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En tiempos de Coronavirus ser mujer indígena, una triple fatalidad

Palabras JJustas

Lulú Ovilla

De todas las mujeres en el mundo, lamentablemente la indígena es la más vulnerable, sin  importar su edad, por usos y costumbres es vendida al mejor postor por su mismo padre, e incluso su mismo progenitor abusa de ellas, la mayoría viven en pobreza extrema, sin ningún apoyo, mucho menos tienen a su alcance medios para poder estudiar, llámese escuela, internet, servicios médicos, sencillamente, no tienen nada.

Según el Instituto Nacional de Estadística, reconoce que la vulnerabilidad es muy repetitiva en la mayoría de las zonas indígenas de México, donde la quinta parte de la población es de 120 millones, es por ello que ante la presencia del Coronavirus, algunas etnias adoptaron sus propias medidas de protección sanitaria, como el cierre de acceso a sus comunidades, siendo la única forma de detener la propagación de los contagios.

Las cifras oficiales señalan que hasta el 28 de abril 227 mujeres indígenas habían dado positivo al Covid 19 de 16,700 contagios y unas 1,600 defunciones en todo el país, para que algunas comunidades se mantengan comunicadas sobre la pandemia, aproximadamente 22 emisoras del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, se encarga de difundir los mensajes en 35 de las 68 lenguas ancestrales.

En estos tiempos de Covid, la violación de los derechos humanos de los indígenas son más violados que las leyes mexicanas, por poner un ejemplo: en uno de los valles de Baja California, donde se encuentra una de las mayores plantaciones agrícolas, son explotados laboralmente y tienen que enfrentarse a condiciones infrahumanas por lo mismo trabajan en lugares  totalmente antihigiénicos.

Los jornaleros indígenas realizan sus actividades sin cubrebocas y mucho menos les proporcionan algún gel antibacterial, de una a dos personas comen en el mismo recipiente y  el temor al contagio es evidente, pero como ellos dicen, si no trabajamos no comemos, los Tarahumaras ya están preocupados porque esta pandemia  del Covid 19 y debido al confinamiento, tiene más temor de morirse de hambre que de Coronavirus.

Ante la situación de crisis de la población indígena, el Presidente López Obrador, ha asegurado que su prioridad son los pobres, por ello elevó a 25,600 millones de dólares el presupuesto para inversión social, pasando la pandemia  se ha propuesto recuperar la económica del país, un desafío que está dispuesto  cumplir, esperemos que así sea.

Los pobladores de la Montaña de Guerrero, le hicieron llegar tanto al gobernador como al Presidente Andrés Manuel López Obrador, una carta donde le manifiestan su alarmante preocupación por el Covid 19, una amenaza que se cierne sobre de ellos afectando su salud y su sobrevivencia alimentaria, aun cuando no han tenido respuesta a su petición esperan que esta llegue pronto.

La misiva iba firmada por los representantes de centenares de comunidades y decía: Señor Presidente, queremos recordarle que la pasada visita que realizó a Tlapa le hicimos llegar un paquete de documentos donde le planteamos las necesidades más urgentes, desde noviembre pasado no hemos recibido respuesta y la situación ha empeorado, estamos cercados por el coronavirus y por el hambre.

Recuerdan que la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura advirtió sobre el riesgo de una crisis alimentaria inminente si no se toman medidas rápidas para proteger a los más vulnerables y mantener vivas las cadenas mundiales de suministros de alimentos, y asentó que los gobiernos deben reforzar los mecanismos de seguridad social para garantizar el acceso a la alimentación.

Ante la incertidumbre sobre los estragos, los indígenas añaden: la realidad en nuestros pueblos es devastadora: los precios del maíz se han elevado al 100 por ciento, lo mismo el huevo, el aceite, el jitomate y productos de limpieza, el trabajo remunerado en el campo no existe en la región y no hay quien nos contrate como peones y albañiles, las empresas de hortalizas en el norte recortan personal, por lo que muchos se quedaron sin trabajo.

Al interrumpirse las remesas, dejó de llegar a La Montaña el ingreso más seguro, admiten que los programas gubernamentales ayudan en algo, pero en este momento de emergencia las necesidades se multiplican, sin agua en sus domicilios, apenas pueden adquirir mangueras para acercarla, las familias que siembran parcelas cosechan hasta 400 kilos de maíz por temporada, que rinden cinco meses.

No solo el coronavirus hace estragos en las comunidades indígenas, la violencia delincuencial y los feminicidios es otra tragedia que están padeciendo  y que los está azotando como un poder destructor indescriptible y sin freno, en varios municipios se ha impuesto la ley del fuego, supeditando a capricho de las autoridades municipales y los cuerpos de seguridad.

Otro de los estragos que están sufriendo familias indígenas es que hasta el momento siguen viviendo en las calles en casas de campaña derivado del terremoto del 2017, son damnificados que han logrado subsistir en un campamento en pleno centro de la capital  Mexiquense, estas personas no tienen acceso a los servicios más elementales, mucho menos tendrán privilegios como el servicio a la salud.

Este campamento indígena lleno de, niños, mujeres y hombres damnificados, contrasta con las viviendas acomodadas de la Colonia Juárez, la pobreza y la riqueza mezcladas por un terremoto que a su paso destruyo todo, los pudientes rehicieron sus vidas tienen los medios para hacerlo una y otra vez, la gente pobre sigue esperando que alguna autoridad voltee a verlos y les brinde el apoyo.

Aun cuando estas personas indígenas otomi, saben que con el Coronavirus deben de guardar medidas de sanidad y distancia, no es que no quieran, sencillamente no pueden, son cuatro familias viviendo en un campamento improvisado con plásticos y cuerdas que son atadas a los árboles, de algo tienen que vivir o mejor dicho sobre vivir,  por eso no se pueden “quedar en casa”.

Tres años de mal vivir en la calle, son los olvidados de los gobiernos del que ya se fue y del que actualmente está, la razón, ellos no se lo explican, la ayudan la han solicitados una y otra vez, pero lamentablemente esta siguen sin llegar, el temor constante a ser desalojados lo viven a diario y ahora para rematar más su pobreza y desamparo, llega el coronavirus, afortunadamente no están contagiados.

La pandemia del Coronavirus ha afectado a todo el mundo, pero la población indígena están sufriendo lastimosamente de manera desproporcionada, si antes del Covid 19 ya tenían muchos problemas, hoy ese sufrimiento se ha triplicado y nadie los apoya, nadie se preocupa por ellos, ¡No son tiempos electorales!, que desgracia la de ellos y que mal por esos políticos que solo salen de sus madrigueras cuando quieren un voto.

 En estos tiempos de Covid 19, para los indígenas su situación de desigualdad y  discriminación son grandes y si a eso le agregamos que también existe el odio hacia ellas y son asesinadas a mano de sus parejas sentimentales, el pasado 28 de mayo Leonila fue encontrada muerta dentro de su propia vivienda, su asesino encontró un manera de introducirse por el techo y le asesto 26 puñaladas.

Veinticuatro de estas puñaladas asestadas a Leonila de la Cruz Pancho, fueron en el abdomen, una en el tórax y una más en el cuello, aparte de haber sido abusada sexualmente, el feminicida de nombre Elio Celestino “N”, era vecino de la mujer indígena originaria de Nayarit y al igual que ella, Diana Raygoza paso a ser parte de las estadísticas de feminicidios que se incrementaron en todo el país, porque los asesinos no se quedan en casa.

Las mujeres indígenas son invisibles ante la vista de todos, es por esa razón que cuando se comete un feminicidio no se le da la misma difusión de una mujer que vive en una zona urbana, muchas de ellas andan por todo el país en busca de una mejor oportunidad de vida, ya que en sus comunidades han sido desplazadas, traen la amenaza constante de ser maltratadas, son invisibles, y son producto de la indiferencia y la marginación.

Leonila de la Cruz Pacho y Diana Raygoza, se unen al porcentaje de las víctimas de feminicidios a indígenas que se cometen en Nayarit y han pasado a ser parte de las estadísticas de asesinatos de mujeres dentro de esta pandemia del Coronavirus, ambas mujeres se encontraban resguardadas en su domicilio cumpliendo la cuarentena y encontraron la muerte en su propio hogar.

La excusa del feminicida de Leonila de la Cruz, porque el asesino siempre tiene una excusa, es que se encontraba bajos los efectos de estupefacientes, afortunadamente la mujer reconoció a su agresor antes de morir y este pudo ser aprehendido, la pena que recibirá será de  30 a 50 años de prisión, después de que se le encontraron todas las pruebas en su contra.

Los derechos humanos de las mujeres en general no son respetados cuando estas se presentan a denunciar a su agresor, sabiendo que los tienen y los conocen, las mujeres indígenas ni siquiera saben que es ejercer sus derechos humanos, cuando alguna organización las acompaña en las fiscalías no existen traductores que las apoyen para que puedan presentar sus denuncias.

Que difícil y complicado es ejercer el derecho humano a la salud, a la educación, a una vivienda digna, que difícil y peligroso es ser mujer, pero ser mujer indígena es mucho peor, no se puede ejercer los derechos humanos en nuestro país, cuando no le garantizas a una mujer a tener una vida libre de violencia, una vida en paz y libertad de decisión para caminar segura, de vestirse como lo desee sin que esto provoque su muerte. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas a 03 de junio de 2020

 

 

 

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