Ciudad de México, 17 de abril.- Las luchas sociales han marcado efemérides que muchas veces conmemoran sucesos trágicos como la masacre cometida en Eldorado dos Carajás, en Pará, Brasil, el 17 de abril de 1996, contra 1,500 familias campesinas, entre ellas integrantes del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST), que marchaban a Belém en protesta por la demora en la expropiación de tierras.

Contra la multitud se descargaron ametralladoras, rifles y revólveres y 10 personas fueron ejecutadas a quema ropa, otras siete perecieron por el filo de armas punzocortantes, y al final, 19 personas quedaron muertas y 69 heridas.

La noticia conmocionó a los representantes de 37 países que asistían en Tlaxcala, México, a la II Conferencia del Movimiento La Vía Campesina (LVC), que un año antes había surgido en Managua, Nicaragua, como espacio para articular a los campesinos de todo el planeta, por lo que levantaron sus voces de protesta e instituyeron el 17 de abril como Día Mundial de la Lucha Campesina.

Entre marzo y abril de ese mismo año, LVC planteó su propuesta de Soberanía Alimentaria, en oposición al “destructivo modelo industrial capitalista que sigue causando hambre, desigualdad y crisis climática”.

Desde entonces, a lo largo de 25 años, las campesinas y los campesinos del mundo han persistido en la construcción de esa soberanía alimentaria, y este 2021 ven la conmemoración como oportunidad mayor para dar visibilidad a las iniciativas que ya han conseguido.

En este día, LVC llama a cada una de sus organizaciones integrante, aliadas y aliados, amigas y amigos, a desplegar las distintas dimensiones de la soberanía alimentaria que tengan aplicación en su contexto, realidad local y territorial, y redoblar esfuerzos colectivos para concretar la soberanía alimentaria en los próximos 25 años.

La propuesta de 1996 tuvo eco en la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que ese mismo año convocó a la Cumbre Mundial de la Alimentación en su sede mundial, y reunió, del 13 al 17 de noviembre, a representantes del más alto nivel de 185 países y de la Comunidad Europea.

Este acontecimiento histórico, celebrado en la sede de la FAO, en Roma, reunió a unos 10,000 participantes, y constituyó un foro para el debate sobre una de las cuestiones más importantes con que se enfrentarían los dirigentes mundiales en el nuevo milenio: la erradicación del hambre.

La aprobación de la Declaración de Roma sobre la Seguridad Alimentaria Mundial y el Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación por 112 Jefes de Estado y de Gobierno o sus adjuntos, y por más de 70 representantes de alto nivel de otros países, así como la participación activa de representantes de organizaciones intergubernamentales y de organizaciones no gubernamentales, “ha contribuido a sensibilizar a la opinión pública y ha dado marco para introducir los importantes cambios en las políticas y los programas que son necesarios a fin de lograr alimentos para todos”.

Para LVC, la “soberanía alimentaria es el derecho de las personas a producir de forma autónoma alimentos sanos, nutritivos, climáticos y culturalmente apropiados, utilizando recursos locales y a través de medios agroecológicos, principalmente para atender las necesidades alimentarias locales de sus comunidades”.

Esta organización de la sociedad civil rural considera que la soberanía alimentaria es necesaria incluso para garantizar la seguridad alimentaria y la sostenibilidad en el planeta.

En México, la pobreza resulta inexplicable en territorios capaces de producir alimentos suficientes para la totalidad de su población, por lo que es necesaria la reflexión desde las distintas perspectivas de la pobreza rural, donde se tome en cuenta la heterogeneidad del territorio, sus particularidades culturales, las relaciones entre los individuos y su entorno natural, para devolver a los pueblos la autonomía productiva y de consumo que definen a la soberanía alimentaria.

Paradójicamente las zonas con mayor riqueza natural y biodiversidad son también aquellas donde se observan cifras más altas de pobreza y marginación. El abandono de estos territorios durante décadas ocasionó el rezago que hoy se aprecia.

Sin embargo, la riqueza de las comunidades rurales exhibe gran potencial para constituirse en el centro de generación de estabilidad y desarrollo del campo, como lo plantea el enfoque productivo del programa Sembrando Vida.

Estrategia que impulsa la generación de empleos y la soberanía alimentaria, cuyo éxito deberá surgir a partir de la autoproducción de los alimentos y el cuidado de las tierras por las campesinas y los campesinos, con lo cual ha de crecer el bienestar de las comunidades.

Al dejar las prácticas asistencialistas se busca, como un objetivo principal, la solución de la pobreza alimentaria del país desde sus distintos puntos de origen.

Con el incremento de la productividad es posible convertir al campo en el principal banco de alimentos del país para satisfacer las necesidades básicas de la población, en atención a sus particularidades regionales y culturales desde una perspectiva de sustentabilidad. El impulso de la soberanía alimentaria representa un avance significativo para modificar una realidad de profunda desigualdad social, sobre todo cuando se coartan derechos humanos fundamentales como el acceso de la población al alimento. (Redacción MEXICAMPO).