Por Eduardo González Silva

Ciudad de México, 9 de julio.- Prominente artífice de la llamada “dictadura perfecta”, como se califica al viejo régimen político mexicano en el poder durante dos siglos, murió este medio día en su residencia en Cuernavaca, Morelos, Luis Echeverría Álvarez, el expresidente más longevo de la historia del país.

Fue padre de 8 hijos, de ellos Álvaro, el único visible y cercano en un tiempo a la clase política del país, poseedor de incalculable fortuna, que por sus ingresos un servidor público no podría tener. Medios informativos señalaron que Echeverría Álvarez, contrataba 12 empresas para administrar la parte de sus negocios de bienes raíces.

Se mencionó que a través de testaferros, era el verdadero propietario de medios impresos de circulación nacional, Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación en su sexenio, ocupó tiempo después la dirección de lo que hoy es la Organización Editorial Mexicana (antes cadena García Valseca empresa arrebatada por adeudos al general poblano de nombre José), y uno más que tiene como logotipo un águila, con tal de influir en el acontecer de la vida de la República.

En la administración sexenal de dicho personaje, continuó la censura a la prensa que había iniciado su antecesor Gustavo Díaz Ordaz. Desde Los Pinos, urdió la salida de los directivos del periódico Excélsior encabezado por los periodistas Julio Scherer García y Hero Rodríguez Toro, ante los constantes cuestionamientos que le formulaban al régimen intelectuales como don Daniel Cosio Villegas, Heberto Castillo, el inolvidable monero Abel Quezada, y el gran caricaturista Rogelio Naranjo, el maestro Eduardo del Río Rius, Jorge Ibargüengoitia, Samuel I del Villar, y José María González, entre otros más. Y la visible renuncia del poeta y premio Nobel Octavio Paz Salazar.

Al periódico de la Vida Nacional, como se le conocía a Excélsior, llegó a ser considerado entre los 10 mejores diarios del mundo. La acción de Echeverría, provocó la suspensión definitiva de sus derechos como cooperativistas de grandes periodistas como: Arturo Sánchez Aussenac, jefe de redacción; Leopoldo Gutiérrez, secretario de redacción; Jorge Villalobos Villa Alcalá, director de la primera edición de “Últimas Noticias”; Arnulfo Uzeta, jefe de información del diario, y de reporteros como Ángel Trinidad Ferreira, Jorge Rafael Ramírez Castañeda, Manuel Mejido, y Manuel Becerra Acosta hijo, entre un centenar de cooperativistas.

Se habla de Echeverría como símbolo de la corrupción en todos los órdenes de gobierno, y también por encabezar la guerra sucia, en su mandato ocurrió la muerte de los guerrilleros Lucio Cabañas y Genaro Vázquez Rojas.

Los secuestros del prominente cacique priista Rubén Figueroa, el jamás aclarado de Julio Hirschfeld Almada, funcionario público, y el asesinato del empresario regiomontano Eugenio Garza Sada, acontecimiento que públicamente un supuesto historiador llegó a aplaudir el año pasado.

A la represión que ejerció con vileza, el PRI, fue el brazo político para simular la existencia de un sistema político democrático. Dicen que en su gobierno el país registró rápido crecimiento económico, más no equidad en la riqueza generada, lo que derivo a la mitad de su administración en la devaluación del peso frente al dólar que durante más de 12 años había mantenido la histórica paridad de 12.50 pesos por dólar.

La violación a los derechos humanos en México se convirtió en su forma personal de gobernar, tal como el título del libro del maestro del Colegio de México, Daniel Cosio, texto que lo llegó a enfurecer como parte característica de su vida.

“Arriba y Adelante” fue el lema que utilizó en su campaña política, tuvo como único contrincante al panista Efraín González Morfin, de efímero recuerdo.

Si discurso era toda una acabada obra demagógica, sus informes presidenciales llegaron a durar más de cinco horas. Quiso dar la impresión de estar cercano al pueblo, inventó que cualquier mujer u hombre podría ser diputado a los 18 años, por ese hecho asaltaron el poder Augusto Gómez Villanueva, Fidel Herrera Beltrán, Porfirio Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, Tulio Hernández, y más.

Protegió a prominentes priistas como Alfonso Martínez Domínguez, consintió el ascenso de Carlos Hank González, que de distinguido político se convirtió de la noche a la mañana en uno de los hombres con mayor fortuna en México.

La obra política de Echeverría generalmente se le recuerda por el llamado Halconazo del 71, triste jueves de Corpus Christi, cuando reprimió a estudiantes normalistas en las inmediaciones de San Cosme en la Ciudad de México.

En el sexenio de Vicente Fox, impulsado por el líder histórico del 68, Raúl Álvarez Garín, se la abrió proceso para enjuiciarlo por la represión que ejerció a todo movimiento social, encabezado fundamentalmente por la izquierda. Para no variar la justicia mexicana exoneró a Echeverría de toda responsabilidad.

ESTRIDENTE Y TEMERARIO

Ya como presidente se atrevió a ir a Ciudad Universitaria, a sabiendas que la comunidad universitaria lo repudiaba desde ese entonces.

Su temeridad no lo detuvo, al ingresar y tratar de tomar la palabra en el auditorio de la Facultad de Medicina, en medio de mentadas de madre, abucheos y gritos, intento estridente soltar a los estudiantes que se negaban a que abriera la boca: jóvenes facistas, jóvenes pagados por la CIA, jóvenes del coro fácil.

Durante su mandato coincidió la presidencia del mártir chileno Salvador Allende Gossens​​, quien vino a México, invitado por el inefable Echeverría. En la Universidad de Guadalajara el mandatario chileno expresó uno de sus discursos más memorables: el no ser joven y no ser revolucionario es una contradicción, fue la mayor sentencia del discurso.

Luis Echeverría para con todos tuvo “emisarios del pasado”, repetía hasta el cansancio a los empresarios a cada momento y en cada acto público que encabezó con auditorio repleto de acarreados al más puro estilo priista, que le arrimaba el campechano y líder del tricolor Carlos Sansores Pérez, padre de la actual gobernadora de dicha entidad Layda Sansores.

Años de intolerancia, antidemocracia, incapacidad para gobernar y autoritarismo, tuvo a su lado a su esposa María Esther, hija del exgobernador de Jalisco, José Guadalupe Zuno. Ella, se convirtió en la “compañera presidenta”, en cualquier acto público que podía vestía ataviada al estilo (respetuosamente) de las meseras de los casi desaparecidos restaurantes de los tres búhos. Tuvo su centro cultural Las Palomas en el exclusivo barrio de San Jerónimo, al sur de la CDMX.

En las recepciones en Palacio Nacional cada 15 de septiembre, luego de la ceremonia del Grito, sólo se sirvió a los invitados aguas tricolores de limón, jamaica y horchata.

La historia de la familia Zuno, terminó en color negro a la muerte del patriarca en Jalisco, vino la de la compañera presidenta, y tiempo después el señalamiento, acusación, detención y encarcelamiento con condenada de cadena perpetua, para el cuñado consentido Rubén Zuno Arce, acusado de narcotráfico.

A la historia del presidencialismo mexicano con Santana, Porfirio Díaz y Díaz Ordaz a la cabeza, se le suma ya ahora el nombre de LEA como popularmente se le identificaba.

Un innombrable más, persona al que la Agencia Central de Inteligencia (CIA), lo tiene en la lista conocida como de “altos selectos funcionarios”, al que se le identificaba como informante y  relación como Litempo-8.21​. El código Litempo era compuesto por el prefijo LI, que identificaba operaciones en México. (El gobierno estadunidense jamás lo ha desmentido y el viejo régimen político nunca lo ha aclarado).