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Trump amenaza al planeta

DE NORTE A SUR

Guillermo Correa Bárcenas

  •  Grave retroceso en la lucha contra el Cambio Climático
  • El Vaticano le pide reconsiderar

No hace mucho que Donald Trump se burló del cambio climático al decir que “es un engaño de los chinos”, despotricó contra los que millones creemos que es una amenaza para el planeta y apenas este martes firmó una orden ejecutiva que significa un grave retroceso en la lucha a favor de la vida en este mundo tan deteriorado, al grado de que cada vez más somos testigos de apocalípticos fenómenos, como las torrenciales lluvias en el Perú, la cruel sequía que azota a California, los poderosos huracanes que cada año provocan graves inundaciones en México y las oleadas de calor que padecemos en la actualidad por todo el territorio nacional.

Pero Trump considera que todo lo que pasa en la Tierra es normal y que siempre ha sucedido, pese a las evidencias que han llevado a la mayoría de los científicos a vaticinar que si no hay un cambio en el comportamiento humano nada podrá salvarse, de la preocupación de líderes mundiales –el Papa Francisco entre ellos— y de organizaciones que se multiplican para cuidar el medio ambiente, los que se enfrentan a quienes anteponen siempre los negocios sin importar lo que venga después.

Fue hace más de 50 años en que los científicos Syukuru Manabe y James Hansen alertaron sobre el calentamiento global. En 1974 el mexicano Mario Molina y Sherwood Rowland advirtieron del peligro que tiene el uso de determinados gases para la capa de ozono, investigaciones que los llevaron a recibir el Premio Nobel de Química en 1994. Otro premiado, en 2007, fue el político demócrata estadounidense Al Gore, quien llegó a ser vicepresidente y candidato presidencial en su país, y que en ese año consideró urgente tomar acciones inmediatas para frenar los daños del Cambio Climático. Dijo entonces, al recibir el Nobel: “Así que hoy botaremos otros setenta millones de toneladas de polución en la delgada capa de atmósfera que rodea a nuestro planeta,  como si se tratase de un desagüe abierto. Y mañana botaremos una cantidad un poco mayor, que atrapará más y más calor del sol. Como resultado, la Tierra tiene una fiebre. Y la fiebre está creciendo. Los expertos nos han dicho que la enfermedad no se curará por sí sola. Hemos preguntado por una segunda opinión. Y por una tercera. Y la consistente conclusión, reiterada con creciente alarma es que algo fundamental está mal. Nosotros somos lo que está mal, y debemos corregirnos”.
El pasado 21 de septiembre, mientras que el hemisferio norte se alejaba del Sol, los científicos reportaron con inédita angustia que la capa de hielo del Polo Norte está “cayendo por un precipicio”. Un estudio estima que el hielo del Polo Norte podría desaparecer por completo en menos de veintidós años. Y otro más reciente, que será presentado por la marina norteamericana esta semana, nos advierte que esto podría pasar en tan solo siete años.

En los últimos meses se ha vuelto más difícil malinterpretar las señales que nuestro planeta nos está dando. Ciudades importantes en Norteamérica y Sudamérica, Asia y Australia están casi sin agua debido al masivo deshielo de glaciares. Granjeros desesperados están perdiendo su modo de vida. Personas en el Ártico y en las islas del Pacífico están planeando evacuaciones lejos de los lugares que durante mucho llamaron hogar. Incendios sin precedentes están obligando a medio millón de personas a salir de su país, y causó una emergencia nacional en otro, que casi ocasiona la caída del gobierno. Los refugiados climáticos han migrado a áreas habitadas por personas con diferente cultura, religión y tradición, incrementando el potencial de conflicto. Tormentas cada vez más fuertes en el Pacífico y en el Atlántico amenazan a ciudades enteras. Millones han sido desplazados por masivas inundaciones en el sur de Asia, México y dieciocho países de África. Mientras las temperaturas extremas se han incrementado, decenas de millones han perdido su vida. Imprudentemente, estamos quemando y acabando con nuestros bosques y llevando a más y más especies a la extinción. La red misma de la vida de la que dependemos está siendo amenazada.

Al Gore se pronunció en esa fecha por una alianza entre las naciones, felicitó a Europa y a Japón. Acusó a China y a Estados Unidos de no hacer lo suficiente, cuando son los más grandes emisores de bióxido de carbono, el gas más venenoso. Los convocó a asumir su responsabilidad, a recuperar el tiempo perdido y a ejercer la autoridad moral.

Al llegar al poder, Barack Obama tomó una postura positiva ante el grave problema. China hizo lo propio. Desde antes, la Organización de las Naciones Unidas programó reuniones cumbres. Se llegó al Protocolo de Kioto, que sólo obliga a los 37 países más industrializados y a la Unión Europea a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, los que se han quedado en la atmosfera desde hace más de 150 años y que son resultado de quemar combustibles fósiles. Hubo otras obligaciones, como hacer leyes de protección y pedir a las empresas a tomar en cuenta el medio ambiente.

En junio de 2015 trascendió la encíclica sobre clima y medio ambiente del Papa Francisco en la que hace un llamado a proteger el planeta de la degradación medioambiental y ataca al sistema económico que explota los recursos naturales sin consideraciones éticas o morales. En respuesta, los conservadores estadounidenses declararon la guerra contra el que llamaron “papa marxista”. De acuerdo con versiones de la BBC, este documento, el primero de un pontífice dedicada enteramente a este tema, ha dado nuevos argumentos a aquellos en EE.UU. que creen que el Papa es «demasiado liberal» o incluso de tendencias «comunistas», por su posición aperturista en cuestiones sociales y por sus críticas al «capitalismo salvaje» y a la «dictadura de la economía» (De Norte a Sur 3 de febrero 2017).

A fines de ese 2015, se realizó en Paris la 21 sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21), donde se logró un acuerdo histórico y favorable para el mundo. Solo que apareció Trump, quien ha dado marcha atrás a la postura de Estados Unidos, lo que seguramente dividirá a muchos países y continentes, a tal extremo que el Vaticano pidió ayer al presidente gringo reconsiderar su actitud de anular el Plan de Energía Limpia de Obama.

tigrebilly@hotmail.com

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