De fifí a guía espiritual

Aperitivo Nacional

Eduardo González Silva

Como pastor de la Iglesia Católica confesó a más de la mitad de los oligarcas del país, que no son muchos, realmente el uno por ciento de la población que concentra el 29 por ciento del Producto Interno Bruto.

Onésimo Cepeda Silva, obispo emérito de Ecatepec, el municipio más poblado de México, en consecuencia e irónicamente el más pobre del país, falleció hace unos días.

Controvertido personaje de la vida pública, con una riqueza económica heredada de familia, que le permitió con los años estrechar relación con otros personajes como los entonces empresarios Carlos Slim Helú y Roberto Hernández Ramírez, hoy en día, el primero el mexicano más rico de esta época. Y con el también no menos controvertido Carlos Hank Ron.

Operadores políticos del viejo régimen tuvieron acercamiento de interés o espiritual con este varón de la jerarquía católica, como Diódoro Carrasco Altamirano, que de titular de Gobernación en la administración priista de Zedillo se convirtió en panista y senador, otro el influyente sonorense Manlio Fabio Beltrones, el mexiquense hoy senador Eruviel Ávila Villegas, y que decir en tiempos de Peña Nieto, como mandatario del Edomex y ya como jefe del Ejecutivo federal.

Falleció Onésimo Cepeda, cuyo nombre se une al de Marcial Maciel, protegido de San Juan Pablo II, al de príncipes de la Iglesia como Ernesto Corripio Ahumada, Juan Sandoval Iñiguez, Norberto Rivera Carrera, y Emilio Berlie Belaunzarán, reconocidos por su postura “doctrinal” conservadora.

Aficionado en barrera de primera fila en la Plaza México al arte de Cuchares, y al beisbol, fue protagonista de múltiples declaraciones públicas contra arribistas a la política, de los que al igual siempre se expresó con asombrosa soberbia y desprecio.

Amante de la buena vida, del golf y del vino un fifí como se les dice ahora. Estuvo involucrado en un juicio legal por la posesión de una colección de obras pictóricas con la familia del empresario radiofónico Cristo Azcárraga.

El año pasado quiso ser diputado federal. Murió en momentos que no es clara la posición de la actual administración sexenal con la Iglesia Católica, misma que pierde adeptos ante la corriente cristiana pentecostal.

Una jerarquía católica omisa al dolor y los problemas de pobreza, injusticia, inseguridad, desempleo, falta de oportunidades para los jóvenes, imparable ola delincuencial, narco poder, migración, y con más de medio millón de mexicanos muertos por la pandemia.

Una Iglesia Católica mexicana divida como nunca, sin cohesión y en algunos casos fracturada. El año pasado, Franco Coppola, de quien discretamente se informó de su renuncia como nuncio apostólico en México, caminó en el 2021 junto a sacerdotes diocesanos las calles del municipio de Aguililla, Michoacán, en acción evangélica un lugar asolado por grupos criminales. Acción que ningún jerarca católico mexicano se ha atrevido a realizar.

Pese a la pérdida de adeptos, los grupos ultraconservadores continúan con sus labores para influir entre la población con sus mensajes religiosos, y le brindaron un regalo que en otros tiempos en México por su estado laico, habría sido un escándalo, también pasó inadvertido y a 100 años de la operación de la radio comercial en el país, la Iglesia Católica ya tiene su propia emisora radiofónica en AM, en la frecuencia que por décadas se identificó como: “la música que llegó para quedarse”.

Pero, el distanciamiento de la jerarquía católica y el estado mexicano, está presente, el cardenal Pietro Parolin, segundo hombre de mando en el Vaticano, visitó por tercera ocasión México, presente ya en dos ocasiones en Palacio Nacional mismo que se entrevistó en esta última ocasión con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Del encuentro la oficina de la presidencia no dio detalle alguno, para ser más discreta la entrevista está se efectuó en viernes por la tarde, lo único que se difundió que fue declarado visitante distinguido y el recibimiento con una fotografía por Marcelo Ebrard, titular de relaciones exteriores.

Así transcurren los días de la Iglesia Católica, junto al fallecimiento de Onésimo Cepeda que decidió en vida pasar de próspero hombre financiero a guía espiritual.

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