DE NORTE A SUR

Guillermo Correa Bárcenas.

Los Olvidados es la película de Luis Buñuel que cimbró a México hace ya 77 años al tocar la realidad de los niños en el país y que estuvo por provocar la expulsión del director español. Describe la dramática situación que entonces padecían los infantes de una capital que no acaba de ser rural y que hoy se ha multiplicado por toda la República añadiéndose estampas como las de los menores sicarios, que sobreviven en las filas de la delincuencia organizada en las que no están exentas trágicas vidas orilladas a la prostitución infantil.

Por eso, si bien hay que festejarlos en este Día del Niño, gobierno y sociedad estamos obligados a la preocupación para actuar a favor de proporcionarles, sin excepción, la vida digna a que tienen derecho por encima de lo demás, pues hay que trabajar con la finalidad de garantizarles un futuro prometedor, que ya en su adolescencia y madurez asegure el bienestar que ahora en su mayoría no conoce.

La UNESCO ha establecido que la primera infancia, de los 0 a los 5 años de edad, es una etapa decisiva en el desarrollo de las capacidades físicas, intelectuales y emotivas de cada niño o niña. Es la etapa más vulnerable durante el crecimiento, pues es en esta fase, en la que se forman las capacidades y condiciones esenciales para la vida, la mayor parte del cerebro y sus conexiones. Entonces, el amor y la estimulación intelectual en esta época les permiten desarrollar la seguridad y la autoestima necesarias. Para ello, su entorno y las condiciones de vida de sus familias y, en especial de sus madres, son fundamentales.

Pero ¿qué pasa con los niños en México? Los más recientes datos del organismos internacional revelan que de los 40 millones de niños que hay en territorio mexicano, 21.2 millones viven en pobreza y 4.7 millones en pobreza extrema. En 2010 todavía existían más de seis millones, entre 3 y 17 años, fuera de la escuela. Por su parte, la  Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2014 encontró que en el país prevalecen cifras alarmantes como el que 302 mil infantes menores de cinco años de edad presentaron bajo peso, un millón 467 mil menores baja talla y 171 mil poco peso respecto a su altura. No olvidemos tampoco que el país registra el primer lugar mundial de infantes con obesidad, lo que repercute en males peligrosos como la diabetes, hipertensión arterial, ansiedad, enfermedades respiratorias y gastrointestinales. Otros daños, que no son menores y que sufren los niños, son la complicidad de autoridades en el consumo de la llamada comida “chatarra” que promueven empresas trasnacionales, la existencia de programas televisivos que encaminan a la violencia y a la depresión, así como un sistema educativo que, incluyendo la reforma sexenal en el sector, resulta inadecuado para su desarrollo.

También están los casi tres millones de niños que trabajan, muchos de ellos como jornaleros de origen indígena. Los que sobreviven con limosnas en las principales ciudades. Quienes conocen como único hogar las calles. Los que a su temprana edad son víctimas de las drogas. Los niños y adolescentes muertos o desaparecidos. La alta tasa de feminicidios  contra las niñas. La impunidad en torno a la violencia sexual en la que participan, sobre todo, sacerdotes, obispos y demás miembros de la Iglesia Católica, casos que desde hace tiempo son denunciados e investigados por el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas.

En fin, el 30 de abril de cada año se festeja en México el Día del Niño, y aunque cada país tiene su propia conmemoración, el reconocimiento debe ser a cada momento y no, como se acostumbra, en esta fecha que es utilizada por los gobernantes a conductas que únicamente buscan el beneficio político. No se diga ahora que se está en vísperas de elecciones para renovar tres gubernaturas y en un ambiente dominad por los comicios de 2018 en que habrá de votarse por un efectivo presidente de la República.

A los que quieren contender, deben tener presente que de acuerdo con los principales organismos internacionales y mexicanos en la materia, los niños tienen derecho a un nombre y una nación que los proteja, a una vivienda, alimentación y atención; a recibir educación gratuita; a jugar, descansar y divertirme; a decir lo que piensa, siente y preocupa; a recibir orientación de sus padres y maestros o las personas que los cuidan; a que se les respete y no ser tratado diferente por sus usos y costumbres, religión e idioma; a la salud, a una familia, a que los proteja la ley, a vivir en un ambiente sano. Y a todos los demás derechos que cada uno de nosotros tengamos que agregar.

DESDE EL CENTRO

George Mavrikos, líder de la Federación Sindical Mundial se reunió con los dirigentes del Frente Auténtico del Campo  (FAC) y ofreció la asesoría de la organización en la que participan 92 millones de trabajadores de 126 países para concretar una alianza entre los trabajadores del campo y la ciudad. Por lo pronto, se promueve en México la creación de una nueva organización que haga frente al colaboracionismo y la corrupción de las centrales oficialistas… Por cierto, el FAC volvió a las calles y a los plantones en dependencias que tienen que ver con el agro, debido a que no les cumplen con lo pactado… En la ONU se denunció que en 2016 fueron asesinados 281 hombres y mujeres indígenas  de 25 países por defender sus derechos y territorios, lo que no se puede tolerar. Encabezados por México –Nuvia Mayorga, de la CNDPI–, el grupo de países amigos de los pueblos nativos demandó frenar la persecución, el encarcelamiento y los crímenes contra los dirigentes.

*Reportero de radio y medios impresos, fundador de la revista Proceso, asesor de organizaciones indígenas y campesinas, colaborador de agencias  de noticias y portales de internet.

 

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