I PARTE

Víctor Suárez Carrera*

En el presente artículo pretendo demostrar que nuestro país tiene la capacidad de alcanzar la autosuficiencia en el mediano plazo (5-8 años) sin la necesidad del uso de semillas transgénicas ni de atar nuestra seguridad alimentaria y nutricional a los intereses de los monopolios de la biotecnología. Considero que para lograrlo es indispensable corregir las políticas gubernamentales transexenales que han propiciado el abandono del campo mexicano y dar paso a una política de Estado de largo plazo para la soberanía y seguridad agroalimentaria y nutricional y la autosuficiencia maicera.

En primer lugar procederé a argumentar en torno a los mitos sobre el maíz transgénico, que ha sido propalado como verdadero producto milagro, así como sobre los graves riesgos e inconvenientes que representaría para nuestro país el doblegarnos frente a los intereses mercantiles de los monopolios. En segundo lugar, fundamentaré cómo es posible alcanzar la autosuficiencia maicera en el mediano plazo con base en: i) una política de fomento integral de las unidades de producción maiceras -principalmente pequeñas y medianas-; y ii) un nuevo modelo de producción agrícola sustentable que sustituya al modelo de agricultura industrial promovido por la llamada Revolución verde, que en la actualidad ha demostrado sus límites productivos y sociales así como sus efectos negativos en la salud y el ambiente.

Mitos del maíz transgénico

  1. Incremento de los rendimientos.- Uno de los principales mitos es la mentira promovida por los propagandistas del maíz transgénico de que aumenta significativamente los rendimientos en comparación con las semillas nativas e híbridas convencionales y que de esta forma se va a “abatir la dependencia y la crisis alimentaria de México” y “van a salvar al mundo” de la hambruna. Un estudio del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos afirma que: “durante los primeros 15 años de uso comercial, las semillas genéticamente modificadas no han resultado en un incremento del potencial de rendimiento de las variedades” (I). Por su parte, Heinemann et al(2) citado por el doctor Antonio Turrent (III), concluye que no existe una diferencia significativa entre los rendimientos de maíz en Estados Unidos (con organismos genéticamente modificados, OGM) y los de la Unión Europea (sin OGM). Por otro lado, si comparamos el rendimiento promedio de maíz en Estados Unidos (con OGM) de los cinco años recientes (2010-2014) con los de Sinaloa (sin OGM) del mismo periodo, encontramos que no existen diferencias significativas: 9.46 ton/ha (IV) (EU) frente a 9.35 ton/ha(V) (Sin). Es fundamental reiterar que el rendimiento de una semilla está determinado por múltiples factores, en primera instancia por su potencial genético (semillas nativas e híbridas con potencial intrínseco superior a 30 ton/ha) más el sistema de producción utilizado, las condiciones climatológicas y el contexto de las políticas públicas específicas (precios de energía y de insumos, costo del financiamiento, administración de riesgos, precios de venta remunerativos, certidumbre en la comercialización, infraestructura, logística, etcétera). Es claro que un productor en México que pudiera disponer hipotéticamente de una semilla “milagrosa” como la propalada por los monopolios transgénicos pero no tener organización local, crédito, asistencia técnica, infraestructura, insumos a precios competitivos, precios remunerativos y certidumbre en la comercialización, etcétera, no obtendría más que los rendimientos promedio de las zonas temporaleras del país.
  1. Disminución del uso de agroquímicos.- Otro de los mitos alrededor de las semillas transgénicas es que reducen drásticamente el uso de agroquímicos y por tanto son “amigables” con el medio ambiente. La realidad es distinta. De acuerdo con el documento inicialmente citado (Fernandez-Cornejo et al), la disminución en el uso de insecticidas ha sido similar entre los productores con semillas transgénicas y los que utilizan semillas no transgénicas (ver gráficas 1 y 2[vi]). Por otro lado, es notable el incremento del uso de herbicida entre los productores que siembran maíz transgénico en comparación con los que siembran maíz no transgénico (ver gráfica 3). Esto se explica, entre otros factores, porque más del 70% de los transgénicos son plantas modificadas genéticamente para tolerar herbicidas específico, la mayor parte el glifosato, con lo cual la semilla transgénica forzosamente requiere el uso de herbicidas. Coincidentemente la mayor empresa de semillas transgénicas es a la vez la mayor productora de herbicidas no selectivos de amplio espectro (glifosato, cuya marca comercial de Monsanto es Roundup y Faena en México). ¡Negocio redondo! Además, el uso de semillas transgénicas supone el uso intensivo de fertilizantes químicos y de hidrocarburos, con lo cual cae por su propio peso el mito de la “disminución” de agroquímicos y de la tecnología “amigable” con el medio ambiente.
  2. Resistencia a plagas y a herbicidas.- Otra de las supuestas mayores bondades preconizadas por los vendedores de semillas transgénicas de maíz es justamente su mayor resistencia a plagas (maíz bt) y mayor tolerancia a los herbicidas de amplio espectro (maíz HT). Como era previsible, el uso continuo de semillas transgénicas ha propiciado la evolución de gusanos barrenadores con resistencia al maíz bt y de malezas resistentes al glifosato. Lo anterior ha obligado a un uso de dosis mayores de insecticidas y, particularmente, de herbicidas, al evolucionar las llamadas súper malezas en los campos maiceros estadounidenses, 14 de las cuales han sido documentadas por Heap, 2012 (Fernandez-Cornejo et al; pp. 29-33). Al respecto, el multicitado estudio establece que: “Esto impulsa hacia mayores costos de manejo, reducción de rendimientos y ganancias, y el uso incrementado de herbicidas menos benignos ambientalmente” (Idem; p.32).
  3. Incremento de la rentabilidad.- Otro mito es que las semillas incrementan la rentabilidad para el productor. Los precios de las semillas de maíz transgénicas son mayores que las semillas no transgénicas en rangos crecientes con el paso de los años (ver gráfica 4). Este hecho, asociado al incremento de los costos de combate de malezas y a la caída en los precios internacionales del maíz, ha presionado a la baja la rentabilidad de los productores estadounidenses de maíz transgénico, lo que ha provocado un repunte importante en las ventas de semillas no transgénicas. En el caso de nuestro país, dada la concentración anticompetitiva en la industria semillera y la falta de regulación gubernamental, los precios de las mismas semillas hibridas son mayores que en EU en rangos que oscilan entre 30% y 40%. En el hipotético caso de adoptar las semillas transgénicas y en virtud de una mayor monopolización de las patentes, producción y venta de dicho insumo, el incremento en los precios de las semillas transgénicas sería tal que su utilización en estados como Sinaloa acelerarían el de por sí grave problema de rentabilidad que ahora enfrentan. 

Riesgos e inconvenientes del maíz transgénico en México

  1. Contaminación de la diversidad de maíces nativos.- Como es sabido, nuestro país es centro de origen y diversificación continua del maíz. Este hecho representa una hazaña de las agriculturas campesinas de Mesoamérica y es un patrimonio de México y de la humanidad que tenemos la obligación ética, legal y política de preservar y salvaguardar para las siguientes generaciones. Las leyes nacionales y los convenios internacionales nos obligan a proteger la biodiversidad, en este caso, la de 60 razas y miles de variedades de maíz que han sido preservadas, adaptadas y diversificadas en forma continua a lo largo de más de ocho mil años por los campesinos de este país. Proceso éste que se mantiene en cada ciclo de cultivo.

La Ley de Bioseguridad sobre Organismos Genéticamente Modificados (LBOGM) prohíbe expresamente la liberación de OGM en centros de origen y diversificación como es el caso del maíz y ordena el establecimiento de un régimen especial de protección (Artículo 2, fracción XI). La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), órgano especializado del gobierno mexicano en la materia y presidido por el doctor José Sarukhán, ha determinado que: “todo el territorio nacional es centro de origen y diversificación del maíz” (Conabio: www.biodiversidad.gob.mx/usos/maices/razas2012.html) y, por tanto, no puede ni debe liberarse al ambiente maíz genéticamente modificado. Esta conclusión es respaldada por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC). La Conabio y el INECC son los dos órganos científico-técnicos máximos del gobierno mexicano en materia de biodiversidad y ecología, cuya opinión es vinculante para todas las dependencias del gobierno federal, incluida la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa). Esta opinión científica y legal ha pretendido ser violada una y otra vez por los monopolios transgénicos con el argumento falaz de que: “el norte no es centro de origen” y por tanto ahí si se pueden otorgar permisos de siembra comercial y convivir “con el sur no transgénico”.

Tal conclusión errónea e ilegal fue asumida por el ex presidente Felipe Calderón, pero fue declarada nula de pleno derecho en la última etapa de su mandato.

Desde el año 2000 se han encontrado numerosos casos de contaminación de los maíces nativos por maíces transgénicos en Sinaloa, Durango, Chihuahua, San Luis Potosí, Puebla, Veracruz, Oaxaca, Yucatán y Distrito Federal, aún sin liberación legal al ambiente, y ello demuestra los graves riesgos de contaminación. Pareciera que existen intereses que promueven la siembra ilegal de maíz transgénico, para después afirmar: “ya estamos contaminados, ya no hay nada qué hacer, liberemos los permisos de siembra comercial”.

Los monopolios transgénicos insisten en incumplir las leyes mexicanas y los convenios internacionales sobre conservación de la diversidad biológica que, entre otras cosas, establecen el principio de precaución. Ante la pasividad gubernamental para hacer cumplir la ley, organizaciones de la sociedad civil interpusieron una acción colectiva ante la justicia para proteger nuestra diversidad maicera como un derecho al medio ambiente sano. Desde hace casi dos años, la justicia otorgó a dicha colectividad medidas cautelares contra el otorgamiento de permisos de siembra comercial de maíz transgénico. La medida cautelar se mantiene hasta ahora a pesar de los 63 recursos interpuestos por las monopolios biotecnológicos y los 30  por las dependencias gubernamentales (Sagarpa, Semarnat). ¿Tiene sentido violar las leyes y perder la diversidad única de maíces de México sólo para aumentar las ventas y ganancias de los monopolios transgénicos?

  1. Pérdida de la ventaja competitiva mundial como productor de maíz blanco no transgénico.- Nuestro país es el primer productor mundial de maíz blanco, por supuesto no transgénico. Esta es una ventaja competitiva que nadie en su sano juicio quisiera perder sólo para satisfacer los intereses mercantiles de corporaciones extranjeras. Nuestro maíz no es una commodity, es un producto de especialidad. Lo anterior representa, entre otros, valores económicos, nutricionales, sanitarios y gastronómicos en México y en los mercados mundiales. Los mercados globales tratan de moverse de las commodities hacia las specialities. ¿A quién que no fueran las corporaciones trasnacionales podría ocurrírsele ir en sentido contrario? Por eso a Monsanto y a Cargill les interesa que perdamos nuestra ventaja competitiva mundial y comoditizar el maíz blanco no transgénico; a Nestlé le gustaría robustizar la cafeticultura mexicana de cafés arábigos de calidad, y así…

Para ilustrar lo anterior, refiero el caso del interés de China en comprar maíz mexicano por su alta calidad y condición de no transgénico. El año pasado, las autoridades chinas rechazaron un cargamento de 1.2 millones de toneladas de maíz estadounidense contaminado con transgénicos prohibidos para el consumo humano y animal. Ante eso, el gobierno chino instruyó a diversas empresas público-privadas que buscaran una proveeduría sustituta al maíz transgénico estadounidense y éstas encontraron en el maíz blanco mexicano una excelente alternativa. Las autoridades mexicanas, encabezadas por el Titular de la Sagarpa, han encontrado en esta perspectiva una excelente oportunidad, tanto para desahogar los excedentes temporales de las cosechas de maíz de Sinaloa como para disminuir la balanza comercial tan deficitaria que se tiene con China. Recientemente (2000 Agro, Revista Industrial del Campo; 23/05/15), a solicitud de la Sagarpa, autoridades sanitarias y expertos de la Administración General de Supervisión y Cuarentena de China (AQSIQ) realizaron una serie de visitas y reuniones de trabajo en nuestro país tendientes a obtener el protocolo sanitario chino que permita las exportaciones de maíz mexicano a dicho país. ¿A quiénes les interesaría sabotear esta perspectiva?

  1. Riesgos a la salud y al medio ambiente.- El modelo de agricultura promovido por los monopolios transgénicos es socialmente excluyente, altamente concentrador de subsidios públicos, agresivo con la diversidad biológica, contaminante (suelo, agua, aire, alimentos), promotor de catástrofes nutricionales (epidemia de obesidad) y gran generador de gases de efecto invernadero (GEI). Es un modelo del pasado, obsoleto. Va en sentido contrario de las directrices globales hacia una agricultura sustentable con base en la inclusión social, la agricultura familiar, la salud alimentaria y que reduzca las emisiones de GEI.

Adicionalmente, en junio pasado la Organización Mundial de la Salud (OMS), por medio de su Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, clasificó al glifosato, componente central del paquete del maíz transgénico HT, como: “probable carcinógeno para los seres humanos”. Por supuesto que el lobby corporativo seguirá afirmando, a través de sus “científicos” y organismos de propaganda como Agrobio, que la clasificación de la OMS es errónea, tal como lo hicieron, por ejemplo, las industrias tabacalera y refresquera defendiendo la inocuidad de sus mercancías. En Francia, en contraste, recientemente la ministra de Ecología, Ségolene Royal, anunció la prohibición de la venta libre a particulares del Roundup, el herbicida estrella de Monsanto, para: “luchar contra los efectos nefastos de los pesticidas” (La Jornada; 15/06/15). Por su parte, el ministro de Salud de Colombia, Alejandro Gaviria, ha pedido que deje de utilizarse dicho herbicida. Lo mismo el gobierno de Ecuador.

Por otra parte, el prestigiado profesor David Schubert, del Laboratorio de Neurología Celular del Instituto Salk de Estudios Biológicos –considerado uno de los mejores institutos de investigación médica del mundo- afirmó en una carta enviada al presidente Enrique Peña Nieto que: “Mi conclusión es, por tanto, que el maíz genéticamente modificado no representa ningún beneficio para su país, sino más bien un enorme peligro para la salud de los mexicanos. Sería un profundo error que el maíz transgénico entrara al suministro alimentario de México” (VII).

¿Y el gobierno mexicano? Es improbable que la Secretaría de Salud y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) hagan algo puesto que están alineadas con los intereses de las corporaciones.

* Director Ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo, A.C., integrante de la Campaña Sin maíz no hay país y de la colectividad que interpuso un recurso de acción colectiva contra la siembra comercial de maíz transgénico.

(I) Fernández-Cornejo, J.; Wechsler, S.; Livingston, M.; y Mitchell, L.: Genetically Engineered Crops in the United States; ERS/USDA; 2014).

(II) Heinemann, J.A. et al; International Journal of Agricultural Sustainability (2013): Sustainability and innovation in staple crop production in the US Midwest, International J. of Agric. Sustainability, DOI:10.1080/14735903.2013.806408.

(III) Turrent, Antonio; “¿Autosuficiencia con maíz transgénico?”; La Jornada; 12/05/15.

(IV) INTLFCStone, con datos de USDA (2015).

(V) SIAP-Sagarpa (2015).

(VI) Las gráficas de la 1 a la 5 han sido tomadas de Fernández-Cornejo, J. et al; op cit. Traducción libre del autor.

(VII) Schubert, David; carta al Lic. Enrique Peña Nieto, Presidente de la República, al Lic. Enrique Martínez y Martínez, Titular de la Sagarpa, y al Ing. Juan José Guerra Abud, Titular de la Semarnat.; Mineo. www.semillasdevida.org y http://ecoosfera.com/2015/02/david-schubet-eminencia-contra-los-transgenicos-dirige-carta-a-EPN-contra-el-maíz-genéticamente-modificado/en: