los pueblos y la tortilla es el principal sustento. Diferentes derechos humanos estaán siendo violentadas en las actuales condiciones dominantes de producción, transformación y comercialización del maíz y la tortilla, señalaron organizaciones sociales, ambientalistas, académicos y reconocidos chefs mexicanos durante la presentación de la Alianza por Nuestra Tortilla.

Esta Alianza que reconoce los procesos organizativos generados desde las comunidades originarias hicieron ciencia para alimentarse. Así estas organizaciones en las últimas décadas han emprendido la defensa del maíz nativo transformado en tortilla.

 Decálogo de Nuestra Tortilla

  • Accesible.- Posible para que toda la población mexicana tenga alcance a la base de la dieta cotidiana y al mismo tiempo de sustento económico para quienes producen maíz y quien pone y procesa el nixtamal. Sustentable: cuidando y conservando los sueños agrícolas, protegiendo el origen de la seguridad alimentaria.
  • Justa.- Pertinente a un mercado en el que haya diferenciación en los tipos de tortilla, así como las normas y regulaciones en materia de etiquetado. Que distinga los procesos e ingredientes. Que favorezca a la economía local, al productor, al molinero y al tortillero cercano. Que atienda a reducir la participación de intermediarios innecesarios y la huella de carbono de la cadena de suministros.
  • Comunitaria.- Campesina, tradicional, respetuosa de la naturaleza. Elaborada con maíces regionales. Que detone bienestar y desarrollo local y a su vez respete los sabores y saberes tradicionales de cada región de nuestro país. Que implique una expectativa compartida del deber ser que como sociedad necesitamos e exigimos.
  • Multicultural.-Mexicana, elaborada con maíces mexicanos, de manos campesinos de formas tan diversas como los maíces y culturas. Conectada a los rituales con que se cultiva el maíz. Reflejo del patrimonio y expresión de Mesoamérica para el mundo. De gran arraigo. Que comerla sea un acto cultural que llame a la solidaridad entre pueblos, sin fronteras y sin tóxicos.
  • Sana.- Elaborada con maíces nativos de tierras mexicanas. De calidad asegurada. Estratégica de una dieta verdaderamente nutritiva. Con sabor que los productores mexicanos han desarrollado en el maíz. Que aporte a la salud, a la conservación de la agrobiodiversidad y de los recursos naturales, y al combate al cambio climático.
  • Nixtamalizada.- Defensora de la conjunción de elementos que la hacen única: maíz, cal de piedra, calor, agua, en una interpretación cultural, diversa e inigualable. Celebración de la técnica ancestral, el invento milenario, el alimento original e insustituible.
  • Libre.- Soberana, con raíz, cultura y tradición. Libre de patentes de transgénicos, de agro tóxicos, de pesticidas, de herbicidas y de aditivos. Ajena a los monopolios de las empresas semilleras, a los tratados de libre comercio, y a las políticas públicas y programas gubernamentales anticampesinos. Una tortilla elegida libremente, sin presiones comerciales y políticas arribistas.
  • Consciente.- Transparente frente a su cadena de suministros. Que permita saber todo sobre ella. Que conecta con quien la produjo y con la tierra de donde proviene. Que diga el dónde y cómo desde la semilla hasta el comal donde se cocino. Que alerte sobre la presencia de sustancias tóxicas y de transgénicos. En suma, que atienda a nuestro derecho a una tortilla informada.
  • Sabrosa.- Expresiva de nuestra riqueza gastronómica, envuelta de textura de maíz tradicional. Con sabor para nuestro satisfecho. Que deje una sensación rica, fresca y original.
  • Protegida.- Defensora de la milenaria generación

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