Aperitivo Nacional

Eduardo González Silva

Para los mexicanos los deportes de su preferencia: indiferencia y olvido, los practica y come además como alimento favorito, aderezados de suculenta estulticia. Los graves problemas nacionales que vive el país, no los enfrenta, simplemente los patea con barato agente distractor (un partido pambolero de los ratones verdes en los USA, o una pelea del Canelo).

A los grandes problemas nacionales inseguridad, violencia, corrupción, impunidad, falta de estado de derecho, alza del costo de la vida, pero sobre todo injusticia y desigualdad social, los mira con indolencia, solo existen cuando es víctima por el uso y abuso del poder, grandes males que por increíble que sea dejan exclusivo beneficio para la clase dominante.

De los males nacionales no se ocupa ni se preocupa. Se da el caso de líderes de opinión egresados de prestigiosas universidades en el mundo, analistas en medios y políticos de altas esferas -de esos que saltan de partido en partido-, de acuerdo a sus intereses, que se declaran sorprendidos y desilusionados, por haber confiado en tal o cual dirigente político, que en el fondo lo más que siempre ofrecen es “pan con lo mismo”.

Se hace creer la existencia de dos países, uno próspero, moderno y elegante con la Sultana del Norte como su centro y origen, con un sur atrasado, inculto, sin progreso, desordenado, ni desarrollo. Jamás se concluye en ser esa visión un mito perverso, fabricado y perfeccionado sexenio tras sexenio por el viejo régimen político imperante.

Estrategia que forma parte de un discurso demagógico, qué diferencia puede existir entre el electorado en Nuevo León, que lleva al poder al Bronco, o a un sujeto que a través de las redes sociales manejadas ridículamente por su pareja sentimental se convirtió en senador, gobernador y ya invadido de ambición se postuló efímeramente candidato a la presidencia de la República.

En el otro extremo Chiapas, donde los votantes sin importar el color del partido optaron en años recientes por un dipsómano, y una punta de oportunistas y arribistas. El resultado en ambos casos, el saqueo de las finanzas públicas, de verdaderos bandidos que salen o abandonan el puesto, con las bolsas de los pantalones repletas de dinero público.

Toda la violencia, saqueo, explotación, humillación y agravios sociales de todo tipo, tal parecía que en Chiapas se habían empezado a superar, pese a que nunca fue aclarada la matanza de indígenas ocurrida hace 26 años en el municipio de Chenalho.

Para desventura de los chiapanecos llegó como gobernador un auténtico vival de la política, con el PRI también como otros más como su alma mater. Rutilio Escandón Cadenas, en los momentos que crecía el desprestigio del tricolor luego del levantamiento del malogrado EZLN, torció hacia el partido del sol azteca.

Como buen impostor buscó el acercamiento con la zacatecana Amalia García, en ese entonces dirigente nacional del PRD, que a cambio de algún favor, llegó al Senado de la República, ahí “nadó de a muertito” junto con los hermanos Morales unos coitecos, estructuró una estrategia para asaltar la gobernatura del estado.

Y así han quedado en el olvidó, grupos paramilitares financiados y adiestrados por el Ejército Mexicano, que sembraron miedo y promovieron el desplazamiento de habitantes de comunidades indígenas, tierras que con arreglos en el Registro Agrario Nacional fueron luego ocupadas por ganaderos regionales.

La demanda del cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés Larrainzar, se desgastaron con el paso del tiempo, táctica diseñada desde la presidencia por Ernesto Zedillo, que por cierto su padre y uno de sus hermanos, desfalcó con millones de pesos a la Secretaría de la Defensa Nacional con la construcción de la zona militar de Berriozábal.

En ese entonces se concluyó “moderno” puente con casi 10 años de construcción, como parte de la autopista San Cristóbal-Tuxtla Gutiérrez, que se vino abajo, el tramo jamás fue reparado y la obra literalmente abandonada. Algo similar ocurrió con el aeropuerto de Llano San Juan, construido en lugar inapropiado para las operaciones aéreas.

Grupos como los Chinchulines, Paz y Libertad, entregaron en distintos eventos públicos encabezados por el gobernador “croquetas” Roberto Armando Albores Guillén, armas de alto poder que les fueron proporcionadas por órdenes de altos mandos militares.

Un Chiapas, que por lo intrincado de su geografía es tierra propicia para la operación hoy en día ya no de grupos paramilitares, ni guerrillas, sino de grupos del crimen organizado como Los Motonetos y El Machete, bajo complacencia de Rutilio a final de cuentas cuñado de una de las corcholatas toda poderosa del sexenio el tabasqueño Adán Augusto López Hernández.

Así en la omisión plena, con la inseguridad y violencia desatada en cada rincón de la entidad, la población tendrá que elegir el venidero 2024 otro mandatario local. Sin intento alguno de profetizar todo apunta a que nuevas versiones de saqueo e impunidad se repetirán, entidad cuya milenaria naturaleza original, ha sido devastada en más del 50 por ciento, en menos de medio siglo, pero eso es otra historia.