Aperitivo Nacional

Eduardo González Silva

Inocultable el alejamiento de la jerarquía católica a su feligresía, pese a la grave crisis económica iniciada hace casi medio siglo, con entrados ocho sexenios de por medio, que aceleró la descomposición de la vida social y política del país.

Crisis que da signos de no importar mínimamente a los 90 obispos que integran la Conferencia del Episcopado Mexicano, aún y con los alarmantes niveles de pobreza alcanzados, y la pésima distribución de la riqueza concentrada permanentemente en un puñado de familias.

La amplia proletarización de los sectores medios de la población, infaustamente satanizados por aspiracionistas, una grey católica saturada de agravios, ha caminado en profunda soledad para enfrentar en el día a día los problemas que le aquejan.

La acción pastoral de los príncipes de la Iglesia Católica no llega, menos los pronunciamientos contra los altísimos niveles de violencia, narcotráfico, inseguridad pública, secuestros, feminicidios, tráfico de personas y de armas, y si a esto se añaden denuncias que no prosperan por casos de pederastia, se profundiza aún más la inexistente presencia de los guías espirituales católicos, por estar en entredicho algunos de ellos.

Focos rojos, que no pasan desapercibidos en el Vaticano por el latinoamericanismo del papa Francisco, que en él sí, en un acto de presencia a lo que ocurre en estas latitudes, envió exclusivamente a México, al segundo hombre en jerarquía en Roma, monseñor Pietro Parolini, Secretario de Estado de la Santa Sede, que no fue la primera vez que llegó a Palacio Nacional, la primera ocasión fue en tiempos de Peña Nieto.

Por increíble que parezca, algo ocurre en el nivel de las relaciones del actual sexenio con la Santa Sede. En lo que va del actual gobierno se tiene el registro de la muerte de tres sacerdotes en la vorágine de violencia en que está atrapado México.

El arribo de Parolini a la CDMX, fue en fin de semana, no hubo ningún comunicado por cualquiera de las partes sobre los temas tratados en la reunión, menos fotografía alguna al momento del encuentro.

Solo se difundió la entrega de las llaves de la ciudad por la actual jefa de gobierno capitalina, y las atenciones prestadas hacia el visitante por el titular de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

Un par de semanas antes al arribo de Parolini, el nuncio apostólico en nuestro país Franco Coppola, llegó sin guardias de seguridad a Aguililla, Michoacán, municipio asediado por el crimen organizado, quien caminó a pie acompañado por los sacerdotes del lugar desde la entrada hasta el centro de la población.

Los habitantes de este sitio, se arremolinaron para atestiguar la visita del nuncio los que con gusto aprobaron la actitud de los clérigos. En Aguililla, nadie camina por sus calles con seguridad.

Coppola, diplomático experto, artífice de la visita de su Santidad Francisco, a la República Centroafricana, donde la autoridad carece de poder y sin ningún tipo de cuerpos policiacos, y a donde llegó finalmente el Sumo Pontífice.

Pero mientras se registra el abandono para los laicos por los jerarcas católicos, éstos personajes están enfrentados entre sí, la cabeza de por lo menos dos de los bandos el exobispo primado Norberto Rivera Carrera, y su sucesor Carlos Aguiar Retes.

Ambos prominentes militantes del ala conservadora, dirimen penosamente sus diferencias abajo o arriba del púlpito. En tiempos de Rivera, los al menos 100 párrocos en la Ciudad de México, pagaban un porcentaje de sus ingresos a la Mitra, ahora con Aguiar pagan “derecho de piso”, es decir una cantidad fija, sino lo hacen se les amenaza con una auditoria.

La CDMX, es en la actualidad la ciudad con el mayor número de creyentes católicos en el mundo, sí se suma a los solamente guadalupanos la cantidad podría ser superior a los ocho millones de personas.

A final de cuentas, solo se percibe a la Iglesia Católica sin interlocución con el actual gobierno, el obispado más antiguo de América Latina con 471 años de existencia (constituido apenas 21 años después de la consumación de la conquista), en abandono hacia su grey, y una jerarquía dividida y rebelde, que ni al Papa Francisco hacen caso.