Ciudad de México, 2 de mayo.-El atún enlatado se convirtió en aliado en muchas neveras a lo largo de la pandemia. Pero, independientemente de las excepcionalidades de este período, no se puede ignorar que desde hace tiempo, este producto es víctima de su éxito nutricional, ya que su carne es rica en Omega-3, contiene minerales, proteínas y vitamina B12, entre muchas otras bondades.

Esto convierte al atún en uno de las especies más amenazados ante el exceso de demanda. Según las últimas estimaciones, el 33.3 por ciento de las poblaciones de las siete especies principales de atún están explotadas a niveles biológicamente insostenibles.

Cada año se descargan más de 7 millones de toneladas de atún y especies afines. Las especies de atún representan el 20 por ciento del valor de la pesca marítima y más del 8 por ciento de todos los productos del mar que se comercializan en el mundo.

Con las cifras anteriores, es fácil entender el papel fundamental de esta especie en el desarrollo sostenible, la seguridad alimentaria, la economía pesquera y la creación y mantenimiento del empleo de muchas familias.

En diciembre de 2016, la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la celebración del Día Mundial del Atún cada 2 de mayo (resolución 71/124). Así, 2017 se convertiría en el primer año de concienciación relativa a esta especie marina.

La conmemoración de este día subraya la importancia de una gestión pesquera sostenible y de conservación para evitar que las poblaciones de atún se reduzcan peligrosamente, y reconoce el papel fundamental de este ejemplar en el desarrollo sostenible, la seguridad alimentaria, la economía y los medios de vida de las personas de todo el mundo.

La FAO ha advertido que la demanda de atún es alta y que el exceso de capacidad de las flotas pesqueras persiste. Todo ello demuestra que todavía se precisa de una gestión efectiva para restaurar las poblaciones sobreexplotadas, entre las que se encuentra el atún.

Además, la disminución de las reservas de atún como resultado de la sobrepesca hace necesario un marco legal internacional, como se refleja en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Una necesidad que se ha reforzado con la creación de un Código de Conducta por una pesca sostenible, el acuerdo de las Naciones Unidas sobre las reservas pesqueras o las resoluciones de la Asamblea General en pro de una pesca sostenible, además de otros esfuerzos de la comunidad internacional en el ámbito regional o nacional. (Redacción MEXICAMPO).