Previa a la probable renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, las autoridades mexicanas en materia agrícola, deben considerar la diversificación de las exportaciones para depender menos de Estados Unidos, además de fortalecer el mercado interno, plantearon economistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El catedrático e investigador, Jorge Alonso Calderón Salazar, al subrayar que el TLCAN para el agro mexicano ha sido profundamente desfavorable, sostuvo que es indispensable definir una agenda propia al momento que se dé la renegociación, con solidez en las posturas, lo que a su vez permita la defensa de los intereses de México.

Refirió en entrevista en la Gaceta de la UNAM, que luego de la firma del TLCAN, la producción agrícola mexicana se desplomó sometida a la competencia de los agricultores estadounidenses, casi el 80 por ciento del arroz que se consume en el país es importado.

Lo mismo pasa con el maíz, el 35 por ciento del mercado interno se abastece con las importaciones provenientes de vecino país del norte,  igual ocurre con el trigo en 65 por ciento, casi el 40 por ciento de la carne de cerdo, el 16 por ciento de la carne de aves, y más de 16 por ciento de leche.

En el caso del empleo, mencionó que el desplome de los trabajos es de 26 por ciento, “hoy la tasa de ocupación es de 19 por ciento, millones de productores agrícolas han perdido sus empleos”.

Datos falsos de inversión al campo

Respeto al gasto en inversión pública para el campo, Calderón Salazar, dijo que el problema es alarmante, ya que desde el año 2000 en el Presupuesto de Egresos de la Federación, los recursos se han catalogado como inversión, aunque en realidad, lo han convertido en gasto social compensatorio para la pobreza rural.

 En el terreno de la infraestructura, para el desarrollo rural, contemplado para los distritos de riego, que deben contemplar la construcción de presas y caminos además de crédito a la inversión productiva, hay significativa reducción en la inversión pública, salvo algunos sitios como Sinaloa, aunque también se ha reducido la producción.

Dijo que se avizoran tiempos difíciles, de lucha y resistencia, y de una política económica que atienda la situación, para salir adelante.

El también académico de la Facultad de Economía, Eduardo Pérez Haro, subrayó que la discusión del TLCAN para Estados Unidos, se centra en el sector de las manufacturas, en particular en la industria automotriz y autopartes.

Estos rubros representan 90 mil millones de dólares anuales, alrededor del 23 por ciento del comercio exterior nacional, equivalentes a las exportaciones del sector agroalimentario, más las remesas (que se estima vayan a la baja por las deportaciones), las exportaciones petroleras, los y los ingresos por turismo extranjero, por lo que si se renegocia el tratado contra la economía nacional, con el restablecimiento de aranceles como barreras al comercio exterior, “ello llevará a una condición recesiva de la economía”.

Hizo notar que es mínimo el peso fuerte de las exportaciones de jitomate y aguacate, que representan sólo el tres por ciento del producto nacional, a pesar de que el campo lo habitan 25 millones de mexicanos.

Coincidieron los académicos en que México, e descuidó a 35 años de la apertura comercial la economía nacional, para la formación de capital, el incremento de las capacidades de producción y de comercio, para apostar nada más, con el comercio exterior hacia Estados Unidos, con “la idea de que ello sería eterno”.

Hay que crear un gran acuerdo nacional con inclusión social y responsabilidad frente a las nuevas generaciones, agregaron, basado en el fortalecimiento de las capacidades de producción y comercio a otros mercados.

“En 35 años no ha existido trabajo en infraestructura, tecnología, calificación de la mano de obra, organización de la producción, vinculación al mercado interno, y la estructura de un sistema financiero”.

Hablaron que en el sector agrícola la distribución de los ingresos es causa de la diferenciación productiva, social y regional. Hace falta, concluyeron que la política de apoyos al campo sea progresiva, para que el gasto público se dé a quien menos tiene.

“Se debe diseñar y direccionar perfectamente el fomento y apoyo al desarrollo del sector, aunque esto consideraron, llevará toda una generación para resarcir las insuficiencias que en este momento están acumuladas”.   Grupo Mexicampo