DE NORTE A SUR

*Guillermo Correa Bárcenas

Jamás podrá asegurarse que alguno de los presidentes que ha tenido Estados Unidos ha sido amigo de México. Con matices o no, todos nos han hecho daño. Aunque el que hoy llega al poder se enfila para ser lo peor: deportaciones de unos 3 millones de mexicanos indocumentados –muchos de ellos campesinos e indígenas–, la construcción de un muro con la finalidad de frenar la migración y la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) han sido las amenazas de Donald Trump en campaña. Falta ver al empresario de bienes raíces como presidente en funciones, a partir de este viernes 20 de enero; y también si contará con el respaldo de los congresistas, en caso de continuar con sus mensajes de miedo.

Cual sea el futuro lo cierto es que no será nada agradable, sobre todo por los actuales representantes del sistema político priista, pues no se puede ocultar que con la llegada del magnate lo único que se fortalece es la oposición de la verdadera izquierda nacional.

De acuerdo con Humberto Garza Galindo que es investigador del Colegio de México, otro de los efectos casi inmediatos de la presidencia de Trump es el fortalecimiento de un nacionalismo mexicano y, en consecuencia, una creciente reacción anti-estadounidense. No tanto, tal vez, a la que ellos han tenido hacia nosotros desde los tiempos de George Washington, lo que obliga a pasar por el robo de la mitad del territorio mexicano. Se puede decir que la confrontación ha sido permanente. La realidad es que en los últimos años no ha sido tanta y que los gobiernos mexicanos han realizado esfuerzos por ganarse a los gringos. Los resultados han sido a veces positivos, no siempre. Se ha llegado al entreguismo con, en ocasiones, tintes de dignidad.

Estudios del Colegio de México describen que las relaciones entre México y Estados Unidos siempre han sido complejas, pese a que en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial el imperio se dio cuenta de que la nación vecina es clave para su seguridad y estrategia, lo que México aprovechó en su momento con el objetivo de sacar algunas ventajas de la bilateralidad. El asunto es que hasta se rompieron relaciones con Japón y se declaró la guerra a Alemania. Con Miguel Alemán, se obtuvieron créditos y financiamientos a cambio de posturas favorables a la democracia y el capitalismo de Estados Unidos. Adolfo Ruiz Cortines  determinó disminuir su apoyo a la política exterior estadounidense para evitarse conflictos, lo que no se contradijo con la reducción de las cooperaciones económicas de Estados Unidos. Puede decirse que la época más afortunada se dio con Adolfo López Mateos, 1958 a 1964, con todo y la Revolución cubana; el miedo al comunismo que obligó a muchas naciones no seguir a Fidel Castro, excepto la mexicana que incluso voto en contra de que la combatiente isla fuera expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA). Gustavo Díaz Ordaz mantuvo los vínculos pese a la condena que hizo de la invasión estadounidense a la República Dominicana, aunque algo se ensombreció debido a que nuestro país exportaba materias primas a precios baratísimos, en tanto que pagaba muy caro los productos gringos importados. Fue entonces cuando se empezó a presionar de manera unilateral para que los mexicanos actuaran contra los narcotraficantes.

Durante los tres siguientes períodos presidenciales que fueron de 1970 a 1988, las relaciones entre México y Estados Unidos se mantuvieron en un clima de críticas y reclamos por eventos pasados y por las acciones llevadas a cabo por Estados Unidos a causa de la guerra fría. México se desenvolvió bajo el proteccionismo. Imponía muchas trabas a los inversionistas extranjeros con tal de proteger la industria propia del país. También se sostenía únicamente del petróleo y esto causó una crisis económica. Por otro lado, el país trató de ser la voz del Tercer Mundo –Con Luis Echeverría Álvarez— adoptando un discurso antiyanqui. A pesar de todos estos problemas, la interdependencia crecía cada vez más debido a que la economía y los mercados de ambos países eran afectados por los acontecimientos de cada uno.

Sin embargo, dice el estudio, a partir de 1994, durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari y de George Bush, la relación entre México y Estados Unidos cambió mucho para hacerla más dinámica e interdependiente. Pasó de tratar de mantener una sana distancia, ajena a la cooperación y a la búsqueda de soluciones a los problemas que tenían en común. Incluso se alentó la integración económica con el TLCAN, que en un principio fue repudiado por los indios de Chiapas que le declararon la guerra al gobierno salinista y a ahora lo es por el propio Donald Trump quien se queja de que sale perdiendo la sociedad que encabeza, al grado de que sus amenazas de castigo han sacado inversiones de suelo mexicano por parte de empresas trasnacionales de la industria automotriz.

Con Ernesto Zedillo y Bill Clinton el acercamiento e interés por ambos lados se acrecentó. Hay que recordar que para solucionar la crisis del peso mexicano, lo que afectaba a Estados Unidos y a Latinoamérica, el presidente estadounidense logró que el congreso de su país aprobara un paquete de ayuda por 50 mil millones de dólares, a cambio de austeridad en el régimen zedillista, combate a la inflación y acuerdos fronterizos sobre exportaciones, medio ambiente, salud, educación y desarrollo económico. Tal prosperidad no tuvo parangón durante los gobiernos panistas de este siglo. México fue prioridad para Washington al igual que la promesa –que nunca se ha concretado—de una reforma migratoria. Todo iba bien con Vicente Fox y su canciller Jorge Castañeda. Pero se vino abajo con los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. De hecho, Estados Unidos abandonó a México cuando éste titubeó al condenar los ataques a las torres gemelas. Por si fuera poco, negó el apoyo a Estados Unidos en su guerra contra Irak en el mismo seno del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El propio Felipe Calderón reconoció que durante su mandato la relación bilateral fue complicada y en ocasiones tensa. Argumentó como razones los asuntos migratorios y alto consumo de drogas en los Estados Unidos. Nada nuevo, dijo en una entrevista a la televisión rusa, siempre han sido complejas las relaciones. “Es un problema que vivas a lado del mayor consumidor de drogas del mundo, y todo mundo quiera venderle droga a través de tu puerta o de tu ventana y eso hace más complicada la relación”, dijo entonces. En el sexenio pasado, la administración panista se empeñó en diversificar los mercados para no depender tanto del TLCAN.

Lo mismo ha hecho desde que regresó al poder el Partido Revolucionario Institucional a través de Enrique Peña Nieto. Se sabe que México mantiene relaciones comerciales y que participa en bloques, o está en camino de hacerlo, tan poderosos o más que el TLCAN cuestionado por el nuevo presidente vecino. No obstante, es del saber público que durante toda la historia se ha dependido de ellos y que casi el 90 por ciento de las exportaciones mexicanas van a dar a los estadounidenses, en cuyo territorio históricamente también han trabajado los mexicanos por falta de empleos en su lugar de origen. Pero ha llegado Trump y dice que eso no va a seguir así. Pocos le creen y lo sienten incapaz de llevar a los hechos sus temidas declaraciones. Al menos, eso parece, es la mentalidad de los gobernantes mexicanos que desde hace tiempo debieron empezar a trabajar por hacer nula la frase del dictador Porfirio Díaz: “Pobrecito de México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

DESDE EL CENTRO

 

Con marchas de protesta en varias partes del mundo, principalmente en Estados Unidos y México, Asumirá hoy Donald Trump la presidencia de Estados Unidos… Aquí también siguen al alza las condenas a la actual administración por el gasolinazo y la carestía a los alimentos que provoca… Colonos de la delegación Tlalpan lograron frenar por el momento un desarrollo más, conocido como “Patios”, que establece en la ciudad de México el cuñado del expresidente Carlos Salinas de Gortari. Tendrán audiencia el próximo 23 con juez y autoridades… La CODUC capitalina y los Tlateles denuncian una vez más el despojo de sus tierras para construir obras hidráulicas del nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México. Ahora su plantón fue frente al Senado y las instalaciones de la SEDATU de Rosario Robles. En todo caso, exigen indemnización justa, afirma el dirigente Marco Antonio Cruz… Esperada la extradición de El Chapo Guzmán y la llegada de prisiones estadounidense del exgobernador priista de Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid… Ahora los malos van contra Cancún… Lamentable lo sucedido en Monterrey y lo de los niños con cáncer, que se investiga en Veracruz. [email protected]

 

 

 

*Reportero de radio y medios impresos, fundador de la revista Proceso, asesor de organizaciones indígenas y campesinas, colaborador de agencias  de noticias y portales de internet.