DE NORTE A SUR

* Guillermo Correa Bárcenas

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21 de julio del 2017.- El 20 de julio se recordó el 94 aniversario luctuoso de Doroteo Arango quien nació en San Juan del Río, Durango y después se convirtió en Francisco Villa, el luchador revolucionario que en el norte del país encabezó la defensa del campesinado como lo hizo Emiliano Zapata en el sur. Quizá sea que por los tiempos de Donald Trump es que la celebración trascendió más que otros años. Hay que recordar el hecho de que el duranguense ha sido el único que se atrevió a invadir a Estados Unidos. Fue en marzo de 1916 cuando las tropas villistas entraron a territorio gringo en venganza al apoyo brindado por el presidente Woodrow Wilson a Venustiano Carranza. Tras el ataque de los mexicanos a Columbus, del lado norteamericano se ordenó la captura del Centauro norteño. El general Jhon J. Pershing no lo logró ni con la ayuda de sus entonces subordinados Dwight D. Eisenhower y George Patton que después serían famosos por su desempeño en la Primera Guerra Mundial.

En este marco no hay que olvidar la obsesión de Villa de acabar con el latifundio en México permitido por Porfirio Díaz a través de los grandes hacendados y sus tiendas de raya en las que esclavizaban a los campesinos e indígenas. El más grande de Latinoamérica perteneció a la familia Sánchez Navarro. Tenía 7 millones 347 mil 45º hectáreas. Era mayor que Portugal y se encontraba en Coahuila, Durango, Nuevo León y Zacatecas. Y, entre otros, Luis Terrazas llegó a tener 2 millones 600 mil hectáreas en el estado de Chihuahua.

En este contexto es que el general Francisco Villa dio a conocer el 24 de mayo de 1915 su Ley Agraria con la finalidad de acabar con la gran desigualdad en la distribución de la propiedad territorial, el imperio de los terratenientes y frenar la violación a los derechos de la mayoría de los paisanos. Porque –decía Villa– la concentración de la tierra en manos de una escasa minoría es causa de que permanezcan ocultas grandes extensiones de terreno y de que, en la mayoría de éstos, sea el cultivo tan deficiente que la producción agrícola nacional no basta a menudo para satisfacer el consumo; y semejante estorbo a la explotación de los recursos naturales del país redunde en perjuicio de la mayoría del pueblo. Que la preponderancia que llega a adquirir la clase propietaria en virtud de las causales anotadas y bajo el amparo de gobiernos absolutistas favorece el desarrollo de abusos de todo género que obligan finalmente al pueblo a remediarlos por la fuerza de las armas, haciéndose así imposible la evolución pacífica del país. Que por estas consideraciones ha venido a ser una apremiante necesidad nacional el reducir las grandes propiedades territoriales a límites justos, distribuyendo equitativamente las excedencias.

Como se sabe, triunfó la Revolución, llegó el reparto agrario del general Lázaro Cárdenas, el campo impulsó el desarrollo del país, se favoreció a la industria y se olvidó al agro; llegaron los neoliberales economistas y Carlos Salinas de Gortari acaba con el espíritu del 27 constitucional con la privatización de la tierra en 1992, al grado de apenas hace dos años, el 21 de abril de 2015, la Cámara de Diputados se vio obligada a prohibir –ya lo habían hecho desde la Constitución de 1917 y con la reforma salinista— los latifundios en tierras agrícolas, ganaderas y forestales. Resulta que en pleno siglo XXI no se ha eliminado esa práctica, pues si antes se refería a la concentración de la tierra a favor de una sola persona o familia hoy el término se ha modernizado con la globalización que beneficia a las grandes compañías.

Tan es así que no hace mucho, a fines de 2016, la organización internacional Oxfam aseguró que, en Latinoamérica, de la que forma parte México, el 1 por ciento de las fincas más amplias cubre el 56 por ciento de las tierras productivas del país, o sea que ese uno por ciento acapara más territorio que el 99 por ciento restante. El informe se titula Desterrados: tierra y poder en América Latina en el que se detalla que la mayor parte de la tierra ha sido acaparada por la gran propiedad, mientras que las explotaciones de pequeño tamaño han quedado arrinconadas a una fracción marginal del territorio. Nuestro país, rico en recursos naturales, en nada es ajeno a esta realidad.

De acuerdo con la Cámara Minera de México, cerca de 100 millones de hectáreas –la mitad del territorio nacional— se encuentran concesionadas a compañías trasnacionales en su mayoría extranjeras. La concentración también se da a favor de las refresqueras que se apoderan del agua y de las empresas turísticas que se han apoderado de las mejores playas del país, al grado de que muchas prohíben el paso por ellas de sus auténticos dueños mexicanos, gran parte ejidatarios. Y, peor, no hace ni un mes en que se dieron a conocer la existencia de yacimientos petroleros en territorio nacional que por su riqueza son de los mejores del mundo, los que serán explotados con beneficio por parte de compañías foráneas. Hoy, con la reforma energética, los ojos ambiciosos de los poderosos no dejan de codiciar los ricos territorios indígenas.

Pero no es sólo eso. Dice Oxfam que vamos hacia el feudalismo, que unos pocos oligarcas, provenientes de los sectores formales e ilegales, se aprovechan de las tierras para extraer los recursos naturales -la gran mayoría de los gobiernos latinoamericanos basan sus economías nacionales en las exportaciones de materias primas como en los tiempos de la Colonia—mientras millones de campesinos e indígenas se ven forzados a migrar hacia los cinturones de miseria de las ciudades. El informe habla de los asesinatos de activistas que luchan por defender lo suyo, de cómo los crímenes quedan impunes y en varios casos se cuenta con la complicidad de funcionarios, de grupos paramilitares y de sicarios, de políticas fiscales que exentan a las trasnacionales, de contratos por los que las mismas empresas pueden demandar a los gobiernos si no cumplen con los territorios pactados. A ello hay que añadir el papel que desempeñan en México los cárteles de la droga que expulsan a comunidades enteras para poder producir los cultivos ilícitos y establecer rutas seguras en su tráfico.

Para redondear el tema está el análisis de Juan Carlos Pérez Castañeda que en un ensayo publicado por la Procuraduría Agraria desarrolló El Proceso de Acumulación de la Tierra (Concepto y Tipos de Latifundio) que, como explica, abordarlo pudiera parecer anacrónico en los albores del siglo XXI. Pero no es así, sino todo lo contrario. El abogado y consultor afirma que los fenómenos territoriales de gran envergadura son de naturaleza cíclica, razón por la cual las megatendencias registradas por las estructuras agrarias se replican periódicamente. Esa es la lógica de la unidad y lucha de contrarios que han escenificado milenariamente la distribución y la concentración de la propiedad. En una etapa histórica predomina una y enseguida la otra, prácticamente se turnan al alimón. Por ello, luego del cierre de una fase de reparto agrario que se prolongó por tres cuartas partes del siglo XX (1917-1992), se deduce que estamos inmersos en un proceso de reconcentración de la tierra, esto es, de recomposición de los latifundios.

Aclara que no se trata de vaticinar futuras catástrofes ni de empeñarse en erigir obstáculos contra lo inevitable, sino de mantener la objetividad y de reconocer con rigor científico lo que tiene que suceder. Ello permitirá tomar providencias para que sus efectos resulten lo menos dañinos al desarrollo del país y no se conviertan en causa de nuevos estallidos sociales. Y es así como Juan Carlos Pérez Castañeda nos lleva a un recorrido de todo lo que fue, es y será el latifundio que, si como sostiene, se replica, aunque no siempre igual, entonces también habrá más luchadores sociales y revolucionarios como fue Francisco Villa.

DESDE EL CENTRO

De cara a la revisión del TLCAN agropecuario, organizaciones como Unidad de la Fuerza Indígena y Campesina –Rocío Miranda Pérez–, piden que México deje de ser sólo proveedor de materias primas para Estados Unidos y Canadá: denuncian que son empresas trasnacionales las únicas que sean beneficiado con el acuerdo y otras, de plano, piden sacar al campo mexicano… Postura contraria emiten las autoridades de SAGARPA –José Calzada Rovirosa– al asegurar que con la modernización urgida por Donald Trump, al agro nacional le va a ir bien… El que sigue sumando puntos a favor de México es el gobierno de Jalisco que encabeza Aristóteles Sandoval Díaz, quien con su secretario de Desarrollo Rural, Héctor Padilla Gutiérrez –presidente de la Asociación Mexicana de Secretarios de Desarrollo Agropecuario (AMDSDA)–,  con el inicio del Puente Aéreo Guadalajara—Vancouver, Canadá, hasta donde llegarán alimentos producidos por los jaliscienses…Patrullajes en Tláhuac,  delegación rural  de la Ciudad de México, mientras que Miguel Ángel Mancera sigue en precampaña por la Presidencia y dice que aquí no pasa nada…Cada vez es más la gente que exige la renuncia del secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, luego del fatal accidente en que perdieron la vida dos personas, por el socavón del Paso Express…

  • *Reportero de radio y medios impresos, fundador de la revista Proceso, asesor de organizaciones indígenas y campesinas, colaborador de agencias  de noticias y portales de internet.

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