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Pan de muerto, una exquisita tradición

 Por: Yolanda Hernández Escorcia

Ciudad de México a 02 de noviembre del 2017.– Uno de los grandes deleites que a los mexicanos nos gusta darnos,  es comer y saborear el exquisito pan de muerto que  no puede faltar en estas  festividades de Todos Santos o de Los Fieles Difuntos y  que año con año impregnan de magia y misticismo los hogares de millones de familias  mexicanas.

Al igual que el dulce de calabaza, el pan de muerto azucarado, con ajonjolí, huevo batido, relleno, espolvoreado, con canela,  naranja y miel,  con detalles en rosa mexicano, representando figuras humanas, animales,  catrinas, no puede faltar en la ofrenda a nuestros muertos chicos y grandes  nuestra mesa.

Cada estado, municipio y pueblo tiene su propia receta, se calcula que en todo el país hay más de 750 variedades y al igual que la ofrenda que se le pone a nuestros muertos, los antropólogos aseguran que el pan  como hoy  acostumbramos comerlo es resultado del sincretismo de dos culturas la prehispánica y la española que introdujo la harina de trigo y levaduras.

En los orígenes prehispánicos se tiene referencias que se acostumbraba  preparar el “papalotlacalli” o “pan de mariposa” hecho a base de amaranto con miel, exclusivo para las ofrendas del Dios Huitzilopochtli,  pero otras fuentes refieren que también se preparaba con la pasta de algunas frutas maceradas como; la calabaza, yuca y maíz.

La forma más común del pan de muerto, es un círculo que en la parte superior lleva una pequeña esfera que representa un cráneo y cuatro canillas que representan los cuatro puntos cardinales del universo  y los huesos.

Este pan redondo, adornado de “huesos” de masa, tiene como ingredientes principales la harina de trigo, azúcar, huevos, y generalmente está adornado con ajonjolí o bien cubierto de azúcar, como toque especial perfumado con naranja y anís.

En algunos pueblos de Oaxaca y Puebla acostumbran formar figuras de animales y personajes como las soldaderas, revolucionarios, catrinas, peces, pájaros o simplemente como rosquillas redondas bañadas de azúcar o vistosas pastas de color rosa mexicano.

La conexión entre el pan de muerto y el recuerdo de nuestros seres queridos, que se nos adelantaron en el camino, siempre estará presente en esta tradición tan significativa que ocupa un lugar muy especial, en las ofrendas y nuestra mesa familiar.

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