Eduardo González Silva. 

Debido a que la agroindustria en el país, destina cada día mayores cantidades de alimentos para la fabricación de productos chatarra, cuyo efecto representa que la población mexicana sea la de mayor peso y obesidad en el mundo, es urgente que el Estado establezca una política alimentaria ligada a la salud.

Los principales cultivos hoy forman parte de los ingredientes que utilizan los industriales de bebidas y alimentos, harinas refinadas, jarabe de maíz así como aceites, alerta la organización civil El Poder del Consumidor.

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En la actualidad, la dieta mexicana incluye alimentos altos en calorías, que son cada vez más accesibles, y paradójicamente es en las zonas rurales donde hay más comida chatarra, sobre todo dentro de los planteles escolares, estrategia que logró retirar almuerzos frescos, de cultivos principalmente de la región.

“La salud alimentaria, concepto que va más allá de la nutrición, se encuentra fuertemente asociada al sistema alimentario, es decir a la manera en que se producen, distribuyen, comercializan y consumen alimentos. Hoy en día, las políticas alimentarias privilegian a la agroindustria, es decir: la producción de alto rendimiento y en grandes extensiones”.

El Poder del Consumidor, advierte también que dichos monocultivos (maíz, papa, trigo, girasol, frijol, azúcar, etcétera), destruyen además la biodiversidad, fenómeno que además ha puesto ya en peligro a los ecosistemas y por consiguiente la alimentación de los seres humanos.

Política alimentaria para la salud

La comida del mexicano se aleja cada vez más del consumo de verduras, frutas y cereales integrales no refinados y leguminosas, debido ya a su baja disponibilidad.

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El Poder del Consumidor, ejemplifica el caso específico de los quelites, que prácticamente han desaparecido de la dieta del mexicano, alimento con  gran aporte de hierro, así como de otros minerales y vitaminas.

Precisa que la tradición alimentaria de nuestra cocina depende de los pequeños productores del campo, que la han llevado a ser reconocida como Patrimonio de la Humanidad, con una biodiversidad que le permitido a la dieta de la población obtener todos los nutrientes que se necesitan.

Refiere que los pequeños productores cultivan alimentos que vienen de nuestra tierra y más de 80 por ciento de los productos tradicionales de la cocina mexicana.

Subraya que la biodiversidad se está perdiendo a ritmo alarmante, que de acuerdo a la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), al inicio de las actividades agrícolas el hombre, cultivó hasta siete mil especies de plantas, y hoy únicamente 30 cultivos proporcionan aproximadamente 90 por ciento de las necesidades energéticas de la población mundial.

Señala que en zonas rurales, hay desabasto de frutas y verduras, debido a que no se venden de forma regular y en ocasiones no se producen para el autoconsumo, situación que se acentúa en las zonas indígenas.

Ante ello, se explica que en México siete de cada diez adultos y uno de cada tres niños y adolescentes, tienen alto potencial de riesgo de adquirir diabetes y enfermedades cardiovasculares, con lo que anualmente mueren más de 230 mil personas a causa de esas enfermedades.

Por si fuera poco, se tiene la experiencia de que estudiantes de una escuela secundaria, presentaron claras manifestaciones de desnutrición, los que gastaban diez pesos diarios en promedio en comida chatarra dentro del plantel.

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Los propios campesinos, indica, presentan mala nutrición, de tal manera que es necesario apoyarlos desde una visión de fomento productivo, de revaloración de la dieta tradicional, fortalecer los mecanismos de comercialización, acompañada la estrategia con apoyo técnico, lo que “podría ser la diferencia entre un México bien o mal nutrido.

Insiste en construir una “política alimentaria ligada a la salud”, enfocada en la recuperación de “verdaderos alimentos”, con una producción basada en el respeto a la biodiversidad, con el rescate de los mercados locales y regionales y no con la proliferación de tiendas de conveniencia, lo que fortalecerá a los campesinos como sujetos productivos.